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El Consejo del Papa sobre el capitalismo debería estar dirigido a los gobiernos corruptos
15/2/2021
Lawrence J. McQuillan

El Papa Francisco ha lanzado una asociación entre el Vaticano y algunas de las mayores empresas, organizaciones sin fines de lucro y agencias gubernamentales del mundo para reformar el capitalismo.

El Consejo para un Capitalismo Inclusivo con el Vaticano está conducido por los Guardianes del Capitalismo Inclusivo un grupo de funcionarios que representan a entidades como el Bank of America, BP, Dupont, la Ford Foundation, Mastercard, Merck, la Rockefeller Foundation, Salesforce, Visa y el Estado de California.

Bajo la guía del Papa, estos "guardianes" pretenden "reformar el capitalismo para convertirlo en una fuerza poderosa para el bien de la humanidad" y crear una "forma de capitalismo más inclusiva, sostenible y fiable". Una pena que hayan pasado por alto la realidad de que el capitalismo no precisa ser reformado y que ya es el sistema económico más inclusivo del mundo.

En el capitalismo cualquiera puede iniciar un negocio y perseguir sus sueños, con sujeción a las leyes básicas que regulan el fraude, el robo y los contratos. La gente es libre de negociar los salarios y fijar los precios a fin de competir en el mercado. Los empresarios son libres de invertir capital, innovar con nuevas tecnologías, comerciar a nivel mundial y contratar a los mejores empleados. Si las escuelas están deterioradas o los bancos discriminan racialmente, los empresarios pueden lanzar operaciones competitivas.

Por desgracia, los gobiernos de todo el mundo no permiten que el capitalismo de libre mercado florezca. Imponen barreras a la competencia vigorosa a través del otorgamiento de licencias profesionales, salarios mínimos, estatutos bancarios, restricciones a la vivienda, protecciones a las escuelas públicas y a los proveedores de atención sanitaria ya establecidos, impuestos confiscatorios e incluso leyes que oprimen a específicos grupos étnicos y religiosos.

Es el capitalismo de amigos es el que excluye a los participantes, no el capitalismo de libre mercado, que es inclusivo y también el sistema económico más justo.

El principio "tú te quedas con lo que ganas y yo con lo que gano" es socialmente justo. Los problemas aparecen cuando los gobiernos toman la riqueza o los ingresos de un grupo y se los dan a otro grupo que no los ganó sólo porque los beneficiarios tienen votos, contribuciones de campaña o poder político suficientes. Esto no es justo, pero el Papa Francisco lo apoya, pidiendo más "redistribución de los beneficios económicos por parte del Estado", basándose en su falsa visión de suma cero de que los pobres son pobres porque los ricos son ricos. La redistribución gubernamental no promueve una sociedad solidaria ni personas compasivas. Por el contrario, enfrenta a un grupo contra otro, desgarrando el tejido social, creando desarmonía y una cultura de la dependencia, todo ello mientras se reduce el pastel económico. La verdadera compasión significa abnegación, "sufrir con", lo que equivale a la caridad privada, elegida libremente, para ayudar a los necesitados. No hay nada de compasión en utilizar al gobierno a fin de confiscar el dinero de una persona para dárselo a otra.

El capitalismo de libre mercado también se basa en los derechos de propiedad privada, que promueven la sostenibilidad. Cuando un activo es de propiedad privada -una casa, un automóvil, un negocio, un recurso natural, etc.- el propietario tiene en cuenta el efecto de las acciones actuales sobre el valor futuro del activo. Los derechos de propiedad privada alinean los incentivos con la administración de los recursos de cara al futuro.

Los problemas surgen -conocidos como la "tragedia de los comunes"- cuando los derechos de propiedad privada no se encuentran totalmente definidos o no se aplican. Entonces la degradación se produce en forma de contaminación atmosférica, contaminación del agua, sobrepesca, extinción de especies, incendios forestales fuera de control, mal uso del agua y deforestación desenfrenada. Esos problemas son el resultado de la propiedad socializada, no del capitalismo de libre mercado. Francisco y sus nuevos socios no reconocen esta importante distinción.

El capitalismo es el mayor creador de riqueza que ha visto el mundo, sacando a más de mil millones (billón en inglés) de personas de la pobreza abyecta sólo durante las últimas tres décadas. La riqueza debe ser primero creada antes de poder utilizarla para ayudar a los demás. Siempre es mejor tener más riqueza cuando se intenta resolver un problema, especialmente la pobreza, la contaminación, las escuelas deficientes y las enfermedades.

Arraigado en los derechos de propiedad privada y en los mercados competitivos no corrompidos, el capitalismo es inclusivo, justo, sostenible y la mejor esperanza para la prosperidad pacífica y la dignidad humana. El Papa Francisco y el Consejo deberían dar rienda suelta al capitalismo en todo el mundo y trabajar para reformar los gobiernos corruptos que privan a la gente de sus bendiciones.

Traducido por Gabriel Gasave




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