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Estados Unidos no necesita tres nuevos aviones de combate
5/4/1999
Ivan Eland

La guerra aérea sobre Serbia y Kosovo está demostrando un par de cosas. Una de ellas es una lección ampliamente comprendida en las fuerzas armadas, pero no entre los políticos: usted no puede ganar una guerra empleando solamente poder aéreo. La otra es que cuando se trata de poderío aéreo, los Estados Unidos tienen una superioridad sin par en el mundo.

La Guerra Fría ha finalizado hace ya una década, y los servicios aéreos de los estados truhanes tales como Corea del Norte, Irán, e Irak son anticuados o se encuentran devastados por la guerra y representan una amenaza mínima. Yugoslavia envió un par de los más modernos Mig-29 contra la armada del aire de los EE.UU., y los mismos fueron rápidamente derribados. Aunque la industria rusa de la defensa puede aún producir alguna aeronave de calidad, la crisis económica de Rusia limita seriamente las cantidades compradas y la cuantía de todo el importante entrenamiento brindado a los pilotos. China está modernizando los bolsillos de su anticuada fuerza aérea tan sólo lentamente y sus pilotos poseen un nivel de entrenamiento que es también sustancialmente menor que el de los pilotos de los EE.UU..

Sin embargo, aún cuando los aviones de combate estadounidenses se encuentran una vez más exhibiendo su no desafiada superioridad para que todos la vean, el Pentágono y sus amigos en el Congreso están avanzando con planes para construir tres nuevos tipos de aviones de combate.

Los planes del Departamento de Defensa buscan comprar el F-22 de la Fuerza Aérea, el F/A-18E/F de la Marina, y el Joint Strike Fighter (una familia de aviones construida para la Marina, la Fuerza Aérea, y los Infantes de Marina). El costo de esos tres programas es enorme—más de $300 mil millones. A pesar de los superávits presupuestarios a corto plazo, las tendencias demográficas en un plazo más largo generarán enormes pasivos sin financiación en el programa de la Seguridad Social en las décadas venideras, los que limitarán los futuros presupuestos de defensa. Pero incluso si no enfrentasen dichos problemas presupuestarios, los Estados Unidos no necesitan comprar estas tres clases de aeronaves a efectos de mantener sus ventajas substanciales sobre los servicios aéreos de otras naciones.

De modo realista, el F-22 y el F/A-18E/F deberían ser cancelados y el Joint Strike Fighter (JSF su sigla en inglés) demorado Los Estados Unidos ya no precisan del costoso costoso avión de combate sigiloso F-22 que fuera diseñado fundamentalmente para proporcionar superioridad aérea contra una significativa fuerza aérea opositora. En el futuro, es improbable que cualquier adversario potencial pudiese derrotar a un F-15E existente con una electrónica actualizada y mísiles. (En una era en la cual el éxito en la guerra depende más y más de la electrónica y de las armas de precisión, las mejoras rápidas en las plataformas aéreas que llevan tales dispositivos son menos necesarias.)

Sin una gran potencia capaz de desafiar la superioridad aérea estadounidense al menos en los próximos 20 o 30 años, los Estados Unidos precisan acentuar la compra de aeronaves (por ejemplo, el existente F-15E) con una capacidad substancial para atacar objetivos en tierra. El costo de un F-22 será el doble que el del F-15E, asumiendo que ningún incremento del costo tenga lugar en el programa del F-22. Tampoco el F-22 agregará mucha capacidad a la habilidad de la aeronave sigilosa F-117 para penetrar las defensas aéreas enemigas. Además, en un ambiente futuro donde los potenciales enemigos utilizarían probablemente misiles balísticos para atacar las vulnerables bases aéreas de avanzada, utilizadas por los aviones de los EE.UU., el F-22 depende demasiado pesadamente de dicha infraestructura.

