Farc y talibanes, tan parecidos
Por Juan David Escobar Valencia
El Colombiano, Medellín
La
semana anterior se anunció el "reinicio" de negociaciones de paz con
los talibanes en Afganistán, pero a pesar de sus diferencias evidentes, la
forma de "negociar" de dos grupos como las Farc y los talibanes,
ambos narcoterroristas, está plagada de coincidencias, tanto en sus
comportamientos como en las circunstancias.
Coincidencia
el deseo de ambos de iniciar conversaciones de paz luego de importantes golpes
militares que los debilitaron, aunque sin eliminarlos. Coincidencia también que
del otro lado haya unos gobiernos más desesperados aún que los grupos
delincuenciales, por razones electorales seguramente, de terminar una guerra,
sin pensar que la forma en que lo hagan tal vez garantice más sangre en el
futuro.
Curioso
que tanto las Farc como los talibanes están aprovechando las debilidades de los
gobiernos locales. El gobierno de Karzai, desprestigiado hasta los tuétanos por
corrupción y el nuestro por ineptitud, felonía y falta de coherencia.
Coincidencia
que las supuestas conversaciones de paz se den con un telón de fondo de ataques
terroristas perpetrados para mostrar una supuesta fortaleza, pero también para
tranquilizar a sus mandos medios, esos que no están de acuerdo con la
negociación y que podrían acusarlos de traidores.
Coincidencia
que los negociadores estatales parecen ser siempre unos principiantes,
comparados con los cabecillas de los grupos terroristas, que siguen repitiendo
las mismas fórmulas de hace décadas para engañar a los amateurs negociadores
del gobierno, que en el caso colombiano no sabemos si por torpes o porque solo
se les permite agachar la cabeza por orden presidencial, ni sospechan las
telarañas que estos hábiles bandidos tejen a su alrededor.
En
los años 90 los talibanes negociaron la paz con otros grupos, mientras fuese
conveniente, pero no para iniciar una relación de coexistencia, sino como un
paso previo para luego traicionar los acuerdos y someter a dichos grupos. El
propósito de los talibanes era, y sin duda lo es hoy, plantear conversaciones
mientras se luchaba, mostrándose artificialmente fiel al acuerdo, pero si y
solo si, el acuerdo permitía fortalecerse militarmente mientras llegaba el
momento de abandonar la mesa.
¿Alguien
cree que los cabecillas de las Farc no han estado en la isla cárcel del Caribe
haciendo contactos y buscando material de guerra para cuando la conversación
fracase? Curioso que eso mismo y prácticamente por las mismas fechas sucedía en
el Caguán el hecho político más vergonzoso que la historia colombiana por escribirse
no podrá ocultar.
Coincidencia
también que los talibanes estén conversando con Irán para garantizarle que sus
intereses y los de las minorías chiitas hazaras que viven en Afganistán, no
serán vulnerados como ocurrió en los 90. Así como las Farc intentan
tranquilizar a Venezuela, y seguramente al cartel de droga de los militares
venezolanos, que sus intereses y los de la dictadura venezolana no se verán
afectados.
Coincidencias
en su habilidad para aprovechar el deseo de participación de idiotas útiles
internacionales con afán de visibilidad, en solicitar la liberación de algunos
de sus miembros capturados, en desconocer a las víctimas, en aspirar a
convertirse en el corto plazo en el poder absoluto y sin ley en regiones del
país, en querer cambiar la Constitución a su medida, pero especialmente, en
obtener el reconocimiento internacional como actores políticos y no como
terroristas.
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