El manual del “Che” se está aplicando en Paraguay

Editorial –
Un pueblo que pierde su fe en sus propios derechos está condenado a la agonía política, y a ser presa de las ambiciones de una minoría organizada que lo subyugue mediante una dictadura personal de corte fascista, como la implantada por Hugo Chávez en Venezuela, y como la que, sin ocultarlo, trata de imponer en nuestro país el presidente Fernando Lugo, siguiendo la estrategia pergeñada por el violento guerrillero argentino-cubano Ernesto “Che” Guevara en su libro “La guerra de guerrillas”. Extrañamente, hasta ahora las élites de la sociedad de nuestro país, responsables naturales del destino de la Nación, por ignorancia o desidia, no atinan a reaccionar ante tan grave amenaza contra la democracia y la libertad de la República.
Pareciera que han optado por abdicar de la suprema responsabilidad de defender el más sagrado principio de la democracia representativa: la soberanía popular. De persistir esta irresponsable inacción política de los líderes de nuestra sociedad, la agresiva minoría marxista que comanda Lugo tiene expedito el camino para tomar posesión material de un Estado que ya han logrado conquistar espiritualmente por defección de los ciudadanos que debieran defenderlo a rajatabla contra el yugo de la tiranía.
Pese a tangibles indicadores de descomposición política, económica, social, militar y diplomática que van minando la institucionalidad de la República, los responsables de la suerte de nuestra sociedad hasta ahora se mantienen en desconcertante actitud de indiferencia ante la embestida autoritaria que como supremo administrador del Estado lleva adelante el presidente Lugo, por diversos medios, en los distintos campos del poder nacional, con el objetivo de desarticular el orden político vigente, reemplazándolo por una dictadura personal, según la interpretación chavista de la soberanía popular. Hasta ahora, los líderes del país no han demostrado ser capaces de colocar en perspectiva los tres principales frentes de ataque de los luguistas, para así poder apreciar en su verdadera magnitud la grave amenaza que se cierne sobre nuestra débil democracia.
En efecto, siguiendo al pie de la letra la doctrina estratégica diseñada por el “Che” Guevara, el presidente Fernando Lugo y sus seguidores están llevando a cabo, campantemente, los tres axiomas extraídos de la experiencia revolucionaria cubana, convencidos de que por ese camino van a continuar en el poder más allá del 15 de agosto de 2013. Primero, que las guerrillas (el EPP) pueden derrotar a las fuerzas militares regulares; segundo, que no hay que esperar a que exista un clima insurreccional, pues los “focos” guerrilleros pueden crear esas condiciones; tercero, que el escenario natural para esta batalla es el campo y no las ciudades, pues el corazón de la guerra revolucionaria guerrillera está en las zonas rurales.
Al presente, poniendo en perspectiva lo que está sucediendo con el recrudecimiento de las acciones criminales del EPP en la zona norte del país, y la reiterativa aparente incapacidad de las fuerzas militares y de la policía para acabar con esta minúscula gavilla; la invasión de propiedades privadas rurales en la zona de Ñacunday y otros lugares, y la relativa calma social en las ciudades –solo perturbada por la delincuencia común– nos dan la pauta, con meridiana claridad, de cuán ajustadamente el presidente Lugo y sus aliados marxistas están consiguiendo sus objetivos políticos estratégicos, operacionales y tácticos consignados en el manual de operaciones del controvertido guerrillero.
Los atractivos y adornos con que el presidente Lugo procura embaucar al pueblo acerca de su supuesto compromiso con el sostenimiento de la institucionalidad democrática de la República no pueden contra la verdad fría y desnuda de los hechos que jalonan su ruta hacia la implantación del bolivarianismo chavista en nuestro país siguiendo el libreto al que estamos haciendo referencia.
Así, en cuanto al primer punto más arriba señalado, la continuidad del impune accionar del EPP en los departamentos de Concepción y San Pedro es la confirmación de que el presidente Lugo no tiene la voluntad de acabar con este grupo criminal. ¿Por qué? Porque tiene que vender al pueblo la mentira de que las Fuerzas Armadas no pueden contra este grupo guerrillero o, lo que es lo mismo, que el EPP puede eventualmente derrotar a las fuerzas militares. De las fuerzas policiales –con quienes convive cotidianamente–, ni hablar.
Por otra parte, si hasta ahora el Presidente de la República no se ha abocado a crear un “clima insurreccional” en el país es porque se atiene a lo que le dicta el punto dos del manual guerrillero: eso lo puede crear el EPP cuando el Presidente le imparta la correspondiente directiva, en algún momento del proceso de subversión institucional, que, como toda premisa de futuro, tiene su indefinición.
El tercer punto de la estrategia guerrillera enfatiza la conveniencia de priorizar el campo como escenario para la acción subversiva. El presidente Lugo lo ha honrado desde el inicio de su gobierno, con la falacia de las tierras de Teixeira primero, y con la inacabable sucesión de invasiones de propiedades privadas agrícolas y ganaderas después, por los “sintierras”, “carperos”, etc., y que, sin duda, continuarán.
¿Por qué el presidente Lugo no se dedicó a “sanear” el Indert, Catastro y Registro General de la Propiedad desde el primer día de su gobierno, puesto que ya desde antes de asumir el cargo conocía muy bien las tremendas irregularidades institucionales prevalecientes en dichas dependencias públicas? Que recién ahora venga a descubrir el “huevo de Colón”, a menos de dos años de terminar su mandato, no es creíble en absoluto. Sin duda, esta deliberada omisión de responsabilidad gubernamental se ajusta al guión guerrillero que marca la pauta del gobierno de Fernando Lugo: crear “focos” de conflictos en el campo; si hay violencia y sangre, mejor.
Ante el peligro del rebrote autoritario en ciernes, cabe recordar a nuestros conciudadanos que los enemigos de la democracia pueden triunfar solo si los demócratas se derrotan a sí mismos por culpa de su arrogancia, intransigencia, ineptitud o codicia.
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