Cuba: Raúl Castro y el Gatopardo
En 1992, tras el desplome de la Unión Soviética, el “padrino” rico de Cuba, Raúl Castro convenció a su hermano de que era necesario introducir reformas “capitalistas” para salvar a la revolución. La iniciativa privada regresó a Cuba de la mano de los llamados “merolicos” o “cuentapropistas”, a los que se otorgaron licencias para realizar determinados trabajos o abrir pequeños negocios, como un “mal necesario” temporal, fuertemente regulado. Las trabas que impuso Fidel Castro, una fiscalidad abusiva, multas y dificultades para renovar las licencias, terminaron por apuntillar a los herederos de los “bandidos” de antaño.
La muerte de la iniciativa privada condujo a Cuba a un paternalismo de miseria que ahora Raúl Castro se propone desmontar, porque el Estado ya no puede hacerse cargo de sus ciudadanos. Lo sorprendente es que el Gobierno ha arremetido contra lo que llama “vicios del paternalismo”, originados por una sociedad acostumbrada, según el diario oficial Granma, a recibir todo sin dar nada a cambio.
Muchos de los “beneficios” sociales de la revolución van a desaparecer, entre ellos la exigua libreta de racionamiento, y se va a llevar a cabo un “Proceso de reordenamiento de las plantillas”, eufemismo que encubre el despido de medio millón de trabajadores cubanos, antes de marzo de 2011, y cerca de un millón más, los tres años siguientes. El “pleno empleo” comunista con salarios de miseria da paso ahora al despido libre, con trabajadores “idóneos” (los que se quedan) y “disponibles” (los que se van), sin derecho a indemnización.
A cambio, el Gobierno otorgará licencias para realizar 178 actividades por cuenta propia, entre ellas la de “forrador de botones”, “barbero”, “paseador de perros”, “recolector-vendedor de recursos naturales” o “elaborador vendedor de alimentos y bebidas no alcohólicas al detalle en punto fijo de venta”. Los nuevos “empresarios”, que pagarán altísimos impuestos, no tendrán asalariados a su cargo, sino “trabajadores contratados solicitados por los trabajadores por cuenta propia para laborar con ellos”.
Después de más de medio siglo, Cuba se abre de nuevo a la iniciativa privada sin que Fidel Castro, viejo y enfermo, pueda ya evitarlo. Para sobrevivir, Raúl Castro necesita matar simbólicamente al padre de la revolución. Mira con envidia a China, sin perder de vista a Giuseppe Tomasi di Lampedusa: “Si queremos que todo siga como está es necesario que todo cambie”.
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