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Se necesita una definición más amplia del clientelismo en los gastos de defensa
3/11/1997
Ivan Eland

Por primera vez, el Presidente Clinton ha utilizado el veto parcial para rechazar partidas específicas de una ley de asignaciones. Su veto de 38 proyectos de gastos que totalizan unos $287 millones en la asignación para la construcción militar debería ser elogiado por reducir el clientelismo innecesario en el presupuesto de defensa. Sin embargo, dicha poda tan solo araña la superficie de lo que precisa ser recortado de ese presupuesto.

Ante todo, cortar los 38 proyectos representa solamente el 26 por ciento de los 145 proyectos agregados por el Congreso, pero nunca solicitados por el presidente. Incluso, si esa definición limitada de clientelismo es utilizada, el Presidente debería vetar también los casi $4 mil millones agregados a la petición de Clinton por el Congreso en la ley de asignaciones de la defensa de $248 mil millones. Ahora estamos comenzando a hablar de verdadero dinero.

Los $4 mil millones incluían compras de tres aviones de combate F-16 adicionales, ocho aviones de transporte militar C-130J adicionales, un destructor DDG-51 adicional, y dos aeronaves de transporte V-22 Osprey. Los F-16 son producidos en Tejas, hogar del Líder de la Mayoría de la Cámara de Diputados, Dick Armey, y del líder de la mayoría en la Cámara de Representantes, Tom Delay. Los C-130J son producidos en Georgia, hogar del Vocero de la Cámara, Newt Gingrich. El DDG-51 adicional es fabricado en Mississippi, hogar del Líder de la Mayoría en el Senado, Trent Lott.

Pero la definición limitada de clientelismo no lo hará. ¿Qué ocurre con el clientelismo en la petición del presupuesto de defensa del presidente que fue insertada por la rama ejecutiva antes de que llegara al Congreso? Ahora estamos hablando de dinero grande.

Algunos parecieran creer que, si una partida se encuentra en la petición anual presupuestaria del Presidente, eso no es clientelismo, pero muchas armas innecesarias suelen encontrarse por lo general allí. El contribuyente no debería preocuparse por comprar un DDG-51 o un V-22 adicionales este año, sino por el contrario, debería preocuparse acerca de por qué los mismos están siendo producidos. El DDG-51 fue originalmente diseñado para proporcionar defensa aérea a los grupos de batalla de los portaaviones durante la Guerra Fría contra la severa amenaza de los aviones soviéticos. Esas costosas naves son impropias para las misiones de la post - Guerra Fría, pero aún se encuentran siendo producidas, incluso cuando un exceso de navíos está forzando a la Marina a retirar otras embarcaciones perfectamente buenas antes de que finalice su vida útil. El V-22 es un avión costoso, diseñado para despachar a infantes de marina desde sus naves a la costa durante un asalto anfibio. La administración Bush procuró cancelar el avión, pero la administración Clinton y el Congreso lo han incluido. Su misión podría ser realizada por un helicóptero que es la mitad de costoso. Cancelar la producción de los restantes DDG-51 y V-22 ahorraría cerca de $60 mil millones y $80 mil millones, respectivamente, en el desarrollo, la consecución, y los gastos operativos futuros.

Algunas armas que continúan siendo desarrolladas son igual de innecesarias. A pesar del ambiente amenazante mucho menos severo en el mundo post-Guerra Fía, las fuerzas armadas están planeando tres nuevos programas de aviones tácticos, dos de los cuales se encuentran en desarrollo. El F-22, un avión de alto rendimiento diseñado durante la Guerra fría para combatir a los cazas de la Unión Soviética, ya no posee una sofisticada amenaza aérea a la cual contrarrestar. Incluso si el programa de desarrollo del F-22 es cancelado, la Fuerza Aérea de los EE.UU. seguirá dominando el futuro combate aire-aire.

La segunda aeronave táctica en desarrollo es la Joint Strike Fighter (JSF), un futuro reemplazo para el menos sofisticado avión de la Fuerza Aérea, la Marina, y los Infantes de Marina. Para evitar la necesidad de otro costoso programa de desarrollo de aeronaves, el F-18E/F, el tercer nuevo avión táctico (el que se encuentra actualmente en producción), podría en cambio sustituir eventualmente al avión de la Fuerza Aérea y de la Marina. En un mundo post-Guerra Fría, la Marina puede proporcionar el apoyo aéreo a las fuerzas de tierra de los Infantes de Marina, eliminando la necesidad de los mismos de comprar un nuevo avión. Cancelar los programas del F-22 y del JSF ahorraría cerca de $70 mil millones y $200 mil millones, respectivamente, en el desarrollo, la consecución, y los gastos operativos futuros.

¿No es tiempo de que recortemos estas partidas innecesarias del presupuesto fundamental de defensa? Los halcones de la defensa critican que el gasto para la defensa ha caído a un poco más del tres por ciento del producto bruto interno de los EE.UU.. Pero esta cifra representa solamente cuánto de la capacidad productiva de la economía es utilizada por los gastos para la defensa. Para una mejor medición de la magnitud de los mismos, el nivel absoluto del presupuesto de defensa debería ser comparado con la amenaza del ambiente. La cantidad que ahora está siendo gastada en defensa es aproximadamente la que era gastada a fines de los 70 durante la Guerra Fría. Este gasto promedia cerca de los $1.000 por año y por cada estadounidense.

Sin embargo, en el mundo de la post-Guerra Fría, el medio ambiente amenazador es dramáticamente menos severo. Los halcones dirán que el mundo continúa siendo un sitio peligroso. Pero siempre ha existido cierto peligro en el mundo y el eclipse de la Unión Soviética removió la única amenaza creíble a los intereses vitales de los Estados Unidos. Además, ninguna otra nación gasta en defensa ni aún cercanamente a lo que gastan los Estados Unidos. Los Estados Unidos gastan más que todos sus aliados—algunos de los cuales son las siguientes potencias militares más poderosas del mundo—combinados. En el mejor de los casos, los rusos y los chinos gastan cada uno entre $70 mil millones y $80 mil millones por año, pero el total podría ser mucho menos. La mayoría de ese dinero va a mantener juntas a las orgullosas fuerzas armadas antes que al desarrollo y a la producción de nuevas armas. Por otra parte, combinadas, las naciones menos amistosas—Irán, Irak, Siria, Libia, Cuba, y Corea del Norte—gastan solamente unos ínfimos $15 mil millones por año. Tal superioridad arrasadora debería permitirle a los Estados Unidos recortar algo del “exceso” de su presupuesto de defensa.

Traducido por Gabriel Gasave


Ivan Eland es Investigador Asociado Senior y Director, Centro Para la Paz y la Libertad en The Independent Institute en Oakland, California, y autor de los libros Recarving Rushmore: Ranking the Presidents on Peace, Prosperity, and Liberty, The Empire Has No Clothes, y Putting “Defense” Back into U.S. Defense Policy.




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