“Bloodlands”, Europa entre Hitler y Stalin

Por Manuel Márquez-Sterling
Con ese escalofriante título ha salido a la luz un formidable tomo de la pluma y el estudio del profesor de historia Timothy Snyder de la Universidad de Yale. ¿Su tema? El brutal y horrendo genocidio perpetrado por dos de los más sanguinarios monstruos que produjo el siglo XX: Hitler y Stalin.
“Bloodlands” según el autor, son las tierras que se extienden desde la Polonia central hasta las zonas contiguas de la fenecida Unión Soviética. Estas “Tierras Ensangrentadas” además de Polonia incluían a la vasta Ucrania, a la Belarusia, y a las naciones bálticas de Lituania, Letonia y Estonia. En ellas fueron exterminados a ciencia y paciencia nada menos que unos 14.5 millones de seres humanos. Y la cifra es conservadora, pues hay otros estimados que las sobrepasan.
Y de estos 14.5 millones de seres humanos ¡ninguno murió peleando en las batallas que allí se libraron!
Las sangrientas depredaciones de Hitler y los Nazis son bastante bien conocidas y documentadas en su gran mayoría. Las de Stalin, a quien el presidente Roosevelt llamaba “Papa Joe”, con esa frivolidad política tan irresponsable que siempre lo caracterizó, no lo son. Baste decir, al respecto, que la ignorancia mundial de las matanzas de “Papa Joe” se han debido a que al terminar la guerra la Unión Soviética era una de las naciones aliadas vencedoras y no se podían hacer investigaciones en sus archivos herméticamente cerrados y por las actividades de las izquierdas mundiales, esas hermanas de sangre del comunismo, y por el “Holocausto” judío que concentraba todos los estudios y miradas en su horror cautivante de hasta donde puede llegar la brutalidad del ser humano.
Gracias a Dios ya hoy por hoy “Papa Joe” no se puede escapar de que sus sanguinarias actividades salgan a la plena luz. El libro del profesor Snyder lo ha sacado de las oscuras bambalinas de esa pesadilla que se dio en llamar la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas y a la cual se afilió ese otro verdugo, Fidel Castro, quien como buen discípulo del ruso, habrá de pasar a la historia como el hombre que más seres humanos mató en el Hemisferio Occidental.
La obra de Snyder, de unas 400 páginas, va descubriéndole y cuantificándole al lector como Stalin, en dos períodos de la década de los años treinta ordenó y llevó a cabo el exterminio de siete millones de seres humanos. (Los otros siete se le adjudican a los alemanes). Los “modus operandi” del brutal dictador ruso eran una variedad de formas de ejecución donde, por encima de todas, reinaba la de intencionalmente matar de hambre a aquellos que su diabólica mente pensaba que debían ser inmolados para solidificar la revolución, sangrientamente inaugurada por Lenín. Las narraciones de casos documentados son espeluznantes, especialmente los del canibalismo que se había extendido por toda esa triste región que hoy es la nación libre de Ucrania.
Las historias de estas muertes a granel llegaban al occidente por los reportajes de algunos que habían viajado por las “tierras ensangrentadas” pero estas narraciones se veían rebatidas por los “idiotas utilizables,” que las tildaban de exageraciones o fantasías para atemorizar a las gentes. Uno de estos que se encargó de desacreditar los reportajes de las muertes por hambre fue Walter Duranty, corresponsal del New York Times [siempre el New York Times] quien en 1932 recibió el prestigioso premio “Pulitzer”
Los crímenes de Hitler han sido correctamente categorizados como “genocidios” por las Naciones Unidas. Los de Stalin no. No porque se aduce que no se puede declarar la muerte de muchas gentes un genocidio si en el acto criminal no hay bien probado el elemento de la “intención” de cometer ese crimen. Creemos que después de lo que se ha ido descubriendo al respecto de “Papa Joe”, que indica o descubre la intención de este monstruo en exterminar a clases sociales y a nacionalidades, va siendo hora de que su expediente se abra otra vez. Esos siete millones de inocentes lo reclaman desde sus tumbas communes.
Esta nueva obra del historiador Snyder es una gran contribución a una tarea que habrá de contestar el grito horripilante de la poetisa rusa Anna Akhmatova cuando en su “Réquiem,” refiriéndose a esas víctimas dijera: “¡Quisiera llamarlos a todos ustedes por sus nombres, pero la lista ha sido borrada y no hay otro lugar a donde mirar!”…
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