Razones para no secundar la huelga general del 14-N

Existen muchas y poderosas razones para protestar e indignarse contra
un Gobierno obsesionado con saquear a los españoles para mantener un
Estado sobredimensionado y socializar las pérdidas de ese monumento a la
banca pública que fueron las cajas de ahorros. Pero ninguna de esas
buenas razones ha sido aducida para justificar la huelga general de este
14 de noviembre: es más, las centrales sindicales convocantes han
aducido justo las razones contrarias a aquellas por las que el PP se
merece un severo rapapolvo.
Los sindicatos critican al Gobierno por quedarse corto en las subidas
de impuestos, por recortar demasiado el gasto público y por liberalizar
demasiado la economía. Es decir, CCOO y UGT exigen al Ejecutivo que
saquee todavía más a los contribuyentes españoles (no se crean el cuento
chino de que sólo reclaman que paguen los más ricos: ese mensaje es
sólo un analgésico para que las clases medias protesten menos cuando
pasen los publicanos por la puerta), que la burbuja del sector público
se infle todavía más (incluso quitando los intereses de la deuda, en
2011 el gasto público fue un 15% superior al de 2007, en plena burbuja
inmobiliaria) y que las relaciones laborales sean lo más rígidas
posibles (justo las que teníamos antes de la tímida e incompleta reforma
laboral de este año y que llevó a que entre el primer y tercer
trimestre de 2009 se destruyeran 292.000 empleos en el sector privado
frente a los apenas 7.500 que han desaparecido en ese mismo período de
2012).
Todo aquello que se le puede reprochar a este Gobierno –que trate de
conservar un sector público desproporcionado e insolvente a costa de un
cada vez más raquítico y encorsetado sector privado– es justo lo que los
sindicatos tratan de promover con esta desnortada huelga general: más
impuestos, más gasto, más déficit, más rigideces y, en definitiva, más
crisis. Lo que reclaman es incidir en la desastrosa política económica
del PSOE que el PP ha conservado en sus líneas fundamentales.
Si España se está desmoronando es precisamente por no haber pinchado y
saneado sus burbujas financiera, inmobiliaria y estatal; es decir, por
tratar de que los contribuyentes corran con las facturas de bancos,
promotoras y políticos. Más de este disparate socialisto-popular es lo
que reclaman los sindicatos en la huelga del 14N. No más libertad, sino
más opresión estatal; no más ahorro, sino más despilfarro; no menos
deudas, sino muchas más; no más empleo, sino más barreras y obstáculos
al mismo; no menos rescates para la banca, sino una socialización de
pérdidas más estable, amplia y estructural mediante la nacionalización
permanente de las entidades; en suma, no más generación de riqueza, sino
más burbujas y pelotazos a costa de sobreendeudamiento público que nos
aboca a la suspensión de pagos.
La alternativa a un intervencionismo estatal asfixiante y fracasado
no es, desde luego, redoblar ese intervencionismo asfixiante y
fracasado. Al contrario, la alternativa
pasa por reducir de verdad el gasto público, por rebajar intensamente
los impuestos, por liberalizar todos los sectores productivos que
continúan hiperregulados y por no socializar las pérdidas de la banca.
Todo lo contrario a lo que reclaman los sindicatos y a lo que
está haciendo este Gobierno y el anterior. Por eso, secundar la huelga
equivale a darle un espaldarazo a la desastrosa política económica del
PP: los sindicatos no proponen ninguna modificación de fondo salvo
acentuar sus rasgos más suicidas; lo único que buscan es cambiar su
forma y las siglas partidistas de quienes la ejecutan.
El auténtico pensamiento único en esta gestión de la crisis es el del
consenso intervencionista de PP-PSOE-IU-UGT-CCOO: mismos perros con
distinto collar. Una huelga intestina promoviendo un cambio de política
económica justamente para que no cambie nada sustancial.
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