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Descuido ante un peligro mortal
13/4/2004
Ivan Eland

La revelación de un informe de inteligencia clasificado dirigido al Presidente Bush intitulado, “Bin Laden Decidido a Atacar en los EE.UU.,” el cual le fuera proporcionado al presidente con más de un mes de antelación al 11 de septiembre, ilustra la falla del gobierno estadounidense en lo que debería ser su propósito primario: garantizar la seguridad de sus ciudadanos.

El surgimiento del estado-nación—y su predominio en el sistema internacional desde el Tratado de Westfalia de 1648- se debió al incremento de los costos de la seguridad y de los ejércitos y armamentos empleados en su prosecución. Al menos en teoría, históricamente la principal función del estado- hasta el apogeo de los masivos estados benefactores del siglo 20—se suponía que era la de proteger a sus ciudadanos. A través de los siglos en realidad, el estado—a expensas de su ciudadanía—a menudo se ha preocupado en el fondo de sus propios intereses políticos y burocráticos o de los pertenecientes a los poderosos grupos de interés que lo apoyaban. A los estadounidenses les gusta creer que su gobierno funciona de manera diferente y suelen citar la visión de Abraham Lincoln de un “gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo.” Desafortunadamente, muchos politólogos y economistas de la escuela de la “elección-pública” que han estudiado la cuestión, confirmarán que el gobierno de los EE.UU. no se comporta de manera diferente a la de los demás gobiernos.

Así, la Administración Bush no difiere de sus antecesores históricos. Repetidas alertas de un posible ataque de al Qaeda se canalizaron hacia la Casa Blanca durante el verano de 2001. Esas alertas culminaron en el ahora famoso informe de inteligencia al presidente del 6 de agosto de 2001, el cual advertía de “actividad sospechosa en este país consistente en preparativos para secuestros de aeronaves u otros tipos de ataques, incluyendo la reciente vigilancia de edificios federales en Nueva York.” También, el informe indicaba que la “CIA y el FBI se encontraban investigando un llamado a nuestra embajada en los Emiratos Árabes Unidos en mayo [2001] expresando que un grupo de simpatizantes de bin Laden se encontraba en los EE.UU. planeando ataques con explosivos.” La Casa Blanca ha tratado de “distorsionar” al informe como si se tratase de un sumario histórico acerca de la amenaza de al Qaeda, pero las palabras “reciente” y “mayo” [2001] indican que las agencias de inteligencia estaban alertando de posibles ataques futuros. En síntesis, el informe indica que al Qaeda tenía en la mira a objetivos dentro de las fronteras de los EE.UU. y que ya se encontraba operando dentro del territorio estadounidense.

No obstante ello Condoleeza Rice, la Consejera de Seguridad Nacional del presidente, en su testimonio ante la Comisión del 11 de septiembre, refiriéndose a los potenciales ataques de al Qaeda en los Estados Unidos, admitió, “Recuerdo muy bien que el presidente era consciente de que existían problemas dentro de los Estados Unidos.” Sin embargo increíblemente, ella implícitamente admitió la indiferencia de la administración ante una importante amenaza evidente en sí misma para el territorio de los EE.UU., al añadir que “No recuerdo que las células de al Qaeda fuesen algo respecto de lo que se hablara que precisábamos hacer algo.” Además de todas las alertas durante aquel verano y del informe de inteligencia provocativamente intitulado de comienzos de agosto, el presidente ni siquiera convocó a una reunión de gabinete para tratar sobre el terrorismo hasta poco antes de los ataques del 11 de septiembre.

Eso se debe a que la administración Bush tenía, en palabras del testimonio de Rice, “otras prioridades” tras asumir el gobierno. Mencionó a Corea del Norte, al Medio Oriente, y a los Balcanes. Otros han mencionado a la defensa misilística y a China. Concluyó, “Uno no puede darse el lujo de atender solamente una cuestión si usted es los Estados Unidos de América ...” No cuando todos los vastos grupos de interés están bramando para que el gobierno estadounidense atienda sus inquietudes favoritas. Por ejemplo, los contratistas de la defensa misilística reciben miles de millones de dólares (billones en inglés) para lo que promete ser un elefante blanco—un sistema que, aún si el mismo derribase a verdaderos misiles (lo cual se cuestiona), será en última instancia derrotado debido a que construir más misiles ofensivos resulta más barato que incrementar el costoso sistema defensivo. De manera similar, el Medio Oriente es siempre una preocupación porque las compañías petroleras desean asegurarse que el gobierno de los EE.UU. está defendiendo sus intereses en la región, pese al escepticismo de los economistas—tanto de izquierda como de derecha—sobre la necesidad de defender el suministro de petróleo. Y China está siempre al tope de la lista presidencial debido a todos los intereses económicos allí involucrados. Usted tiene así un cuadro de situación.

El descuido con el cual la administración ha atendido a una amenaza potencialmente enorme para los ciudadanos de los Estados Unidos y su suelo ocurrió fundamentalmente debido a que no había intereses creados presionando para la acción. En cambio, los grupos de interés se encontraban presionando por intervenciones estadounidenses en remotos lugares en el exterior. Dicho descuido previo al 11 de septiembre fue tan vergonzoso que por dos años, tras tomar conocimiento de la existencia del informe de inteligencia del 6 de agosto, la Casa Blanca ha obstruido su publicación. Ahora que el informe finalmente ha sido difundido, tal desilusión estaba bien fundada.

Traducido por Gabriel Gasave


Ivan Eland es Investigador Asociado Senior y Director, Centro Para la Paz y la Libertad en The Independent Institute en Oakland, California, y autor de los libros Recarving Rushmore: Ranking the Presidents on Peace, Prosperity, and Liberty, The Empire Has No Clothes, y Putting “Defense” Back into U.S. Defense Policy.




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