Por qué Brasil
Por Oscar Ortiz Antelo
El Deber, Santa Cruz
Las recientes protestas en
Brasil han sorprendido al mundo, pues esta nación llevaba casi 20 años
de estabilidad y prosperidad, con inmensos avances en sus niveles de
desarrollo económico y social, sacando a millones de personas de la
pobreza y consolidando una clase media creciente y dinámica. Las
explicaciones apuntan principalmente a tres factores: la baja calidad de
los servicios públicos, la mezcla perniciosa de corrupción e impunidad y
la incapacidad del Estado de satisfacer las expectativas crecientes de
mejora de la calidad de vida de la clase media.
Brasil ha logrado enormes avances en la
consolidación de su institucionalidad democrática y progreso. Los ocho
años de Gobierno de Henrique Cardoso, similar periodo de Lula da Silva y
los casi cuatro de la presidenta Dilma Rousseff marcan un periodo
notable de políticas que han combinado la lucha contra la pobreza con el
apoyo al crecimiento productivo y empresarial, alcanzando niveles de
prácticamente pleno empleo y gran movilidad social. Durante una visita a
Bolivia, el presidente Lula afirmó orgulloso que nunca antes los
empresarios habían prosperado tanto ni los pobres habían vivido tan
bien. ¿Por qué el descontento entonces? ¿Cómo se explica que un pequeño
incremento del transporte público generara una protesta tan amplia y tan
expandida por un país tan grande?
Carlos Alberto Montaner destaca que Brasil es un
Estado que cobra impuestos de primer mundo pero presta servicios de
tercer mundo. El expresidente Sarney toma como ejemplo dos pancartas de
las manifestaciones: “Todas mis demandas no caben en una pancarta” y “Yo
no sabía que era infeliz”, concluyendo que el incremento del pasaje
hizo detonar el descontento por otros aspectos de la calidad de vida que
van más allá de los ingresos, como la inseguridad y el sufrimiento
diario por las deficiencias del transporte público, en el cual la gente
sufre varias horas al día. Los medios de comunicación brasileños
destacan la increíble corrupción y abuso de los bienes públicos por las
autoridades, mientras que la gente reclama por construcciones deportivas
como el Maracaná, que fue reformado para los Juegos Panamericanos,
acaba de ser nuevamente reconstruido para el Mundial y lo será una vez
más para las Olimpiadas, mientras que la salud y la educación no mejoran
de igual forma.
Muchas de estas cosas pasaron durante años y la
gente las toleraba. Hoy parece surgir una nueva sociedad de clase media,
informada e intercomunicada, que ya no lo hará.
- 28 de septiembre, 2026
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