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Saddam Hussein no puede chantajearnos con una pelota fisionable
10/10/2002
Robert Higgs

En su discurso en Cincinnati el 7 de octubre, el Presidente George W. Bush, intentando reunir apoyo para su autorización al lanzamiento de una invasión militar contra Irak, retrató la amenaza planteada por el régimen iraquí en términos espeluznantes. Los iraquíes, afirmó, poseen terroríficas “armas de destrucción masiva” químicas y biológicas, e intentan desarrollar un arma nuclear. “Sí el régimen iraquí es capaz de producir, comprar, o robar una cantidad de uranio altamente enriquecido un poco más grande que una simple pelota de softball,” advirtió el Presidente, “podría tener un arma nuclear en menos de un año,” ¿Y entonces? “Saddam Hussein estaría en condiciones de chantajear a cualquiera que se oponga a su agresión. Se encontraría en una posición para dominar el Oriente Medio. Se encontraría en una posición para amenazar a los Estados Unidos.”

Bush argumentó que “no podemos esperar por la prueba final—el cuerpo del delito—que podría venir bajo la apariencia de una nube con forma de hongo.” Reiterando que Saddam puede “desarrollar un arma nuclear para chantajear al mundo,” el Presidente opinó que “la situación podría ponerse fuertemente peor” y que por lo tanto los Estados Unidos deben eliminar la grave amenaza iraquí antes de que ella se concrete.

Esta visión del mundo se encuentra tan grotescamente fuera de proporción, es tan absurdamente hiperbólica, que uno apenas sabe qué hacer con ella. El Presidente, junto con todos aquellos que encuentran a su presentación convincente, parece haber olvidado todo sobre la larga Guerra Fría, y luce ajeno respecto a casi todo lo que acontece actualmente en el mundo.

Durante unos cuarenta años, los Estados Unidos vivieron bajo la amenaza constante de un ataque nuclear por parte de la Unión Soviética. Para aquellos que se han olvidado, el régimen soviético no estaba compuesto por poetas y vendedores de flores. Sí Saddam Hussein es, como el Presidente insiste, “un dictador despiadado y agresivo,” ¿qué era Joseph Stalin? ¿Qué era Leonid Brezhnev?

Ni tampoco los gobernantes de la URSS jugaban softball respecto a las ojivas nucleares. Hacia mediados de los años ochenta, el arsenal soviético contenía más de 10.000 cabezas nucleares estratégicas y unas 30.000 cabezas nucleares no-estratégicas. A diferencia de Irak, que no tiene ninguna capacidad para lanzar un arma nuclear a largo alcance, la URSS tenía más de 6.000 cabezas nucleares montadas sobre más de mil mísiles balísticos intercontinentales, la mayoría de ellos programados para atacar blancos en los Estados Unidos dentro de la media hora desde su lanzamiento. Además, miles de armas nucleares para ser lanzadas desde submarinos y más de mil bombas nucleares transportadas por aeronaves jet de largo alcance aumentaban la amenaza Soviética.

A pesar de las decenas de miles de cabezas nucleares Soviéticas y de sus sofisticados vehículos de lanzamiento mantenidos en alerta constante, los Estados Unidos no fueron “chantajeados” por la URSS. Es extraño que ahora los Estados Unidos deban temblar en la perspectiva de una simple pelota de softball iraquí de material fisionable.

Los propios Estados Unidos, por supuesto, crearon un arsenal nuclear impresionante (para no hablar de sus vastas reservas de armas químicas y biológicas). Aún hoy, después de las substanciales reducciones post-Guerra Fría, el arsenal nuclear de EE.UU. contiene más de 3.000 cabezas nucleares estratégicas y miles de armas nucleares no-estratégicas. Dado que los Estados Unidos son el único país que ha usado alguna vez armas nucleares en una guerra, su buena voluntad de utilizar tales armas no puede ser puesta en duda.

Mientras que Saddam Hussein nunca ha amenazado con utilizar armas nucleares contra los Estados Unidos, los Estados Unidos han amenazado con utilizar tales armas contra Irak, especialmente cuando el Presidente George H. W. Bush envió una carta a Saddam Hussein en enero de 1991 advirtiéndole contra el uso de armas químicas o biológicas al luchar contra los EE.UU. y otras fuerzas listas para atacar Irak, y no muy sutilmente le sugirió que la venganza nuclear podría sobrevenir si lo hacía.

