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Las perspectivas electorales de Bush reciben una ayudita desde el exterior
1/11/2004
Ivan Eland

A pesar de que John Kerry lleva la delantera en las encuestas por todo el mundo con un 72 por ciento, las perspectivas de George W. Bush pueden haber sido mejoradas en la elección más importante aquí en el país, por un simple extranjero—Osama bin Laden.

Algunos esperaban que bin Laden fuese un factor en los comicios estadounidenses—ya sea mediante un ataque terrorista contra los EE.UU. o, para aquellos más inclinados a las teorías conspirativas, mediante su captura por parte de la administración Bush justo antes de las elecciones. No obstante, cuatro días antes de la elección, bin Laden confundió todas las expectativas al difundir un video que parecía estar apuntado a comunicar una presencia más de estadista. En el video, bin Laden no avaló a ninguno de los candidatos a la presidencia, y le dijo al público estadounidense: “Vuestra seguridad no está en la manos de Kerry o de Bush o de Al Qaeda; vuestra seguridad está en sus propias manos.” Pero bin Laden es astuto y sabe muy bien que difundiendo una cinta de video poco tiempo antes de los comicios ayudaría a Bush.

En su postura reeleccionista, Bush ha utilizado los ataques del 11/09 y a su resultante “guerra contra el terrorismo” para obtener un rédito político, y esa guerra es uno de los pocos temas en el cual el presidente tiene una ventaja sobre Kerry. Además, en la semana previa a la aparición del video, el presidente fue forzado a defender los explosivos desaparecidos en Irak y las perezosas estadísticas económicas.

Naturalmente, la maquinaria electoral republicana estaba emocionada de que bin Laden moviese a la política electoral nuevamente hacia el más favorable terreno de la seguridad nacional. Según el New York Times, Richard N. Bond, un ex director nacional republicano, señaló que el video era un “recordatorio para todos los estadounidenses de que los Estados Unidos están bajo ataque y que quién puede ser el mejor comandante en jefe en la guerra contra el terror es la cuestión central de esta campaña.

¿Pero por qué desearía bin Laden ayudar a que su ostensible oponente fuese reelegido? Tal vez porque la “guerra contra el terrorismo” de la administración Bush ha hecho más para ayudar a al Qaeda que cualquier otra cosa desde la invención de la pólvora. En vez de emplear a tropas estadounidenses de elite para capturar o matar a bin Laden durante la guerra en Afganistán, Bush le permitió escapar al depender de no confiables señores de la guerra afganos.

Si eso no fuese lo suficientemente malo, Bush cayó luego en la trampa de bin Laden. Los terroristas y los guerrilleros—los jugadores más débiles- emplean la táctica estándar de atacar a un bando más fuerte a efectos de conseguir una sobre reacción que les permita reclutar a más combatientes, simpatizantes y contribuidores financieros. El quijotesco azote de Bush tras el 11/09 respecto de enemigos no relacionados a fin de vencer en Irak, una nación que practica el Islam y que posee sitios sagrados musulmanes, fue una de tales exageraciones. Además de desviar valiosas capacidades de la inteligencia y de las Fuerzas Especiales de los EE.UU. de cazar a bin Laden para deponer a Saddam, la utilización de Bush del 11/09 como una excusa para embarcarse en la excursión iraquí en verdad incrementó la amenaza para los estadounidenses por parte del terrorismo.

Siguiendo los dogmas de la fe musulmana, los combatientes islamistas de todo el mundo han marchado hacia Irak para repeler a los invasores “infieles” de las tierras islámicas-en gran medida como lo hicieron para combatir a los rusos en Chechenia, a los soviéticos en Afganistán, y actualmente a los israelíes en Palestina. Aún más ominoso, los fundamentalistas islámicos que previamente tenían tan solo inquietudes locales-por ejemplo, el grupo al Zarqawi en Irak y la resistencia fundamentalista de Algeria—se han hoy día alistado con al Qaeda. El propio Departamento de Estado del presidente admitió que el terrorismo mundial se ha incrementado recientemente. Más importante, según un anónimo funcionario de inteligencia que fuera el autor del libro Imperial Hubris, el promedio y la capacidad destructiva de los ataques de al Qaeda se han incrementado desde 2001 a 2004 por sobre lo que fueron entre 1994 y 2001.

Además del esfuerzo aparente de bin Laden por ayudar a reelegir a una administración que le ha sido tan útil al motivar a su base, bin Laden deseaba reiterar porqué al Qaeda estaba atacando a los Estados Unidos e implícitamente ofrecer una forma de terminar con la violencia. En el video, Bin Laden destacó: “Cualquier estado que no se entrometa con nuestra seguridad, tiene naturalmente garantizada su propia seguridad.”

El condenar apropiadamente el empleo de bin Laden de un barbarismo aterrador contra inocentes no debería inhibirnos de analizar por qué bin Laden ataca a los Estados Unidos. En verdad, nuestra supervivencia puede depender de un honesto examen de sus motivos. A pesar de que el Presidente Bush, para exagerar su guerra contra el terrorismo, ha sostenido que los terroristas nos odian por nuestras libertades, bin Laden se hace el ofendido ante esta aseveración y reitera que ataca a los Estados Unidos debido a sus intervenciones militares en el mundo islámico. Pocos estadounidenses son concientes de la extensión de este entrometimiento.

Ciertamente, no podemos hacer depender nuestra seguridad de la propuesta implícita de bin Laden de terminar con sus ataques si los Estados Unidos concluyen sus aventuras militaristas en el mundo musulmán. Que él parezca favorecer, para la prolongada expansión de su organización al Qaeda, la reelección de un agresivo presidente de los EE.UU. debería volvernos suspicaces de sus ruegos de paz. Los líderes de Al Qaeda deben ser capturados o muertos. Pero en el largo plazo, debemos preguntarnos si terminar con el entremetimiento estadounidense en el mundo islámico podría reducir de manera significativa el riesgo de futuros “bin Ladens” surgiendo y lanzando ataques contra los Estados Unidos.

Traducido por Gabriel Gasave


Ivan Eland es Investigador Asociado Senior y Director, Centro Para la Paz y la Libertad en The Independent Institute en Oakland, California, y autor de los libros Recarving Rushmore: Ranking the Presidents on Peace, Prosperity, and Liberty, The Empire Has No Clothes, y Putting “Defense” Back into U.S. Defense Policy.




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