El otro avión que debería ser cancelado—una “modificación” del existente F/A-18C/D—proporciona una mejoría demasiado pequeña en la capacidad para su exorbitante costo. La decisión de producir el F/A-18E/F fue tomada originalmente en una situación de desesperación. El programa del avión A-12 había sido cancelado, y existía un deseo de ayudar a la financieramente afligida compañía Mcdonnell Douglas. El F/A-18E/F no es tan idóneo como el avión F-14 y el A-6 a los que se encuentra substituyendo en los portaaviones. Tiene menos alcance y menos capacidades aire-aire que el avión de combate F-14 de superioridad aérea y tiene menos alcance y puede transportar menos bombas que el avión de ataque terrestre A-6.

Comprando el F/A-18E/F, la Marina está abandonando el radio de alcance en un momento en el que necesita aumentarlo. Las crecientes amenazas de las minas costeras, los submarinos diesel, y los misiles anti-navíos, los cuales pueden ser disparados desde baterías costeras o desde pequeñas naves, implican que los portaaviones tendrán que permanecer más y más lejos de la costa. Por lo tanto, un avión con un alcance más largo que el F/A-18E/F es necesario para alcanzar los objetivos tierra adentro que se encuentran más y más lejos. Una versión de la marina del avión sigiloso F-117 debería ser considerada para sustituir al F/A-18E/F. El existente F/A-18C/D sería suficiente probablemente para las futuras misiones aire-aire de la marina porque la amenaza es baja.

Debido a una calma en el ambiente amenazante, los Estados Unidos pueden esperar para modernizar sus servicios aéreos hasta después de 2010. De hecho, si los F-22 y los F/A-18E/F son ahora producidos en grandes cantidades, los mismos serán obsoletos si una amenaza significativa se presenta en 20 o 30 años. El JSF—actualmente programado para comenzar la producción a mitad de la próxima década—debería ser demorado hasta después de 2010.

El programa ambicioso del JSF se prepone desarrollar una familia de aviones que sean utilizados para diversas misiones pero que poseen piezas y sistemas que son comunes en un 80 por ciento. Debido a que las misiones de los tres aviones son tan variadas, alcanzar esta meta puede ser una orden demasiado difícil. La Marina desea un costoso avión sigiloso para sus cubiertas de los portaaviones. La Fuerza Aérea quisiera un avión de bajo costo para sustituir a los F-16, el A-10, y otras aeronaves. Los Infantes de Marina desean una versión avanzada del ASTOVL según se lo conoce en inglés, que precisa de poco espacio para despegar y aterriza de manera vertical, para emplear sobre campos de aviación de avanzada.

El cronograma para el JSF sigiloso de la Marina, como el de las otras versiones del JSF, es demasiado optimista y debería ser demorado. Debido a que el apoyo aéreo puede ser actualmente suministrado por la Marina, los Infantes de Marina no necesitan adquirir ninguna nueva aeronave—incluyendo al JSF. Durante la Guerra Fría, los portaviones de la Marina y los Infantes de Marina podrían haber sido desplegados hacia diferentes lugares. La doctrina de la Marina le asigna en la actualidad un mayor énfasis a la provisión de apoyo para los Infantes de Marina en tierra. En virtud de la vulnerabilidad de las bases aéreas de avanzada a los ataques con mísiles balísticos la Fuerza Aérea debería adoptar la versión ASTOVL del JSF.

Así, en un ambiente de amenaza más benigno en la post-Guerra Fría, el equivalente de cinco nuevos programas de aviones de combate tácticos puede ser reducido a dos con poco efecto nocivo sobre la seguridad estadounidense.

Traducido por Gabriel Gasave


Ivan Eland es Investigador Asociado Senior y Director, Centro Para la Paz y la Libertad en The Independent Institute en Oakland, California, y autor de los libros Recarving Rushmore: Ranking the Presidents on Peace, Prosperity, and Liberty, The Empire Has No Clothes, y Putting “Defense” Back into U.S. Defense Policy.




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