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Las Prisiones Privadas Tienen Beneficios Públicos
24/10/2004
Alexander T. Tabarrok

Será necesaria algo más que una gigantesca venta de enseres hogareños para equilibrar el presupuesto de California. Sin embargo, en cierto sentido, el Gobernador Arnold Schwarzenegger es afortunado al haber heredado un sistema con mucho espacio para implementar mejoras.

Al borde de ser puesto a cargo de un sindico federal, el costoso e ineficiente sistema carcelario de California es un ejemplo que viene al caso tratar. Texas alberga aproximadamente el mismo número de prisioneros que California, pero el contribuyente de California paga casi el doble por recluso: cerca de $30.000 por año, más que el costo de una decente educación universitaria.

Si las penitenciarías de California fuesen inusitadamente efectivas, el alto costo podría ser aceptable. Pero con 300.000 prisioneros hacinados en un sistema diseñado para tan sólo 170.000, es un desafío simplemente el alojar a los prisioneros, para no hablar de proveerlos con eficaces programas de rehabilitación. Schwarzenegger ha expresado que la reforma carcelaria es una prioridad. De serlo, debería privatizar las prisiones tanto para reducir los costos como para mejorar los esfuerzos de rehabilitación.

Más de dos décadas de experiencia con prisiones privadas en los Estados Unidos, Gran Bretaña, Australia y en otras partes atestiguan el hecho de que las cárceles privadas pueden ser construidas y operadas a un costo más bajo que las prisiones públicas.

Ahorros en los costos de entre el 15 y el 25 por ciento en la construcción y de entre el 10 y el 15 por ciento en la administración son algo frecuente. Estos ahorros en los costos son modestos pero significativos en un sistema estatal de $5,7 mil millones que continúa volviéndose más costoso cada año.

Las prisiones privadas no solamente tienen costos más bajos que las prisiones públicas: introducir la competencia también alienta a las prisiones públicas a innovar y a disminuir los costos.

Los estados con una mayor proporción de prisioneros en cárceles privadas tienen costos menores respecto del alojamiento de los prisioneros públicos. Para expresarlo de una manera más elocuente, desde 1999 a 2001, los estados desprovistos de prisiones privadas vieron incrementarse los costos por prisionero en un 18,9 por ciento, pero en los estados en los cuales las prisiones públicas competían con las prisiones privadas, los aumentos en los costos fueron mucho más bajos, solamente un 8,1 por ciento.

La “mala prensa” con respecto a las prisiones privadas ha sido siempre la de que los ahorros en los costos serían a expensas de la calidad. En California hoy día esto difícilmente supere la prueba de la risa en la medida que el juez federal Thelton Henderson considera colocar al sistema de California bajo una sindicatura debido a sus numerosos problemas, incluida la protección de funcionarios penitenciarios corruptos y la ausencia de una adecuada investigación del abuso a los prisioneros.

Concienzudos estudios del Instituto Nacional de la Justicia del Departamento de Justicia de los Estados Unidos y de otros, indican que de ser algo, las cárceles privadas son de una calidad más alta que las públicas.

De hecho, a pesar de que la privatización de las prisiones en los Estados Unidos ha estado motivada por los ahorros en los costos, en Gran Bretaña la motivación guía fue una calidad más alta y cárceles más humanas.

Después de analizar el tema, el director general de los Servicios Penitenciarios de Su Majestad concluyó que las cárceles privadas son las más progresistas del país en controlar el abuso, en el cuidado de la salud, y en la prevención de los suicidios.

Por cierto que ningún sistema está libre de defectos, pero los contratos con las prisiones privadas pueden ser cancelados. ¿Cuán a menudo son cerradas las prisiones gubernamentales por desbordes en los costos o por el abuso de los prisioneros? De manera similar, si la rehabilitación puede funcionar, es probable que funcione mejor en un sistema en el cual las prisiones pueden ser responsabilizadas por su desempeño.

Las burocracias públicas son típicamente menos eficientes que las firmas privadas, pero en California al problema de los pobres incentivos se le agrega el del poder político de la California Correctional Peace Officers Association (CCPOA son sus siglas en inglés). La CCPOA ha sido por mucho tiempo uno de los sindicatos más poderosos del estado y ha utilizado su poder para incrementar los salarios de los guardias penitenciarios. Con el ex Gobernador Gray Davis, por ejemplo, los salarios para los guardias de las prisiones se incrementaron dramáticamente y se encuentran en la actualidad entre los más elevados de la nación.

Los guardias han visto también elevarse sus salarios de maneras menos obvias. Una bonificación en concepto de aptitud física estaba inicialmente restringida a aquellos guardias que pudiesen pasar un examen de buena salud. Sin embargo, con el paso del tiempo, los requisitos para acceder a esa bonificación fueron morigerados hasta el punto que en la actualidad prácticamente todo guardia recibe el beneficio, que promedia los $1.550, por simplemente concurrir una vez al año al consultorio del médico.

Una agradecida CCPOA recicló millones de dólares de estos salarios más altos bajo la forma de fondos para la campaña de Davis y de otros simpatizantes.

Los guardias han ejercido también su poder de formas más mañosas. Apoyando fuertemente a los grupos por los derechos de las víctimas - los que hicieron campaña en favor de la ley que dispone la condena a cadena perpetua a quienes cometen tres delitos menores consecutivos, de sentencias más largas, y de menos oportunidades para la rehabilitación y la libertad condicional - el sindicato de los guardias ha astutamente incrementado la demanda por sus servicios. Uno a veces se pregunta si las prisiones no son más a menudo construidas para albergar a los guardias que a los prisioneros.

Schwarzenegger debería alentar la construcción de varias prisiones privadas así como también privatizar a algunas de las públicas. Las prisiones privadas reducirán costos, no solamente en sus propias instalaciones, sino también en las de las prisiones públicas: Presionadas por una genuina competencia, las prisiones públicas se verán obligadas a ser más eficientes o se arriesgarán a perder el apoyo estadual. Al mismo tiempo que los costos son reducidos, la privatización de las prisiones sentará las bases para un sistema político más abierto en el cual un simple grupo de intereses especiales no pueda dominar las que deberían ser cuestiones de políticas públicas.


Alexander Tabarrok es Senior Fellow en The Independent Institute, Profesor Asociado de Economía en la George Mason University, director de los libros del Instituto, Entrepreneurial Economics, The Voluntary City (con D. Beito y P. Gordon), y Changing the Guard: Private Prisons and the Control of Crime.




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