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Un mayor gasto en materia de defensa sería un enorme desperdicio de dinero
23/11/1997
Ivan Eland

El Vocero de la Cámara de Diputados Newt Gingrich, solicitó recientemente que los crecientes gastos de la defensa absorbieran parte de los superávits del presupuesto federal que los optimistas se encuentran en la actualidad prediciendo. Lamentablemente, como la mayoría de los políticos, el Vocero está ya pergeñando formas de gastar el dinero que aún debe ingresar. Pese a que Gingrich y sus camaradas republicanos afirman que ellos están a favor de reducir el tamaño del gobierno y de concederles un respiro a los contribuyentes, pareciese que nunca ven a los gastos de defensa como gastos gubernamentales. Para justificar su propuestos aumentos de fondos, Gingrich enfatizó, "Yo no quiero que seamos lo suficientemente fuertes como para ganar estrechamente. Quiero que seamos tan fuertes como para que nadie pueda competir con nosotros."

No obstante, en el mundo post-Guerra Fría, los Estados Unidos poseen ya una supremacía militar demoledora por sobre cualquier otra nación. De hecho, los Estados Unidos se encuentran actualmente gastando tanto en defensa, con relación a otras naciones, que las fuerzas armadas estadounidenses continuarían siendo las más poderosas sobre la tierra aún si los gastos de defensa fuesen reducidos significativamente.

Los halcones de la defensa critican que los gastos en ese sector han caído a poco más del tres por ciento del producto bruto interno de los EE.UU.. Pero esa cifra representa solamente cuánto de la capacidad productiva de la economía es empleada para los gastos de la defensa. La mejor medida de la suficiencia de las defensas nacionales es comparar el nivel absoluto del presupuesto de defensa con el ambiente amenazante al que la nación se enfrenta. La suma que actualmente está siendo gastada en defensa es aproximadamente la que se gastaba a finales de los años 70 durante la Guerra Fría. Además, ese gasto promedia cerca de $1.000 por año por cada estadounidense.

En el mundo post-Guerra Fría, sin embargo, el ambiente amenazador es dramáticamente menos severo. Los halcones dirán que el mundo sigue siendo un lugar peligroso. Pero siempre ha existido un cierto peligro en el mundo. La clave es que el eclipse de la Unión Soviética removió la única amenaza seria a los intereses vitales de los Estados Unidos. Además, ninguna otra nación por sí sola gasta ni siquiera cercanamente lo que gastan los Estados Unidos en defensa–es decir, unos descomunales $260 mil millones por año. Los Estados Unidos gastan más que todos sus aliados–algunos de los cuales son los países que le siguen como las potencias militares del mundo–combinados. (De hecho, algunos funcionarios de la OTAN temen que las fuerzas armadas estadounidenses sobrepasarán a las europeas hasta el grado en que las fuerzas aliadas ya no serán capaces de operar efectivamente juntas.) A lo sumo, los rusos y los chinos gastan cada uno de $70 mil millones a $80 mil millones por año, y el total real podría ser mucho menor. Por otra parte, la mayoría de ese dinero se destina a mantener juntas a fuerzas desvencijadas y recargadas, antes que al desarrollo y a la producción de nuevos armamentos. Es igualmente significativo que las naciones menos amistosas–Irán, Irak, Siria, Libia, Cuba, y Corea del Norte–gastan unos ínfimos $15 mil millones por año en forma conjunta.

Y la supremacía estadounidense no es tan sólo en términos presupuestarios. Está ampliamente reconocido en círculos de la defensa, que los Estados Unidos poseen las únicas fuerzas armadas completamente integradas en el mundo. Otras naciones pueden adquirir algunas armas sofisticadas, pero solamente las fuerzas militares estadounidenses combinan las mejores armas del mundo con entrenamiento, logística, táctica y transporte estratégico, y el comando, el control, las comunicaciones, y la inteligencia (C3I su sigla en inglés) necesarias para utilizarlas con eficacia. Muchos analistas afirman que los avances en C3I revolucionarán el campo de batalla futuro volviendo a las armas más efectivas. Debido a que los Estados Unidos poseen capacidades sin par en C3I, su abrumadora dominación de los futuros campos de batalla es probable.

Tal dominación debería permitirles a los Estados Unidos recortar algo del "exceso" de su presupuesto de defensa. Por ejemplo, los Estados Unidos poseen actualmente en desarrollo o en producción tres nuevos programas para un avión de combate táctico, pese a que el benigno ambiente de amenazas no justifica ni tan siquiera uno. La marina estadounidense está retirando las embarcaciones de sub-superficie y las de superficie antes de la finalización de su vida útil, a fin de hacerles lugar a los costosos nuevos submarinos y a los grandes sistemas de armas y destructores, los que eran mucho más útiles durante la Guerra Fría.

Esas armas son tan sólo algunos ejemplos de las adquisiciones militares que no tienen nada que ver con defender adecuadamente a la nación. Son puros y simples programas de empleos. No es coincidencia que varios de los empleos se encuentran en los estados de la conducción parlamentaria republicana. El destructor adicional, el cual fue agregado por el Congreso a los tres innecesarios solicitados en el presupuesto 1998 de la administración Clinton, es producido en Mississippi, hogar del Líder de la Mayoría en el Senado Trent Lott. Los ocho aviones de transporte C-130J adicionales, también agregados por el Congreso, son producidos en Georgia, hogar del Vocero Gingrich. Georgia posee un sustancial número de contratistas de la defensa y de bases militares.

Recortar el presupuesto de defensa, mejorará la salud de la economía estadounidense en el largo plazo. El bajar los gastos de la defensa permitirá que los recursos sean transferidos del gobierno a los ciudadanos y a las compañías privadas a través de menores impuestos. Ellos a su vez, pueden ahorrar el dinero, invertirlo, o adquirir bienes y servicios, y de esa manera alimentar el crecimiento económico. Como Vocero de la Cámara de Representantes, Gingrich debería preocuparse un poco menos de Georgia y un poco más de la nación en su conjunto.

Traducido por Gabriel Gasave


Ivan Eland es Investigador Asociado Senior y Director, Centro Para la Paz y la Libertad en The Independent Institute en Oakland, California, y autor de los libros Recarving Rushmore: Ranking the Presidents on Peace, Prosperity, and Liberty, The Empire Has No Clothes, y Putting “Defense” Back into U.S. Defense Policy.




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