Piñera aprueba su primer examen
Por Hector Soto
Santiago. – El Presidente leyó ante en Congreso un mensaje cargado de logros, planes, ideas y entusiasmos
En su primera cuenta al Congreso Nacional, a sólo diez semanas de haber iniciado su gobierno, Sebastián Piñera hizo un breve recuento de los logros de su programa de emergencia post terremoto y fijó ayer los siete grandes desafíos que se propone afrontar su administración. El mandatario también descolocó a la oposición de centroizquierda: varios de los temas que tocó (impuesto a las grandes empresas, pobreza, igualdad de género, reducción en el costo de los planes de salud para los jubilados, protección social a la clase media) correspondían a aspiraciones que la Concertación siempre alentó pero nunca tomó realmente en serio.
Ayer el Presidente Piñera volvió a ser el líder personalista, el político autónomo y el derechista heterodoxo que siempre ha sido. En las casi dos horas que le tomó su exposición, y no obstante haber hecho un reconocimiento a sus cuatro antecesores, no hubo un solo agradecimiento a la coalición política que lo llevó a La Moneda y apenas destacó explícitamente a dos de sus ministros, Rodrigo Hinzpeter de Interior y Joaquín Lavín de Educación.
Sin embargo, aunque no nombró a los partidos que lo apoyan, RN y la UDI, trazó para su administración una agenda valórica que interpreta a amplios sectores de la derecha: respeto a la autoridad, seguridad ciudadana en las ciudades, apoyo a la familia, estímulos a la natalidad y nupcialidad, lucha contra el embarazo adolescente.
Los temores de la UDI sobre un posible envío al parlamento de un proyecto para regular los Acuerdos de Vida Común, que favorecían la gestión de aspectos patrimoniales de parejas hetero y homosexuales fueron infundados. Piñera será liberal en materia política, como que jamás apoyó al general Pinochet, y será pragmático en cuestiones económicas, como que no tiene empacho en irritar a una parte de la derecha con alzas transitorias de impuestos, pero en los temas valóricos es bastante más leal con su sector.
Piñera anunció que el gran objetivo que movilizará a su gobierno será poner a Chile a fines de la presente década entre las naciones desarrolladas y exhortó a la unidad nacional para conseguirlo. Es lo mismo que se propuso el año 2000 el presidente Lagos, cuando dijo que el 2010 Chile iba a cruzar el umbral del desarrollo. Desde luego fracasó y su administración de hecho terminó con indicadores de crecimiento inferiores a los que el país había alcanzado en los años 90.
En todo caso, como su mandato expira el 2014, el Presidente Piñera asume que su administración tendría que tener continuidad política. Cuando termine su período, de todos modos, el país debería contar con un millón de nuevos empleos, con una economía creciendo al 6% anual, con brechas de desigualdad en la sociedad chilena sustancialmente inferiores a las actuales, con una revolución educacional en curso y con un aparato estatal no sólo más eficiente sino también más sensible a las necesidades de los sectores de ingresos medios y bajos.
Como carta de navegación, Piñera pronunció un primer mensaje imponente y desafiante. Su exposición estuvo cargada de tareas, indicadores, proyectos, entusiasmos, cifras, planes, iniciativas y propuestas. Esto es más, mucho más, de lo que Chile vio en los últimos 20 años. Los siete pilares de su administración apuntarán a crecimiento económico, empleo, delincuencia, educación, salud, pobreza y perfeccionamiento de la democracia.
La gran duda es si una agenda tan recargada como la que trazó es ejecutable en sólo cuatro años y con un aparato público tan pesado y burocratizado como el existente. Como en todos los países latinoamericanos, en Chile mover al Estado cuesta un mundo. Piñera, que es infatigable por carácter y compulsivo por doctrina, cree que podrá hacerlo. No sólo eso: cree que su gobierno debiera ser evaluado en función de metas y resultados.
Por eso, entre otras cosas, su mensaje fija tantos objetivos y entrega tantas cifras. Va a ser relativamente fácil evaluar este mandato. En su momento se verá si cumplió o si no pudo. Piñera dijo en la campaña que él podía hacerlo mejor y ahora tendrá que demostrarlo. Las diez semanas que lleva en el poder le han mostrado que el desafío no es tan fácil. Pero ayer el mandatario volvió a reiterar que su gobierno quiere y acepta ser medido en términos de gestión. Si lo hace bien, él se cubrirá de gloria. Pero si no, que la derecha vaya escogiendo la tumba donde quiera ser enterrada.
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