El dictador iraquí fue disuadido en 1991; puede ser disuadido de la misma manera en 2002 o en años futuros. Entiende plenamente que cualquier utilización de armas de destrucción masiva—maletín nuclear, gérmenes mortales, gas nervioso, o cualquier otra cosa—por él o cualquiera de sus agentes contra los Estados Unidos provocará su destrucción inmediata, muy probablemente por medio de la venganza nuclear de los EE.UU.. Nada en su historia sugiere que él sea un suicida; por el contrario, trabaja extraordinariamente duro en su supervivencia personal.

Si los iraquíes comprenden la amenaza nuclear que enfrentan por parte de los estadounidenses, otros regímenes ahora entienden que ellos podrían convertirse también en blancos. Según la Revisión de la Postura Nuclear de la administración Bush proporcionada al Congreso por el Secretario de Defensa Donald Rumsfeld en enero de 2002, una copia parcial de la cual fue obtenida por el periodico Los Ángeles Times, “La administración Bush ha ordenado a los militares preparar planes de contingencia para utilizar armas nucleares contra por lo menos siete países [China, Rusia, Irak, Corea del Norte, Irán, Libia, y Siria] y para construir armas nucleares más pequeñas para el uso en ciertas situaciones del campo de batalla.” Los líderes alrededor del mundo han tomado nota de la nueva postura nuclear de EE.UU.. Seguramente entienden que aunque los Estados Unidos no hablen suavemente, portan un garrote grande.

Claramente, entonces, dada la constelación de fuerzas y los entendimientos de todas las partes con respecto a la acción y a la reacción, Irak no plantea ninguna amenaza nuclear al pueblo estadounidense o a alguien más. La hiperventilación del Presidente Bush sobre “la nube con forma de hongo” no es nada más que aire caliente, prevista para inspirar temor allí donde el mismo no tiene ninguna base racional.

Desdichadamente, no podemos decir lo mismo respecto de las amenazas nucleares de otros cuarteles. La continua existencia de vastas reservas de armas nucleares y de sistemas de lanzamiento en Rusia constituye una enorme amenaza a la seguridad de la humanidad. Incluso si los rusos se oponen al empleo deliberado de esas armas, sigue existiendo la probabilidad de lanzamientos accidentales o de errores catastróficos de su sistema de comando-y-control lejos de lo trivial. Si el Presidente Bush realmente deseaba hacer algo para aliviar la amenaza nuclear al pueblo estadounidense, pondría el peso completo de su administración detrás de la más expeditiva desmantelacion de tantas armas rusas como fuese posible. Los $1 mil millones al año que los Estados Unidos están gastando actualmente para mejorar la seguridad de las instalaciones de almacenamiento nuclear Rusas es patéticamente insignificante en proporción con la seriedad de la amenaza que esas instalaciones deficientemente aseguradas presentan para el mundo.

También significativas, aunque raramente mencionadas por los medios del establishment, son las más de 100 cabezas nucleares que se cree se encuentran en el arsenal israelí. Poca imaginación se requiere para concebir los blancos que los israelíes tienen probablemente en mente para esas armas. Bush intenta inspirar temor de un ataque nuclear en los residentes de Nueva York, Chicago, y San Francisco, pero los residentes de Bagdad y de Damasco tienen por lejos más motivos para estar asustados de ser los destinatarios finales de tal ataque.

Ni debemos pasar por alto las cabezas nucleares y los misiles de largo alcance en las manos de los Pakistaníes. A diferencia de Irak, Pakistán ha engendrado, alimentado, y abrigado a incontables miles de guerreros santos musulmanes deseosos de dañar a los Estados Unidos. Evidentemente, la Administración Bush se siente cómoda con el dictador Paquistaní el General Pervez Musharraf debido a que él es “nuestro hijo de perra,” pero el hombre fuerte militar de hoy puede ser el depuesto dictador del mañana, y nadie sabe cuán amistoso hacia los Estados Unidos será el hijo de perra reemplazante. Un régimen islámico hostil, y con armas nucleares, en Pakistán podría hacer lucir al Talibán como bonitos niños de jardín de infantes.

En suma, existe una amenaza nuclear, de hecho, varias de ellas, pero la mítica pelota de softball en Bagdad no se encuentra entre las mismas. Que el Presidente Bush y sus belicosos consejeros se encuentran empecinados con invadir Irak está demasiado claro. Que el programa nuclear de Irak justifique tal invasión es el absurdo más escabroso.

Traducido por Gabriel Gasave


Robert Higgs es Investigador Asociado Senior en Política Económica y Editor General, The Independent Review, autor de Against Leviathan y Crisis and Leviathan, y director del journal académico trimestral, The Independent Review.




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