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El Comité de Inteligencia del Senado perdona la vida a la Administración Bush respecto de Irak
13/7/2004
Ivan Eland

La crítica contra las agencias de inteligencia estadounidenses por parte del Comité de Inteligencia del Senado ha perdonado la vida a la administración Bush por proporcionar conclusiones infundadas o exageradas sobre las “armas de destrucción masiva” de Irak (WMD sus siglas en inglés). La cuestión central, no tratada por el comité senatorial, es la de si la administración Bush ejerció presión para que las agencias de inteligencia arribaran a tal exagerada opinión de la amenaza iraquí.

Los demócratas en el comité desatinadamente arribaron a un acuerdo que probablemente pospondrá un informe del comité sobre la cuestión más importante hasta después de las elecciones. No obstante, los votantes se beneficiarían de la información acerca de si la administración Bush presionó a la comunidad de inteligencia o exageró, tergiversó la verdad o incluso mintió respecto de la amenaza iraquí en su apuro por justificar la guerra. La propia circunstancia de que los republicanos deseaban una demora en resolver dichas cuestiones importantes indicaría hacia dónde conduce la evidencia.

Sospechosa y sorpresivamente, hasta las declaraciones de alto perfil del Presidente Bush y del Vicepresidente Cheney en agosto de 2002, la CIA nunca había puntualizado categóricamente que Saddam Hussein tenía WMD. De acuerdo con Bob Woodward, en su libro Plan of Attack, el vicepresidente señaló el 26 de agosto de 2002 que “Planteado de manera simple, no hay ninguna duda de que Saddam Hussein posee actualmente armas de destrucción masiva.” De acuerdo con Woodward, un mes más tarde, el presidente afirmó: “El régimen iraquí posee armas biológicas y químicas.” Después de esos discursos, el director de la CIA George Tenet – un remanente de la administración Clinton y, de acuerdo con algunos funcionarios de inteligencia, ansioso por ganar un lugar en el circulo intimo conservador del presidente—se apresuró a comisionar una nueva Estimación de la Inteligencia Nacional sobre las WMD iraquíes. La anterior estimación de inteligencia sobre el tema fue realizada en 2000 y era debidamente cauta—como las estimaciones de inteligencia usualmente tienden a ser.

Sin embargo en la estela de los comentarios de alto perfil del presidente y del vicepresidente, la nueva estimación de octubre de 2002 señalaba audazmente y sin advertencias, en su síntesis de los “Juicios Fundamentales,” que “Bagdad posee armas químicas y biológicas.” No obstante la evidencia en el cuerpo del informe para respaldar a este juicio fundamental era escasa e incluso a veces contradictoria con esta conclusión. La vaguedad de la evidencia de la comunidad de inteligencia estuvo reflejada en el punzante hallazgo del comité senatorial de que las conclusiones de la comunidad sobre las WMD iraquíes en gran medida carecían de sustento o eran forzadas. Además, tales descomunales conclusiones por parte de una normalmente cautelosa comunidad de inteligencia, tras afirmaciones categóricas de sus amos y fundadores, parecerían indicar una respuesta a la presión. Después de todo, se supone que el proceso debe ser al revés. Las declaraciones por parte de quienes toman las decisiones importantes se supone que deben reflejar las mejores estimaciones que la comunidad de inteligencia tiene para ofrecer, no viceversa. En agosto y septiembre de 2002, las declaraciones del presidente y del vicepresidente claramente fueron más allá de lo que había concluido la comunidad de inteligencia por ese entonces.

Aún si alguien creyese ingenuamente que esta sospechosa cronología no indicaba una presión de la administración, la administración es aún responsable por el análisis que produce su comunidad de inteligencia y debería de haber activamente revisado, detectado y cuestionado a las conclusiones demasiado ambiciosas basadas en una estrecha evidencia.

En otro ejemplo de los principales funcionarios de la administración que van más allá de los descubrimientos de la comunidad de inteligencia, el Presidente Bush, en una reunión con 18 miembros del Congreso el 26 de septiembre de 2002, declaró que, “Saddam Hussein es un individuo terrible que se encuentra asociado con al Qaeda.” No obstante su dura critica a la comunidad de inteligencia, el comité del senado controlado por los republicanos alabó a la CIA por su hallazgo de que ninguna relación cercana existía entre Irak y al Qaeda. La Comisión del 11/09 arribó recientemente a la conclusión similar de que ninguna relación de colaboración existió entre el régimen de Saddam Hussein y el grupo terrorista. Sobré esta cuestión, los analistas de la CIA que declararon ante el comité informaron sentirse presionados por los funcionarios de la administración pero debería ser ensalzada por no marchitarse bajo el calor.

¿Existe otra evidencia de que la administración Bush presionó a la comunidad de inteligencia para que estuviese de acuerdo con su férrea aserción de la amenaza iraquí? Primero, en una movida altamente inusual, la administración estableció una oficina competidora en el más beligerante Pentágono para explorar los vínculos entre Irak y los grupos terroristas—que probablemente fortalecerá a la columna vertebral de la CIA sobre esta cuestión. Además, el Vicepresidente Cheney efectuó entre cinco y ocho visitas fuera de lo común a la CIA. Normalmente, los funcionarios de la CIA concurren a las oficinas de los funcionarios de alto nivel para brindar resúmenes de sus hallazgos. Además, el comité del senado informó que las repetitivas preguntas formuladas por los funcionarios de la administración eran vistas por algunos analistas de inteligencia como una táctica de presión.

Por lo tanto, pese a que el informe del Senado es útil, el mismo le permite a la administración Bush eludir tratar la cuestión más importante de cara a los votantes en noviembre: ¿Presionó la administración Bush a la comunidad de la inteligencia a fin de exagerar la amenaza iraquí para justificar el derramamiento de sangre estadounidense en una guerra innecesaria y mal aconsejada?

Traducido por Gabriel Gasave


Ivan Eland es Investigador Asociado Senior y Director, Centro Para la Paz y la Libertad en The Independent Institute en Oakland, California, y autor de los libros Recarving Rushmore: Ranking the Presidents on Peace, Prosperity, and Liberty, The Empire Has No Clothes, y Putting “Defense” Back into U.S. Defense Policy.




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