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Honremos la promesa de Reagan y deroguemos el Servicio Selectivo
15/6/2004
Anthony Gregory

En 1980 Ronald Reagan fue candidato a presidente contra el entonces Presidente Jimmy Carter, y prometió que de ser elegido terminaría con el empadronamiento del Servicio Selectivo. El Presidente Carter había reinstalado el empadronamiento del Servicio Selectivo en respuesta a la invasión soviética de Afganistán, varios años después de que el Presidente Richard Nixon había acabado con el servicio militar obligatorio.

Reagan condenó la conscripción, afirmando en 1979 que la misma “descansa sobre la asunción de que sus hijos le pertenecen al estado.... Esta asunción no es una nueva. Los nazis consideraban que la misma era una gran idea.”

Pero una vez electo, Reagan mantuvo intacto al Servicio Selectivo.

En septiembre de 2003, un sitio en el Internet del Departamento de Defensa convocaba a los interesados a integrar las juntas de la conscripción. Tras recibir una publicidad negativa, la página desapareció. El Servicio Selectivo actualmente afirma que, “no obstante las recientes historias en los medios noticiosos y en el Internet, el Servicio Selectivo no se está preparando para llevar a cabo una conscripción para las Fuerzas Armadas de los EE.UU..”

En verdad, el Servicio Selectivo siempre se está preparando para una conscripción. Su sitio en Internet alardea de que la agencia entrena a “más de 11.000 voluntarios... para el caso en que, de ser reinstalada la conscripción, los mismos sean capaces de cumplir sus obligaciones con justicia y equidad.” El Presidente Bush les aseguró a los estadounidenses tras el 11/09 que no existe “posibilidad alguna” de que retorne la conscripción. No obstante ello, han sido enviadas al Congreso dos leyes que reinstalarían el servicio militar obligatorio, tanto para las mujeres como para los hombres, no permitiéndoseles gestionar prórroga alguna a los estudiantes universitarios. Los legisladores Chuck Hagel (republicano por Nebraska), Hillary Clinton (demócrata por New York), y Charles Rangel (demócrata por New York) se han expresado de manera favorable respecto de la idea. El aspirante presidencial John Kerry ha convocado de forma vaga a un “servicio obligatorio” en su sitio en el Internet, pese a que el término “obligatorio” fue retirado del sitio después de que el mismo recibiera una atención no deseada.

Algunos afirman que la conscripción es innecesaria, pero las fuerzas armadas están desesperadas por gente. Con una “Guerra contra el Terror” en expansión y las tropas estadounidenses desplegadas en 140 países, el gobierno ya ha recurrido a “Ordenes para Frenar las Pérdidas”: por lo tanto muchos más de 40.000 efectivos del personal militar de los EE.UU. en Irak y Afganistán, a pesar de sus deseos, han visto extenderse sus contratos, en algunos casos más allá del año 2030 (es decir, de manera indefinida), como se informara en The Washington Post el pasado diciembre. El Ejército ha anunciado recientemente que los efectivos que se dirigen a Irak y a Afganistán permanecerán más tiempo del previamente anticipado. Si todo esto es visto como necesario, la conscripción total puede estar más cerca de lo que la gente pudiese pensar.

Incluso algunos individuos en contra de la guerra desean reinstalar la conscripción, ya sea para tornar al servicio militar más “equitativo” o para volver a los estadounidenses menos favorables hacia la guerra. Pero Vietnam estuvo lleno de desertores privilegiados de la conscripción, así como también de decenas de miles de víctimas estadounidenses, a pesar de la supuesta equidad y del disuasivo impacto de la conscripción. A diferencia de la era de Vietnam , el Canadá de hoy día no sería un asilo para los desertores de la conscripción. En diciembre de 2001, con poca atención por parte de parte de los medios, Bush firmó un acuerdo de “fronteras inteligentes” con Canadá a fin de permitirle al gobierno de los EE.UU. extraditar a los conscriptos estadounidenses en Canadá de regreso a los Estados Unidos. Si Bush afirma que no existe “posibilidad alguna” de que la conscripción se instale en los Estados Unidos, ¿por qué consideró que era necesario celebrar tal acuerdo sin precedentes con Canadá?

El servicio militar obligatorio posee una historia de brutal aplicación en los Estados Unidos.

Durante la Guerra Civil, el Presidente Abraham Lincoln incorporó por la fuerza a cientos de miles de hombres y despiadadamente suprimió una violenta manifestación en contra de la conscripción y una revuelta en la Ciudad de Nueva York, bombardeando a la ciudad, enviando a las tropas y matando a cientos de personas—un espectáculo salvaje gráficamente retratado en la película de 2002, Gangs of New York.

Durante la Primera Guerra Mundial, el Presidente Woodrow Wilson incorporó obligatoriamente a 2.800.000 jóvenes en las fuerzas armadas, encarcelando a quienes se oponían a la conscripción, y encerró a los objetores de conciencia en prisiones militares como Fort Leavenworth, donde muchos murieron de neumonía.

Durante la Segunda Guerra Mundial, el Presidente Franklin Roosevelt forzó a diez millones de conscriptos a la batalla y encarceló a 6.000 objetores de conciencia.

La conscripción permaneció con un alcance limitado tras la Segunda Guerra Mundial y vio su rejuvenecimiento a gran escala con las Guerras de Corea y de Vietnam. Los opositores al servicio militar obligatorio escaparon durante esos años, pero con el acuerdo de “fronteras inteligentes” de Bush con Canadá, escapar puede volverse más difícil esta vez.

El punto central es que el servicio obligatorio es una anatema para una sociedad libre. El mismo despoja de las libertades fundamentales—y en muchos casos de la vida—a los mismo estadounidenses a los que las guerras gubernamentales ostensiblemente defienden.

El Servicio Selectivo carece de propósito si la conscripción jamás ha de regresar, y la conscripción no tiene cabida en la tierra del libre. Para defender la libertad estadounidense, una de las primeras cosas que deberíamos hacer es honrar la noble promesa que Ronald Reagan fue incapaz de mantener, y abolir el Servicio Selectivo, destruir los registros de la agencia, y jamás permitirle a la conscripción levantar su bárbara cabeza de nuevo.

Traducido por Gabriel Gasave


Anthony Gregory es Investigador Editor en The Independent Institute. Obtuvo su título de bachiller en Historia Estadounidense de la University of California en Berkeley y brindó el discurso sobre historia como no graduado en la ceremonia de graduación de 2003. Además de su labor en el Independent Institute, escribe regularmente para numerosos websites de noticias y comentarios, incluidos LewRockwell.com, Future of Freedom Foundation y el Rational Review.




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