Sincericidio: el kirchnerismo se hizo peronista

Por Juan Salinas Bohil
La
derrota del gobierno en las internas del 11 de agosto lo ha llevado a
cambiar diametralmente sus posturas en cuestiones que hasta ayer nomás se
encontraban lejos de discusión. Esto no debería llamar la atención ya que
advertimos el 11 de febrero de 2008 hace
cinco años y medio! que Si fuese necesario
para la causa, el mismísimo Kirchner Uno iría con un banquito de madera a
reponer el cuadro de Videla en el Colegio Militar. Pues bien, un
periodista ungido por la Presidente acaba de adelantar que la misma le
expresó en una entrevista que había sido menemista. Si luego, en la
edición del reportaje no se altera ese dicho, entonces algunos se darían
cuenta del contrasentido de la inmutabilidad del permanente cambio de los
dirigentes peronistas.
Los Kirchner, la que está y el que no pero sobrevuela en los
actos públicos de la Presidente, punta de lanza de lo que pronto se
olvidará como kirchnerismo, estuvieron contra Perón hasta que llegaron las
Fuerzas Armadas en el 76 y escaparon al sur. Eso dicen. Extrañamente, allí
estuvieron muy bien durante el gobierno militar, tan pero tan bien les fue
n ese lugar que amasaron gran parte de su fortuna. Luego elogiaron a Menem
como el mejor presidente después de Perón para después negarlo tres veces
como Pedro hizo con su Jesús y pasar a abominar la década del falso
neoliberalismo menemista en donde el matrimonio fue uno de los
accionistas mayoritarios.
El kirchnerismo aún tiene, al igual que los viejos guerrilleros
de ayer y que hoy son prósperos hombres y mujeres de negocios, a Eva Perón
como figura matriarcal ya que son huérfanos de padre putativo. El general, al que quisieron
derrocar a través de la lucha armada para implantar una dictadura
castrogueverista, ni antes ni después de muerto lo hubiese sido porque
recuerdan con furia su misiva a la guarnición de Azul luego del salvaje
ataque guerrillero del 19 de enero de 1974 cuando dijo: …el repudio unánime de la ciudadanía hará que
el reducido numero de psicópatas que van quedando, sea exterminado uno a
uno para bien de la República.
Para luego, el 1º de
mayo del mismo año, prácticamente echarlos de la Plaza de Mayo con el
trato de imberbes
aunque
Montoneros asegura que su retirada fue por propia
voluntad.
Jacobinos por naturaleza, la guerrilla peronista idealizó a Eva
Perón como su líder ausente creyendo que, de estar con vida, se inclinaría
hacia sus propuestas revolucionarias. Sus conocidas consignas principiaban
con un Perón, Evita, la patria socialista y Si Evita, viviera, sería
montonera, con el que se acompañaban en marchas y manifestaciones. Hoy el
kirchnerismo pretende venerarla con una gigantografía con su rostro
ubicada en medio de la avenida 9 de Julio. Pero lo que estos hijos
dilectos del entrismo soviético de los 60, disfrazados en la actualidad de
progresistas, no alcanzan a razonar es que si Evita hubiese vivido
cuando le cantaban loas, ella misma los hubiese corrido ametralladora en
mano porque… ¡tratar de derrocar a Perón! ¡A su Perón! ¡Habrase visto
insolencia!
La impronta gorila del kirchnerismo y sus aliados se manifestó en la última
década cuando intentó, a
contrario sensu del verticalismo que caracterizaba hasta ese entonces al
peronismo, organizó una maniobra con los ex PC locales al que denominó
transversalismo, y cuya figura más notable era Aníbal Ibarra al que
después la tragedia de Cromañón le incineró sus esperanzas presidenciales.
Hoy, entre otras figuras menores se destacan en ese espacio Carlos Heller,
Daniel Filmus y Martín Sabbatella. Tan ríspida fue la relación de los
Kirchner con todo lo que oliera a peronismo que en septiembre de 2005
prohibió a los dirigentes el uso de los símbolos partidarios y la
entonación de la famosa marchita
Ahora, en vísperas del incendio, el kirchnerismo intenta
infiltrarse en el peronismo al mejor estilo de los 70. En esta última
semana el candidato de la Casa Rosada para la provincia de
Buenos Aires que a principios de septiembre se dio a conocer al gran
público al proponer pour la galerie bajar la imputabilidad de los menores, cuestión que ni por
asomo figura en la ideología gobernante, retiró de los nuevos carteles
publicitarios fijados en paredes y muros las imágenes de la Presidente y
el gobernador de la provincia que parecen no aportarle votos para
reemplazarlos por un enorme MI (sus iniciales, Martín Insaurralde) y
colocar pequeño, muy pequeño, más que pequeño, en un ángulo inferior, el
escudo del Partido Justicialista.
Todo sea por un par de votos más que sirvan para sostener el
modelo nacional y popular con inclusión social.
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