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El Departamento de Seguridad Interior de Bush: ¿Mejor protección o más burocracia?
20/12/2002
Ivan Eland

Un estancamiento legislativo entre demócratas y republicanos finalmente ha sido superado, lo que probablemente permitirá la sanción de una ley que fusionaría a 22 agencias–incluyendo a la Guardia Costera, el Servicio Secreto, el Servicio de Aduanas, el Servicio de Inmigración y Naturalización, y a la Administración de la Seguridad del Transporte–en un nuevo Departamento de Seguridad Interior. Pero el extenso debate en Washington acerca de la ley no ha beneficiado a ninguno de los dos partidos. La disputa partidista sobre la protección de la función pública para los burócratas del gobierno dejó sin examinar un interrogante mucho mayor: una nueva super burocracia ¿hará a los Estados Unidos realmente más seguros? Lamentablemente, la respuesta es un rotundo "no."

Respondiendo a las embarazosas revelaciones de que la CIA y el FBI poseían información que presagiaba el ataque terrorista del 11 de septiembre, el Presidente Bush–en un giro de 180 grados–endosó la propuesta demócrata para un Departamento de Seguridad Interior. Pero el contribuyente podría encontrarse desconcertado respecto de la ausencia de la CIA y del FBI en esta iniciativa de "reforma"–dado que el principal problema que rodeaba al 11 de septiembre parecía ser el hecho de que no se comparte la información en y entre las dos agencias. La omisión de esas dos agencias debería despertar la suspicacia de que la iniciativa de reorganización se encuentra diseñada básicamente para pretender que la administración está haciendo algo con relación a la seguridad interior en vez de suministrar el muy necesario "amor resistente" a las ya existentes burocracias del área de la seguridad.

Incluso antes del 11 de septiembre, el gobierno estadounidense contaba con la maquinaria organizacional suficiente para ocuparse de los ataques terroristas contra la patria sin adicionar un nuevo departamento. El terrorismo ha sido siempre una cuestión de seguridad nacional bajo la órbita del Consejo de Seguridad Nacional del Presidente y del Consejero de Seguridad Nacional. En Washington, la respuesta típica a cualquier crisis es la de cambiar los organigramas y agregar burocracias. El verdadero problema revelado por los ataques terroristas es que existe demasiada burocracia, no demasiado poca–lo que genera demasiados problemas de comunicación y de coordinación–para combatir a los ágiles terroristas.

¿Pero qué hay respecto de la afirmación del presidente de que colocando a todas estas agencias dispares bajo un mismo techo se terminará con la duplicación? Primero, la inteligencia es la clave para la defensa de la patria. Dentro del nuevo departamento, un centro para determinar amenazas a la patria será creado. Incluso el Director para la Inteligencia Central se supone que está actualmente sintetizando la información de inteligencia de las ya demasiado numerosas agencias de la comunidad de la inteligencia para hacer una valoración en conjunto de la amenaza. A efectos de realizar una idéntica tarea para las amenazas específicas a la patria, el nuevo centro de evaluación tendrá también que confiar en la información y en la cooperación de los generadores de la información conciente–incluyendo al FBI y a la CIA. La proliferación de organizaciones que evalúan la inteligencia solamente exacerbará los problemas de coordinación en la comunidad de la inteligencia.

Además, poner a las agencias bajo una secretaría del gabinete no garantiza que los gastos generales serán reducidos–la historia demuestra que lo contrario es más probable que ocurra. En verdad, mejorar la seguridad interior requeriría la supresión de agencias (incluyendo a algunas de las muchas agencias que no están siendo consolidadas bajo el nuevo departamento del gabinete), reduciendo radicalmente las capas de la burocracia, y despidiendo a los burócratas. Es una rareza en Washington aquel jefe de departamento que desee emprender tal purga. Si el presidente deseaba realizar dicha cirugía arduamente necesaria, lo hubiese hecho antes de fusionar a las agencias bajo la nueva secretaría. El presidente debería de haber “recortado” en lugar de “pegado” y no viceversa. Cualquier nueva secretaría comenzará a actuar rápidamente como defensora de su nueva super agencia, en vez de realizar los recortes necesarios.

Para una ilustración de la expansión burocrática sobre los talones de la consolidación de la agencia, uno no precisa mirar más allá de la fusión efectuada por el Presidente Truman de los Departamentos de Guerra y de Marina en el Departamento de Defensa tras la Segunda Guerra Mundial. Más de 50 años después, la Oficina de la Secretaría de Defensa–creada para refrenar y supervisar a los servicios militares–se ha convertido en una organización masiva que no puede controlar los servicios aún predominantes, cuya duplicación de esfuerzos y carencia de coordinación son legión. El consolidar agencias aún más numerosas, dispares y a veces disfuncionales (por ejemplo, el Servicio de Inmigración y Naturalización) en el nuevo Departamento de Seguridad Interior es probable que de lugar incluso a mayores problemas y a una burocracia de secretarías en ciernes para procurar controlar a un todo difícil de manejar y a la cacofonía oficiosa.

Traducido por Gabriel Gasave


Ivan Eland es Investigador Asociado Senior y Director, Centro Para la Paz y la Libertad en The Independent Institute en Oakland, California, y autor de los libros Recarving Rushmore: Ranking the Presidents on Peace, Prosperity, and Liberty, The Empire Has No Clothes, y Putting “Defense” Back into U.S. Defense Policy.




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