Libertad académica: Edición Obama
Por Cal Thomas
Levante la mano si usted cree que el gobierno está muy poco involucrado en nuestras vidas. Bajen la mano, miembros de la Administración Obama.
Durante un anterior levantamiento político en la década de 1980, las instituciones académicas pudieran evitar los ataques conservadores contra algunas de las asignaturas que se enseñaban en sus campuses – desde “estudios sobre la paz”, hasta extrañas prácticas sexuales, y mala historia – con gritos de “libertad académica”. ¿Dónde están esos gritos ahora que el gobierno federal está a punto de regular el contenido de las asignaturas en campuses universitarios y cambiar la forma en que esas instituciones reciben su acreditación?
Según el Centennial Institute, https://www.ccu.edu/centennial/, una propuesta nueva regla del Departamento de Educación de los EE.UU. (DOE) “colocaría a las universidades y colleges privados bajo el control definitivo de los gobiernos estatales en vez de agencias independientes de acreditación. El aviso de la propuesta regla se publicó en el Registro Federal el 18 de junio para un período de comentarios públicos que terminó el 2 de agosto. Podría entrar en vigor tan pronto como noviembre”.
El ex Senador federal Bill Armstrong, ahora presidente de la Colorado Christian University, le escribió una carta al Secretario de Educación Arne Duncan el 30 de julio. En ella, él advertía de “una politización total de la educación superior estadounidense, poniendo en peligro la libertad académica, el proceso justo y los derechos de la Primera Enmienda”.
El American Council on Education, en una carta, advirtió de “fuertes cargas de cumplimiento” y “regulaciones que parecen rechazar la ley estatal”.
Armstrong dice que el intento de parte del gobierno por regular los planes de estudio “es parte de una toma de poder sin precedentes en la cual ya se ha situado el gobierno para dominar industrias como las del automóvil, energía, cuidado de salud, banca, préstamos para casas y préstamos estudiantiles – y ahora quiere dominar a las propias universidades y colleges”.
Dos congresistas republicanos de Colorado, Doug Lamborn y Mike Coffman, también han enviado cartas al DOE en las que señalan que las propuestas reglas socavarían a las “agencias acreditadoras independientes establecidas por mucho tiempo”(Lamborn) y potencialmente involucrarían al gobierno en “fijar los requisitos de cursos, medidas de calidad, calificaciones de facultades y varios mandatos sobre cómo y qué enseñar”. (Coffman).
Imagínense el escándalo si alguien identificado con el movimiento del “tea party” hubiese hecho demandas similares a una Administración Republicana en relación con lo que se enseña en Harvard o en la Universidad de California Berkeley. Habría protestas enormes y una demanda por la Unión de Libertades Civiles (ACLU).
Por mucho tiempo los conservadores han creído que la mayoría de las universidades son parte de un “triángulo de hierro” (junto con los grandes medios informativos y gobierno) que mantiene a los liberales y laicos en el poder. Controlar lo que se enseña en las escuelas, en vez de alentar la verdadera libertad académica, ha sido una estrategia exitosa para formar – algunos dirían deformar- mentes jóvenes y dirigirlas de acuerdo con lo que los estatistas y los defensores de la “constitución viva” creen.
Si imponer agendas de afuera – desde el contenido de los libros de texto hasta la selección de cursos – supuestamente es malo cuando los conservadores lo hacen (mayormente como reacción al ataque liberal contra cualquier idea que esté en conflicto con las de ellos), ¿por qué no es igualmente oneroso cuando los liberales impulsan el control estatal y dictan el contenido de los cursos en universidades y colleges privados?
Va a tomar más de un presidente de college y dos congresistas escribiéndole al Secretario de Educación sobre este último intento del gobierno para adueñarse de todo. Más miembros del Congreso, otros presidentes de college y editorialistas de periódicos deben expresar su oposición a este ataque contra el derecho de los educadores de enseñar los que ellos creen son cursos esenciales que resultarán en un alumno bien educado que esté preparado para el mundo real.
Esto no debe confundirse con el enfoque liberal-laico del mundo, que es lo que esos que apoyan esta regulación aparentemente quieren imponerles a los estudiantes y a sus padres quienes, en muchos casos, están pagando la cuenta y muy a menudo contribuyendo a la destrucción de jóvenes mentes.
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