Asombro por el mercado y lo mundano
¿Cuál es la relevancia, para la era presente, de qué, tan temprano como el siglo XIII, si no antes, talentosos frailes y sacerdotes desarrollaran conocimientos matemáticos, geométricos, cosmológicos, náuticos, contables, económicos y políticos, además de filosóficos y teológicos? ¿Qué ganamos al saber que, ya en la Edad Media, los intelectuales de Occidente estaban en posesión de amplios conocimientos?
Se me ocurren dos razones por las cuales vale la pena estudiar a nuestros antepasados, para aproximarnos a su visión del mundo. La primera es que estos frailes y sacerdotes nos enseñaron cómo pensar sistemáticamente. Tenían la certeza de habitar un mundo creado por un Ser omnisciente y racional (Dios es amor y también Logos). Se esforzaron por aproximarse a la verdad sobre el orden creado, precisamente porque la creación es ordenada, y Dios nos dotó de las facultades necesarias para emprender tales exploraciones. Estos pensadores sentían asombro y curiosidad sobre todo lo que les rodeaba. Usaban el método escolástico como modelo de enseñanza y razonamiento: pasaban de la lectura de un texto autorizado, a plantear una duda (la cuestión), a una disputa o debate formal mediante el cual se van presentando argumentos a favor o en contra hasta alcanzar una resolución. Aunque seguimos utilizando básicamente ese formato para ordenar nuestras elucubraciones, hoy algunas personas desestiman las premisas filosóficas pre-empíricas y tienen en cuenta únicamente lo asequible en el ámbito secular, empírico y material (cientifismo). Sería valioso rescatar una sana apreciación por el conocimiento revelado y filosófico, y cómo éste saber complementa lo que podemos aprehender a través de nuestros sentidos.
En segundo lugar, sería muy bueno rescatar esa certeza de que no tenemos motivos para avergonzarnos de los quehaceres cotidianos, que nos permiten trabajar, sostenernos dignamente y florecer. Algunos frailes y sacerdotes prestaron cuidadosa atención al funcionamiento de la sociedad, la propiedad, los contratos, la moneda, la banca y el comercio. Escribieron los primeros manuales de contabilidad y comercio, y buscaron educar al mayor número de personas posible sobre las prácticas constructivas que les permitirían aumentar su productividad y mejorar su condición de vida. Fueron, esencialmente, los primeros economistas.
Sus descripciones del trabajo y de las interacciones sociales no destilan el desprecio por la actividad comercial lícita que a veces se detecta en textos contemporáneos. Distinguieron finamente entre las actitudes y acciones pecaminosas y las virtuosas, para orientar éticamente a sus feligreses. Redactaron manuales de confesores. Por ejemplo, Pedro Juan de Olivi comprendió que cuando el dinero se utiliza como capital, y se invierte en una industria con el fin de cosechar una ganancia, conviene ponderar no solamente su valor monetario sino el valor que tal actividad agrega a la sociedad, y recompensar al inversionista de forma acorde. También comprendió que los mercaderes juegan un papel distinto del artesano o productor, pero no menos constructivo, porque sus actividades empresariales acercan a comunidades dispersas y aumentan la riqueza de la sociedad.
De allí que el nuevo libro de Giovanni Patriarca, Ábaco y Cosmos, sea una lectura provechosa, entretenida e informativa. Recién publicado por el Instituto Fe y Libertad, este libro nos invita a redescubrir la Edad Media. Presenta cómo se conectan los descubrimientos prácticos, científicos y filosóficos, y cómo moldean la cultura occidental de la que somos parte. Esta lectura nos obliga a redimensionar lo que les debemos a los intelectuales de antaño.
La autora estudió Ciencias políticas y Economía en Dartmouth College, en New Hampshire y Obtuvo una maestría en Estudios Latinoamericanos de la Universidad de Georgetown, en Washington, D.C. EE. UU.. Es profesora universitaria de análisis económico de la política, desarrollo económico e historia; miembro del Consejo Directivo del Centro de Estudios Económico-Sociales(CEES) y de la Asociación Familia, Desarrollo y Población (FADEP); y de la Sociedad Mont Pelerin.
- 28 de septiembre, 2026
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- 1 de octubre, 2012
- 24 de septiembre, 2026
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