Correa y su “revolución”
La Prensa, Buenos Aires
El
conductor de la autodenominada revolución ciudadana del Ecuador, Rafael Correa,
no es casual que haya escuchado las voces de quienes lo visualizan como la
única opción política de su país en aptitud de acompañar y reforzar el
crecimiento, a escala latinoamericana, de las condiciones para un fin,
supuestamente cercano, del para él “abominable capitalismo imperialista”.
Tendrá, así, otro mandato y, al igual que su par venezolano, aguarda vencer
ampliamente, incluso a pesar de las -¿pocas?- ‘traiciones’ indigenistas. En un
país en el que esto pesa, pesa.
No
parece casual que la formación partidista de RC haya adoptado la denominación
de Alianza País, apuntando al logro de una identificación absoluta entre su
tránsito político y los fundamentos básicos de la nación, en armonía integral
con varios experimentos análogos de su vecindad más o menos próxima. El día del
sí a la ‘re’, la ceremonia se desarrolló bajo un cartel que lo citaba como “el
candidato de la Patria”. Eso sí: en su caso, la moneda oficial ecuatoriana
sigue siendo el dólar norteamericano, aunque alguna vez insinuó que sólo “por
ahora”.
Una
peculiaridad que se le reconoce -tal vez menos verborrágico en la extensión del
capitalismo de Estado que buena parte de sus socios políticos bolivarianos, o
afines- es la que impulsa para la dinamización de la industria petrolífera,
fuente primordial de recursos para esa economía: acaba de sellar sendos
contratos, en febrero último, con dos compañías privadas extranjeras, una de
ellas con participación argentina, para el logro de un horizonte de 100.00
barriles diarios en una zona que hoy araña más o menos la mitad. Hace; no solo
habla.
Claro
que en el campo social hay claros y oscuros. En materia de viviendas, por
ejemplo, según datos del BID, dos de cada tres hogares ecuatorianos no poseen
casa propia y no pocos servicios complementarios para el habitante de bajos
recursos (por ejemplo, luz y/o redes cloacales extendidas), aún permanecen sin
financiación adecuada. Además, según el informe laboral 2011 de la OIT, a nivel
de América del Sur, cita retrasos del país en materia ocupacional, sobre todo
entre las mujeres y el público juvenil, aún cuando se hayan registrado
relativas mejoras.
El
presidente tiene, además de “fáciles” contrincantes de las derechas extremas, a
otros contendores, desde figuras democráticas a organizaciones sociales que
dicen bregar por reivindicaciones indigenistas autónomas o directamente
socialistas (al estilo de Pachakutik), alejadas del poder central. En los días
previos a la confusa rebelión policial del 30 de septiembre de 2010, desde
Caracas, Correa acusó a estos últimos de objetiva complicidad con intereses
oscuros, al mismo tiempo que envió a Washington a su entonces ministro de
Defensa, Javier Ponce, a obtener fondos norteamericanos para la lucha contra el
narco. Lo hizo tras su desilusión tanto con la reacción militar colombiana por
la detección de un campamento de las FARC en Ecuador y también al verse
obligado a no aparecer ligado a la narcoguerrilla.
Eso
sí: aún hoy, los poderosos intereses que sostienen ese negocio se valen de
algunos puertos clandestinos ecuatorianos, desde los cuales partirían hacia
México y Estados Unidos minisubmarinos de transporte, con cargas de
estupefacientes.
Por
ello, cabe preguntar si habrá, o no, armonía ideológica entre lo descripto y el
diseño de La Habana como “garante” de la paz con el farquismo colombiano, por
aquello del antinorteamericanismo mecánico.
Otro
interrogante para el final: ¿frente a Correa, sólo estarán las vilipendiadas
“voces del capitalismo concentrado” y sus denunciados “brazos mediáticos”? Las
encuestas dicen que la clase política tradicional (dos ex presidentes como
Bucaram y Gutiérrez, o empresarios como Guillermo Laso, o Álvaro Noboa) no
tendrían exageradas posibilidades frente a sus propias debilidades y al fuerte
dominio del gigantismo estatal por parte del seguramente ilustrado economista
bolivariano. Es que Ecuador tuvo ya suficientes días de acoso a la libre
expresión. Se nota.
- 28 de septiembre, 2026
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