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No se alarme por el abuso infantil en las escuelas
21/7/2004
Wendy McElroy

Un informe que sostiene que cerca del 10 por ciento de los niños en las escuelas públicas—más de 4,5 millones—padecen de abuso o mala conducta sexual por parte de empleados escolares ha causado recientemente un pánico alimentado por los medios.

Sin embargo, el trabajo “Educator Sexual Misconduct,” de Carol Shakeshaft de la Hofstra University, es seriamente defectuoso, tanto en su metodología como en el modo en que los investigadores definieron al abuso y a la mala conducta sexual.

En vez de evaluar al informe de un modo crítico, los medios han estado en cambio anunciado con trompetas sus escalofriantes cifras de abusos. Los padres merecen los mejor; merecen los hechos.

En el informe, Shakeshaft define al “abuso sexual” de una forma extremadamente amplia para incluir al comportamiento “físico, verbal, o visual” por parte de un educador, el que abarca desde la relación sexual hasta decir chistes inapropiados. Un estudio mencionado en el informe incluía a los comentarios sexuales, gestos o miradas en su definición del abuso sexual y le preguntaba a los alumnos si otros estudiantes habían cometido tales actos hacia ellos o entre sí.

En el prólogo del informe, el Subsecretario de Educación Eugene Hickock observa que los términos “abuso sexual” y “mala conducta sexual” son empleados indistintamente, lo que él considera “potencialmente confuso.” Algunos analistas de información emplean definiciones laxas a efectos de incluir a diferentes aunque relevantes estudios dentro de su análisis. Esta no parece ser la intención de Shakeshaft.

Pese a que el subtítulo del informe de Shakeshaft es “una síntesis de la literatura existente,” el informe no es un meta-análisis. Un meta-análisis consiste en combinar la información suministrada por múltiples fuentes, todo eso mientras se es meticulosamente cuidadoso en reconocer y ajustar las diferencias en cómo esas fuentes han recolectado o definido la información.

Por ejemplo, pueden haber estudiado a poblaciones bastamente divergentes.

Shakeshaft sostiene que, debido a que existen muy pocos estudios empíricos en este área, el meta-análisis no es merecido. En cambio, ella ofrece una revisión de la “literatura existente”, la cual intencionadamente excluye a las “discusiones ... no basadas en información.” ¿Qué literatura examina?

La utilización de las fuentes en el informe no es menos confusa que sus definiciones. Existen casi 900 menciones de informes noticiosos de Australia, Gran Bretaña, Canadá y de todos los rincones de los EE.UU., que datan de 1989 a 2003. Algunas menciones poseen poca relación con el foco del informe, ej., declaraciones de abuso por parte de sacerdotes. Presumiblemente las citas están pensadas para indicar la frecuencia del pretendido abuso sexual. Si es así, el intento fracasa. Varios cientos de historias extendidas durante 15 años y tres continentes no apuntan a 4,5 millones de niños estadounidenses que son actualmente víctimas de abusos.

Sabiamente, Shakeshaft no basa sus conclusiones en la evidencia que se acerca mucho a las referencias anecdóticas. En cambio, Shakeshaft observa cinco estudios canadienses / británicos y 14 estadounidenses, incluyendo a dos tempranos trabajos de su autoría. Para los resultados cuantitativos, su atención se concentra en cinco estudios a los que ella sintetiza; un estudio aparece dos veces para atender dos de sus interrogantes.

Los estudios efectúan afirmaciones ampliamente disparatadas. Por ejemplo, los porcentajes estimados de niños estadounidenses que han experimentado alguna mala conducta sexual de parte de un educador varía entre el 3,7 y el 50,3 por ciento. (La cifra más alta deriva de un pequeño muestreo de 185 estudiantes voluntarios—es decir, de lo que se denomina una muestra auto-seleccionada—sobre la frecuencia del acoso sexual. Específicamente, de una pregunta que le pide a los alumnos que estimen el índice de acoso sexual padecido por otros estudiantes.) No existe una intento aparente de alcanzar estadísticas compuestas.

Una de las fuentes primarias en el informe es un estudio realizado por la Association of American University Women (Asociación de Mujeres Universitarias Estadounidenses). El estudio de la AAUW encontró que la frecuencia del abuso es del 9,6 por ciento—o, redondeando, del 10 por ciento. Así, la cifra del 10 por ciento citada en este informe más reciente pareciera estar basada exclusivamente en un estudio y no en “la literatura existente” como el título del informe lo sugiere.

El título exacto del estudio de la AAUW tal como es utilizado en el nuevo informe es el de “Información de la AAUW (2000) y análisis secundario de Shakeshaft (2003).” “Análisis Secundario” significa presumiblemente que Shakeshaft re-interpretó la información original de la AAUW—haciendo de esta manera derivar parcialmente la cifra del 10 por ciento de su trabajo previo. Resumiendo, se está citando a sí misma.

No obstante, Shakeshaft concluye que “debido a su muestreo cuidadosamente trazado y a la metodología de la encuesta,” el informe de la Association of American University Women es la “información más exacta disponible.”

Entre las preguntas formuladas a los estudiantes por él estudio de la AAUW se encontraba, “durante la totalidad de su vida escolar, ¿cuán a menudo, si sucedió, alguien (esto incluye a los estudiantes, maestros, otros empleados de la escuela, o cualquier persona) le ha hecho cuando usted no las deseaba las siguientes cosas? Comentarios, bromas, gestos o miradas sexuales.” Una lista de otros 13 comportamientos prosigue.

La pregunta parece ser el nexo en el cual es establecido el abuso sexual en la escuela. De esa forma, la cifra del 10 por ciento incluye adecuadamente al “abuso sexual” por parte de compañeros de estudios y a otros empleados no escolares. Esa sola circunstancia invalida al estudio de la AAUW para los propósitos de Shakeshaft. La misma invalida también sus conclusiones.

Como un mérito, algunas voces en los medios han destacado la circunstancia de que la información de la AAUW es la única fuente de las conclusiones de Shakeshaft. Pero pocos interrogantes han sido formulados acerca de la validez de la información en sí misma o de lo apropiado de la utilización de Shakeshaft.

La AAUW ha sido ampliamente acusada de utilizar estudios prejuiciosos para promover una causa feminista del género. La controversia ha girado específicamente alrededor del estudio de 1992 de la AAUW “How Schools Shortchange Girls,” el cual fue fundamental para la creación de políticas a nivel nacional que le otorgan preferencia a las niñas en las escuelas públicas. Este estudio fue eviscerado por el libro de 1992 de Christina Hoff Sommers; artículos académicos tales como “The Myth That Schools Shortchange Girls: Social Science in the Service of Deception” de Judith Kleinfeld han planteado cuestionamientos adicionales sobre la metodología, la honestidad y la intención de ese estudio.

En este punto, los estudios de la AAUW merecen un escrutinio crítico. Antes de tomar parte en lo que pudiese ser un pánico fabricado y motivado políticamente, los medios deberían en verdad leer el informe. Extrañamente, esta parece ser una práctica rara.

Traducido por Gabriel Gasave


Wendy McElroy es Investigadora Asociada en the Independent Institute y directora de los libros del Instituto, Freedom, Feminism and the State y Liberty for Women: Freedom and Feminism in the Twenty-first Century.




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