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El arma en la casa del trabajador
31/12/2002
Pierre Lemieux

Como razón fundamental de nuestras aparentemente pacíficas democracias se encuentra la idea de que el último bastión contra la tiranía yace en la resistencia del pueblo. Esta no es solamente una idea estadounidense o francesa, sino también muy inglesa.

En su obra clásica Commentaries on the Laws of England, Sir William Blackstone, el famoso jurista inglés del siglo 18, enfatizó el peligro del poder para las “libertades inglesas.” La constitución (pues así es como Blackstone etiquetó a las tradiciones legales de Inglaterra) proveía salvaguardias bajo la forma de “ciertos derechos auxiliares subordinados del sujeto, los cuales sirven principalmente como barreras para proteger y mantener inviolable a los tres magnos y primarios derechos, de la seguridad personal, de la libertad personal, y de la propiedad privada.” Los derechos auxiliares “de cada inglés” incluían el derecho “de tener armas para su defensa... [la cual] es una facultad pública, bajo las debidas restricciones, del derecho natural de resistencia y de auto-preservación, cuando las sanciones de la sociedad y las leyes son halladas insuficientes para contener a la violencia de la opresión.”

A mucha gente le gusta pensar que comenzarán a resistirse antes de que la tiranía se encuentre bien atrincherada, pero pocos realmente lo harán. Es riesgoso desobedecer las leyes: el estado tiene el poder para poner a los resistidores en la cárcel, o de procurarles antecedentes criminales. La propaganda estatal trata de aislar y de desacreditar a los resistidores, especialmente cuando son parte de una minoría y (“una minoría en descenso,” vilipindea el Canadian Firearms Centre). Los resistidores de sofá que se imaginan a sí mismos como héroes adulados por el populacho están usualmente equivocados: serán tratados como marginales, chiflados, desterrados, criminales. Solamente más adelante los primeros resistidores serán vistos como héroes.

A partir de mañana, tendremos una oportunidad para conocer a tales héroes de la resistencia temprana. Del 1 al 3 de enero, en Ottawa, unos pocos miembros y partidarios de la Canadian Unregistered Firearm Owners Association (CUFOA) enviarán su “Declaración de No-cumplimiento,” y marcharán hasta el 24 de Sussex Drive para presentarle al Primer Ministro las cenizas de sus licencias de armas de fuego y de los certificados de registro de armas. Si no han sido aún arrestados, visitarán las oficinas del Ministro de Justicia y del Fiscal-General. Están planeando también intercambiar partes de armas de fuego lo cual, desde 1998, es un crimen si la autorización previa del estado. Están considerando un viaje adicional a Montreal.

Los federales han intentado tácticas de distracción. Primero, el Departamento de Justicia anunció que los procesamientos no comenzarán hasta seis meses después del vencimiento del registro del arma el día de hoy, 31 de diciembre, de modo tal de darles tiempo a los burócratas para emitir los certificados solicitados. Segundo, el 27 de diciembre, el departamento anunció que los propietarios de armas imposibilitados de utilizar el sobrecargado sistema de registro pueden, antes del 1 de enero, escribir, enviar por fax, o vía e-mail su intención de registrarse cuando los burócratas hayan reparado el sistema de mil millones de dólares. Los héroes de Ottawa no están aún cumpliendo con este pre-registro, y se encuentran también en violación de la obligación de la licencia personal la cual entró en vigencia un año atrás.

En la medida que la infame “ley” C-68 (la tercera mayor pieza de legislación sobre el control de las armas de fuego en 25 años) entre en plena vigencia, el poseer armas de fuego sin una licencia personal y un certificado de registro por cada arma son crímenes que acarrean penas de hasta 10 años de cárcel. Los resistidores de la CUFOA citan a Henry David Thoreau: “Cuando la conciencia de un hombre y las leyes chocan, es a su conciencia a la que él debe seguir.” Podrían citar también al escritor inglés del siglo 18 Junius: “El sujeto que es totalmente leal al Gran Magistrado no aconsejará ni se someterá a medidas arbitrarias.”

Hay muchos motivos por los cuales oponerse a la C-68. La misma obliga a cualquier individuo que tan sólo desea conservar su arma de caza en su hogar a solicitar una licencia personal cada cinco años, y a reseñarle a la policía acerca de sus depresiones y de su vida amorosa. La misma obliga al 10% de la población canadiense adulta a notificar a la policía cuando cambian de domicilio. La misma le concede a la policía facultades arbitrarias para confiscar armas y para revocar las licencias. En ciertas circunstancias, permite allanamientos (rebautizados “inspecciones”) sin la debida autorización. La C-68 también obliga al registro de todas las armas individuales, y prepara la clase de confiscación que los británicos y los australianos han padecido recientemente (como, antes que ellos, los sujetos de todos los países totalitarios). La misma es uno de los últimos clavos en el ataúd de los derechos individuales para defender sus vidas si la policía no puede intervenir (o no lo hará).

La C-68 habrá también creado, de unos pocos cientos de miles (de acuerdo con estimaciones gubernamentales) a unos pocos millones de papeles criminales instantáneos y pacíficos.

El autor de 1984, George Orwell, escribió: “Ese rifle que cuelga en la pared del apartamento de la clase obrera o de la caseta del trabajador es el símbolo de la democracia. Es nuestra tarea prevenir que permanezca allí.”

A gran riesgo personal, unos pocos héroes canadienses han hecho de su tarea el velar que el arma permanezca en la casa del trabajador. Además de la CUFOA, otros grupos como la Law-abiding Unregistered Firearms Association (LUFA) se encuentran involucrados en la desobediencia civil. Resistidores individuales como Allister Muir, un empresario de Nova Scotia, han admitido públicamente poseer armas sin los permisos requeridos, y desafiaron al estado a que los procese.

La estrategia de la CUFOA de la desobediencia civil es especialmente arriesgada. Los manifestantes de Ottawa serán o bien arrestados, evidenciando la verdadera naturaleza de la ley, o probarán que el estado no se atreve a hacer cumplir su supuesta “ley” contra los ciudadanos pacíficos. Este pequeño grupo de manifestantes incluye a ciudadanos respetables tales como el presidente de la CUFOA Jim Turnbull, al Dr. Edward Hudson, un veterinario, al Dr. Joe Gingrich, un dentista, a Claire Joly, una escritora de Montreal, y a Yvon Dionne, una servidora pública jubilada y vocera de Quebec para la demostración.

De parte de aquellos de nosotros que somos menos valerosos, de parte de aquellos de nosotros que creemos en la libertad individual, de parte de nuestros futuros descendientes, estos héroes merecen gratitud y alabanza.

Traducido por Gabriel Gasave


Pierre Lemieux es co-director del Economics and Liberty Research Group en la University of Quebec en Outaouais y un Investigador Asociado en The Independent Institute en Oakland, California.




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