El humor en el museo

SALAMANCA. – “La revista más osada para el lector más inteligente”, era el desafío que lanzaba, a manera de subtítulo, la revista de humor “La Codorniz”, hoy desaparecida, pero que hará su entrada triunfal en el Museo de Arte Contemporáneo “Reina Sofía” de Madrid. Nuevo director y nuevo reordenamiento, el museo cumplirá sus veinte años con una revisión total de sus colecciones que abarcan desde 1945 a 1968. Las dictaduras no toleran el humor porque las dictaduras son solemnes, son grandilocuentes, son serias, son patrioteras y nunca son ellas mismas, sino encarnan alguna otra cosa: a los padres de la patria, e incluso a la patria misma. Ejemplos hay a montones.
Por eso “La Codorniz”, durante los años de mucha represión del franquismo, se convirtió en el medio más crítico del régimen porque con sus viñetas que recordaban las líneas más puras y esenciales del surrealismo español, decía cosas que ninguna otra publicación se atrevía a decir. No sufrió clausuras, pero sí suspensiones a causa de sus “extravíos ideológicos”.
Fue célebre su sección de “Meteorológicas”. “Reina en toda la península un fresco general venido del noroeste”. Franco era de Galicia (noroeste de España) y “fresco” pues se utiliza como una persona desvergonzada. Lo que se quería decir era más que evidente. Y la revista fue suspendida a aparecer durante un mes. Y en el último número antes de iniciar su periodo de castigo, al mismo tiempo que comunicaba a sus lectores que estaría ausente durante un mes, publicó una sección llamada “Matemáticas”. Y bajo el título de “Ecuación”, se proponía el problema: “Bombín es a bombón como cojín es a equis. Nos importa cuatro equis que nos cierren la edición”.
“La Codorniz” aparecía los sábados y con frecuencia se agotaba en los quioscos antes del mediodía. No eran solo sus viñetas y sus “artículos de fondo”, sino además se había convertido en uno de los medios con mejor crítica de cine, de teatro y de artes plásticas. No hacía concesiones a nadie. Por aquel entonces, a uno de los hijos de la Duquesa de Alba, de no más de doce años, se le ocurrió pintar. Fue suficiente para que una de las mejores galerías de Madrid le organizara una exposición con sus obras: casi todas unos enormes loros de plumas verdes, rojas y azules. Los periódicos afines al sistema no escatimaron elogios para el joven artista. Pues fue “La Codorniz” la única que se atrevió a poner los puntos sobre las íes.
Su director Alvaro de la Iglesia escribía algunos artículos, mientras los dibujos desopilantes de Chumy Chumez, de Mingote, de Mihura, además de otros que lamentablemente no recuerdo, llenaban sus páginas de un caos de imágenes que desbordaban las páginas de libertad. En torno a la revista se creó toda una mitología, la gente comentaba cosas que aparecieron en “La Codorniz” y cosas que nunca no. Algunas veces fueron ciertas, como cuando el gobierno de Franco celebró los “25 años de paz” que su gobierno había dado a los españoles. La inscripción estaba en todas partes, incluso en la tapa de la revista, con la única variante de que en la parte inferior había una mesa de estudiante con un globo terráqueo y un gran libro en cuyo lomo se leía: “Ciencia”. Leyéndolo todo junto pues daba “25 años de paciencia”. Quince días de suspensión. No se daban por vencidos, pues eran conscientes de que no se trataba simplemente de una revista de humor, sino era uno de los pocos sitios en que se podía hablar de libertad. Creo que la única revista de humor comparable con “La Codorniz” fue la argentina “Satiricón”, contra la que sí pudieron los militares de la sangrienta Junta.
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