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En la cima, uno está solo (y, potencialmente, en peligro)
23/3/2004
Ivan Eland

No todo está bien en el imperio. Desde la erupción de violencia de la semana pasada en los Balcanes hasta zonas calientes en Afganistán, Haití, e Irak, la administración Bush se está apresurando a sofocar los conflictos ardientes que amenazaban con convertirse en guerras civiles a gran escala. Incluso con su presupuesto masivo de más de $400 mil millones para la “defensa nacional” (más o menos equivalente a los gastos de defensa combinados de las 13 siguientes naciones que más gastan en ese rubro), los Estados Unidos poseen muchos más compromisos en el exterior que dólares de la seguridad para cumplirlos y muchos más conflictos por mantener cubiertos que fuerzas para hacerlo.

Durante sus campaña presidencial, el Presidente Bush prometió retirar a las tropas estadounidenses de los largamente olvidados Balcanes (5.000 en Kosovo y 3.000 en Bosnia) pero cambió de idea tras llegar al poder. Puede arrepentirse de renegar de la promesa. Durante la reciente irrupción de enfrentamientos entre serbios y albanos en Kosovo, la administración apresuró el envío de fuerzas adicionales para el mantenimiento de la paz a la provincia. De hecho, los Estados Unidos permanecen como el último garante de la paz en Kosovo, un lugar dejado en el limbo desde 1999, cuando los militares estadounidenses separaron a la mayor parte de la provincia de Albania de Serbia. Lo mismo es cierto en Bosnia, donde las fuerzas de mantenimiento de la paz continúan a fin de mantener acorraladas a las facciones no amistosas de serbios, croatas y musulmanes, nueve años después de una ocupación extranjera que se suponía que se iría de una vez.

Otro sitio caliente que “no termina, hasta que haya terminado” (y pareciera no terminar nunca) es Haití. Los Estados Unidos reinstalaron al líder democráticamente elegido Jean-Bertrand Aristide a mediados de los 90, luego decidieron que otros abusadores de los derechos humanos eran más cumplidores de las políticas estadounidenses y presionaron a Aristide para que se fuera. Actualmente, una magra fuerza de 1.600 Infantes de Marina está presidiendo una volátil nación en la cual tanto los simpatizantes de Aristide como los elementos de las ex fuerzas de seguridad permanecen armados. Usando a Irak como inspiración, cualquier grupo puede envalentonarse para desafiar a la autoridad militar si las cosas fracasan en funcionar. La afirmación de Aristide de que fue obligado a punta de pistola por los militares de los EE.UU., ya sea cierta o no, alimenta los sentimientos anti estadounidenses, mientras su regreso al Caribe, podría incrementar la convulsión haitiana y llevar a una guerra civil.

Y las noticias se tornan peores. ¿Se acuerda de Afganistán, donde los Estados Unidos aún tienen 11.000 efectivos? El taliban está resurgiendo y la violencia está en aumento entre los líderes militares. Hamid Karzai, el presidente instalado por los EE.UU. es apenas el alcalde de Kabul. Este país inmanejable es otro buen candidato para un conflicto fraticida.

La guerra civil más probable, de acuerdo con muchos observadores, podría ocurrir en Irak, hogar de los furibundos kurdos, sunnitas y chiítas. Los Estados Unidos tienen actualmente 153.000 efectivos atascados en lo que parece ser un pantano interminable y mortal con un enemigo desconocido. Si alguna de las tres facciones étnico / religiosas comienza a combatir contra las otras, la situación podría explotar. Este es un momento en el que el terrorismo resultante de la Guerra en Irak ha provocado que varios países con fuerzas en Irak prometen retirar sus tropas (España) o murmuran que han sido deliberadamente engañados respecto de la amenaza iraquí (Polonia). Pero cualquier reducción de las fuerzas de mantenimiento de la paz en el volátil Irak es un importante revés para la ocupación conducida por los EE.UU. la que ya se encuentra pendiendo de un hilo. El tratamiento arrogante de los EE.UU. para con sus aliados en Irak puede volver a los amigos de los estadounidenses poco dispuestos a cooperar en misiones de mantenimiento de la paz presentes o futuras. Cuando los españoles decidieron que el costo de apoyar a la desventura estadounidense en Irak se había vuelto demasiado alto, en vez de agradecerle a España por inicialmente concurrir a un limbo y convertirse en uno de los pocos aliados de los EE.UU. que proporcionó tropas, la administración Bush acusó a España de apaciguar a los terroristas.

Si alguno de estos conflictos estallan en una guerra total, las fuerzas estadounidenses podrían ser estiradas hasta romperse. Si eso no fuese suficiente, la administración Bush ha continuado sacando provecho de los ataques del 11 de septiembre para extender sus alas imperiales aún más lejos. Los Estados Unidos han construido nuevas bases militares en Uzbekistán y en Kirgizstán para contener a China desde el occidente y proteger el petróleo del Asia Central. Para custodiar el petróleo del Golfo Pérsico, nuevas bases han sido también construidas en Qatar, Irak y Djibouti. Además de estar siendo utilizadas para proyectar la fuerza de los EE.UU. hacia otras sitios en esas regiones, las bases implican un compromiso de acudir en ayuda de los específicos países. El número de nuevos países a los que los Estados Unidos han prometido defender se incrementara dramáticamente con la próxima ampliación de la alianza de la OTAN. Agréguese a ello las nuevas obligaciones de los compromisos en curso para defender a los ricos aliados en el Este de Asia y en Europa, cada uno de los cuales exigen 100.000 efectivos. Alianzas militares más informales existen con Israel, Taiwán y con los muchos países que poseen Infantes de Marina o Fuerzas Especiales de los EE.UU. para ayudarlos a combatir a las guerrillas—por ejemplo, Georgia, Yemen, Colombia, y las Filipinas.

¿Y qué obtienen los Estados Unidos a cambio de proveer 350.000 efectivos en el exterior para defender al mundo? No mucho. Además de la protección estadounidense, los aliados de los EE.UU. declinan abrir completamente sus mercados a los bienes y servicios estadounidenses. De hecho, ¡los Estados Unidos son renuentes a presionar a sus aliados a que lo hagan porque temen perder las bases militares locales necesarias para que las fuerzas de los EE.UU. defiendan a esos países! De esta manera, uno puede tan sólo concluir que perversamente el gobierno estadounidense se preocupa más de retener a un peligrosamente sobre extendido imperio global que de la prosperidad económica de su pueblo.

Traducido por Gabriel Gasave


Ivan Eland es Investigador Asociado Senior y Director, Centro Para la Paz y la Libertad en The Independent Institute en Oakland, California, y autor de los libros Recarving Rushmore: Ranking the Presidents on Peace, Prosperity, and Liberty, The Empire Has No Clothes, y Putting “Defense” Back into U.S. Defense Policy.




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