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Cómo la Segunda Guerra del Golfo difiere de la Primera
25/3/2003
Ivan Eland

Las principales asunciones subyacentes a la estrategia militar que está siendo aplicada en la Guerra del Golfo difieren esta vez considerablemente de aquellas empleadas en la Primera Guerra del Golfo. Y esto hace que la nueva estrategia sea riesgosa.

En esta guerra, el Secretario de Defensa de los EE.UU. Donald Rumsfeld está intentando "hacer más con menos"–lo que significa que las fuerzas de los EE.UU. tienen solamente una división pesada en tierra y que ella está utilizando equipamiento pre-posicionado. Las restantes divisiones son más ligeras–tanto las unidades ligeras de la Marina como del Ejército. Por el contrario, los EE.UU. utilizaron una masiva y pesada fuerza para desalojar a las fuerzas de Saddam fuera de Kuwait en 1991.

Concedido, que el ejército iraquí es tan solo entre la mitad y un tercio de lo capaz que era en 1991. Al mismo tiempo, los Infantes de Marina son los más capaces y los mejor entrenados para la guerra urbana de las fuerzas de EE.UU.. Además, los EE.UU. no deseaban la gran rémora logística que las divisiones pesadas acarreaban–sobre todo para mitigar los riesgos de ataques iraquíes con misiles que puedan contener agentes biológicos o químicos. Los Estados Unidos gastan tanto en defensa comparados con Irak ($400 mil millones en un año contra $1400 millones en un año), y sus fuerzas son tan superiores, que esta estrategia podría funcionar.

Pero, se ha dicho, es una estrategia arriesgada y no refleja la manera estadounidense tradicional de la guerra desde las tácticas de Ulysses S. Grant en la guerra civil, es decir, emplear la fuerza abrumadora. Además, las áreas urbanas edificadas no difieren de las selvas de Vietnam, y son un multiplicador a favor del bando que se defiende.

Dada la superioridad presupuestaria, y por lo tanto, tecnológica , los Estados Unidos ganarán casi ciertamente la guerra. Por supuesto, la pregunta ha sido siempre a qué costo. Los costos podrían ser aún grandes si las fuerzas iraquíes de elite luchan en Bagdad. Ya han demostrado que se escudarán con civiles, y podrían estar cavilando algún uso de armas químicas o de armas biológicas (AQ/AB) para lograr un máximo efecto cuando las fuerzas de EE.UU. se concentren para rodear Bagdad.

El General Tommy Franks, jefe del Comando Central, ha implicado que los EE.UU. no se involucrarán en una guerra urbana de casa-en-casa y simplemente le avisarán a cada uno para que salga y después bombardeará Bagdad en la oscuridad. Pero asumiendo que el régimen iraquí no permitirá deseosamente que los civiles abandonen Bagdad, esta táctica será difícil de llevar a cabo sin matar a muchos civiles inocentes (lo que la administración está haciendo todo lo posible para evitar a fin de no inflamar la “calle” árabe.)

El avance inicial de los EE.UU. fue rápido, pero eso debía esperarse. La prueba real será ver sí los Estados Unidos pueden hacer que la Guardia Republicana y la Guardia Republicana Especial se rindan a efectos de evitar la necesidad de una batalla sangrienta en Bagdad.

La relevancia de la descuidada área de las operaciones psicológicas ha sido ya evidenciada. En última instancia, esto podría terminar permitiendo que los EE.UU. eviten una batalla en Bagdad.

Pero si los Estados Unidos tienen que entrar en Bagdad, toda la tecnología transformacional (ej.: zánganos sin tripulación con misiles) palidecerá en comparación al entrenamiento para la guerra urbana. Los Infantes de Marina son los mejores en ella, ciertamente en teoría. Pero asistí a un ejercicio de entrenamiento de guerra urbana hace poco más de un año en Little Rock del Este, Arkansas, y no me impresionó el realismo del entrenamiento. Es difícil para los Infantes de Marina hallar ciudades que les permitan llevar a cabo ejercicios de entrenamiento. Una pequeña y esparcida Little Rock del Este no era comparable a una congestionada ciudad de cinco o seis millones–es decir, Bagdad. Por lo tanto la campaña de las operaciones psicológicas es la clave para conseguir que las unidades de elite iraquíes se rindan antes de que una lucha urbana sea necesaria. Si eso falla, y pareciera que eso podría suceder, un analista militar cercano al planeamiento de los EE.UU. afirmó que el Pentágono no ha desarrollado un plan para atraer a las fuerzas de la Guardia Republicana fuera de Bagdad.

Existen también interrogantes respecto de la preparación de las fuerzas estadounidenses para defenderse de un ataque químico o biológico, según un estudio reciente realizado por un oficial retirado de los Cuerpos de Armas Químicas del Ejército (ahora profesor en Luisiana). Asistió a los ejercicios de AQ/AB o atendió clases en los cuatro servicios militares y en la Guardia Nacional. Llegó a la conclusión de que el entrenamiento es escaso y descuidado por la conducción militar de los EE.UU. en todos los servicios.

Dadas tales deficiencias en el entrenamiento para la guerra urbana y la defensa contra los ataques biológicos y químicos, el papel de las operaciones psicológicas es realmente fundamental.

Un mayor porcentaje de municiones dirigidas de precisión (MDPs) en las fuerzas aéreas podrían ayudar a reducir un excesivo daño en Bagdad (para los propósitos de aquietar a la opinión pública del mundo), pero no tomará la ciudad si los iraquíes deciden luchar (y parece que lo harán). Cualquier uso eficaz de escudos humanos reduce la ventaja comparativa del poder aéreo de los EE.UU. (y el método preferido para luchar) e incluso la eficacia de las MDPs.

Además, las fuerzas de Operaciones Especiales han sido importantes para asegurar las bases aéreas para la caza de los SCUD en Irak occidental. Eso podría obstaculizar a los iraquíes para utilizar los SCUD armados con AQ/AB contra Israel, pero los iraquíes podrían estar guardando el empleo de los SCUD sobre las fuerzas de los EE.UU. para cuando ellas se aproximen a Bagdad.

Predecir el resultado de las guerras es siempre algo riesgoso. Los Estados Unidos más que probablemente ganarán esta guerra, pero parece que los iraquíes pueden llegar a combatir más duramente que lo esperado y pueden llegar a continuar librando una guerra de guerrillas incluso después de que las batallas principales concluyan. Esto podría incrementar enormemente el costo y el riesgo de una ocupación estadounidense del país. Pero tal resistencia es común cuando la gente está luchando por su país.

Traducido por Gabriel Gasave


Ivan Eland es Investigador Asociado Senior y Director, Centro Para la Paz y la Libertad en The Independent Institute en Oakland, California, y autor de los libros Recarving Rushmore: Ranking the Presidents on Peace, Prosperity, and Liberty, The Empire Has No Clothes, y Putting “Defense” Back into U.S. Defense Policy.




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