Todos somos Gekko
"Greed is good" dijo aquel famoso personaje que popularizó la imagen del banquero con tirantes, camisa con yuntas y pelo mojado allá por los ochenta. Gordon Gekko y la película Wall Street representaron los excesos de una década reflejados en la crisis de los Savings & Loan, la bonos basura, Michael Milken, la arrogancia y el ingenio de Wall Street.
Aunque el director y creador Oliver Stone prefirió no sacar la secuela de Wall Street para criticar los excesos de la década de los 90 como fue la era del dot.com, sí encontró oportunidad para hacerlo en esta época donde vivimos una de las peores crisis financieras en mucho tiempo.
Les confieso que vi la película y la disfruté. Claro que en todo momento tenía un fiscal mental que me decía en letra pequeña: "Advertencia: Hollywood tiene la libertad creativa de elegir -y por descarte rechazar- hechos parciales de una compleja realidad y transformarlos en una literatura cinematográfica que ayude a llevar el mensaje del creador". O sea, "Wall Street: Money Never Sleep" no intenta contar en detalles lo que pasó, cómo pasó y porque pasó la crisis económica. Quien pretenda buscar respuestas a estas preguntas en una película comercial va a recibir una decepción.
Lo que no deja duda la película es en mostrar la compleja relación entre el hombre, el dinero, la confianza y la avaricia. Aunque el escenario se centra en las altas esferas del mundo financiero, lo cierto es que, contrario a la creencia, generalizada, la avaricia del hombre y mujer y su compleja relación con el dinero está en todos nosotros.
¿Acaso crees que la codicia es un monopolio de Wall Street? No. En todos nosotros vive un Gekko.
Estuvieron los Gekko-consumidores que buscaban comprar la casa de sus sueños no importando si exageraban sus ingresos o información financiera para conseguirla; agentes hipotecarios que vendían los préstamos que más dinero les generaban. Tasadores que exageraban las valoraciones y abogados que se hacían la vista gorda mientras sus cuentas bancarias aumentaban. ¿Aquí no existió la codicia?
Los Gekko-medios que vendían sus espacios al mejor postor que pagara por ese espacio. Es la libertad de opinión que tienen todos para anunciarse, sin reparar en las consecuencias que ocasionaría para aquellos individuos y familias que siguieron los consejos irresponsables de esos "consejeros financieros". ¿Aquí no existió la codicia?
¿Qué me dicen de los Gekko-políticos que aumentaban las cuotas de préstamos porque recibían dinero de constructores, banqueros y consumidores que se beneficiaban del libre acceso a subvenciones a cambio de dinero y más votos en las elecciones? ¿Aquí no existió la codicia?
Y los Gekko-inversionistas internacionales – que van desde pensionados, trabajadores hasta fondos soberanos- que ponían su dinero donde más producía. ¿Acaso no es codicia?
Criticar a otros de avaros, no nos exime o borra la realidad que dentro de cada uno de nosotros hay un Gordon Gekko gritando "greed is good". Desde un individuo en las calles de Haití, el más rojo de los comunistas hasta el anarquista más individualista, todos somos codiciosos. Queremos más y más. Está en nuestro DNA. Cierto que unos lo tienen mas aumentado que otros, como también la educación y la circunstancias puede intensificar la codicia en unos más que otros. Pero, ese deseo vehemente o excesivo es parte de cada uno de nosotros.
Si somos honestos sabemos que la avaricia generar cosas buenas como también puede aniquilarnos. ¿Cómo controlarla para que saquemos beneficio de ella y nos protejamos cuando nos atacamos? Competencia, libertad de mercado, opciones y libertad de elegir, libre transparencia en la información, educación financiera y ética para nivelar a todas las partes, eficiente administración de justicia y la mejor regulación de todas: el miedo y castigo. Todos tenemos que saborear la experiencia que nuestras decisiones tienen consecuencias. No importa si eres rico o pobre, poderoso o anónimo, cuando nuestro Gekko sabe que las decisiones conlleva castigo y fracaso, nos hace más prudente, cauteloso y precavidos.
Al final tú decides.
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