¿A qué juega Correa?
Por Juan David Escobar Valencia
El Colombiano, Medellín
Aunque
todavía no está completamente confirmado su destino, es posible que el
exfiltrador de datos para la NSA, Edward Snowden, termine asilándose en
Ecuador. Sus razones para escoger a Ecuador son tan lógicas como pocas.
Además
de los apoyos que pueda conseguir, gracias al "espíritu de cuerpo" o
la "conciencia gremial", de su par, Julián Assange, tal vez
las principales razones no provengan del mismo Snowden, sino del interés del
presidente ecuatoriano.
El
presidente Correa llegó al poder con un discurso antipartidos, lo que
normalmente lleva a optar por la fórmula del nacionalismo barato, tantas veces
eficaz en términos electorales. Dicha fórmula usualmente se refuerza de dos
maneras. Una, apelando a la indignación teatral ante una supuesta o real
amenaza a la soberanía nacional, como la telenovela venezolana que interpretó
cuando fueron bombardeados sus patrocinadores de las Farc que se escondían en
sus selvas.
Y
el otro instrumento, usado de tiempo atrás por los nacionalistas
latinoamericanos, es la retórica antiyanqui. La segunda mitad del siglo pasado estuvo
llena de casos en que los "enemigos" de EE.UU. eran elevados a la
figura de héroes y recibidos con honores en algunos países de la esfera
soviética y en las dictaduras más terribles de África como la de Libia. Por
nuestras tierras, Cuba era y sigue siendo el oasis, hospital, centro de
entrenamiento y escondrijo de terroristas y narcotraficantes.
Fidel
Castro criticó a quienes se "arrodillaron" al
imperialismo yanqui y posó de ser el único pueblo digno de este continente,
pero nunca dijo que se entregó por completo a las directrices de otro imperio,
el soviético. Correa repite la misma consigna, pero no menciona su
subordinación a China, a la que le debe parte de su permanencia en el gobierno.
A
Correa le gustan los actos teatrales y los episodios que lo muestren como la
astilla en la pata del león, mientras se queman banderas estadounidenses.
Pero
una mezcla de deseos y circunstancias favorables hacen posible que se esté
facilitando su aspiración de convertirse en el nuevo líder de la Alba, ante el vacío
que dejó la muerte del anterior tirano venezolano, pues el actual no tiene ni
las capacidades ni las circunstancias internas, políticas y económicas, que le
permitan ser el heredero de Chávez en el ámbito regional.
A Cristina
Fernández donde pisa le explotan minas políticas y económicas, Uruguay solo
tiene alientos para intentar renovarse, aunque sólo se queda en anuncios, y
Brasil, ni le interesa, y está ardiendo por dentro.
En
cambio a Correa, que ha contado con el apoyo chino e iraní y con menos
dificultades para consolidar su poder político, la economía le sonríe y ello le
está permitiendo adelantarse a las posibles retaliaciones económicas de EE.UU.,
lo que le da más espacio para mostrarse como el líder regional de este
grupúsculo populista.
A
Correa, un atropellador de las libertades de expresión, que mandó a secuestrar
en Colombia uno de sus exfuncionarios que le estaba destapando sus pecados, no
debe parecerle extraño ni inútil acoger a un hombre como Snowden, quien al
parecer podría ser defendido por el exjuez Baltasar Garzón, destituido
por las interceptaciones ilegales que hizo en su país. Dios los cría y ellos se
juntan.
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