Corte Suprema de los EE.UU.: El próximo magistrado
Por Cal Thomas
¿Verdad que sería estupendo que por una sola vez, una sola, un presidente Demócrata liberal nombrase a la Corte Suprema a alguien que él creyese reflejaba sus puntos de vista sobre la Constitución y que luego ese magistrado virase hacia la derecha después de su confirmación? Esto no ha sucedido desde que John F. Kennedy nombró a Byron “Whizzer” White a la Corte y White fuera uno de los dos votos en contra del desgraciado caso del aborto Roe v. Wade en 1973.
Todos los jueces nombrados por presidentes demócratas desde entonces han sido decididamente liberales. Los presidentes republicanos han tenido menos éxito en nombrar juristas realmente conservadores a la Corte. Dwight Eisenhower llegaría a considerar a Earl Warren como “el mayor estúpido error que yo he cometido”. Gerald Ford, un Republicano moderado, nombró a John Paul Stevens, que ahora se retira, quien tenía un punto de vista liberal sobre el texto constitucional. El santificado (para los conservadores) Ronald Reagan le dio al país a Sandra Day O’Connor y Anthony Kennedy. O’Connor era el voto decisivo en casos que pudieran haber dado marcha atrás a la ley del aborto (Roe) que vino a significar aborto a petición, pero se negó a hacerlo.
Lo mismo con Kennedy, que se preocupó más por el precedente que por un caso mal decidido. George H.W. Bush nombró a David Souter después que su jefe de personal, y amigo de Souter de New Hampshire, John Sununu, le dijese que era un conservador confiable. Souter resultó ser tan liberal como el Magistrado Stevens en muchos casos importantes. El problema durante más de medio siglo ha sido si los miembros de la Corte Suprema se ven a sí mismos como fieles intérpretes de lo que los Fundadores querían, o como jueces por la libre con la potestad de crear la ley, diciendo que eso era lo que los Fundadores querían, o peor aún, creyendo que no importa lo que los Fundadores querían, que es a donde nos han llevado los jueces liberales. Demasiados juristas modernos se comportan como dioses constitucionales dando los mandamientos como si estuviesen en el Monte Sinaí.
El Presidente Obama comparte este enfoque liberal de la Constitución, así que es poco probable que él nombre a un moderado y mucho menos a un conservador, a la Corte. En su libro “La Audacia de la Esperanza”, Obama dedica un capítulo completo a sus ideas sobre la Constitución. Para él su texto no es fijo, sino fluido y por lo tanto abierto a una interpretación subjetiva de parte de presidentes y magistrados. Obama piensa que la libertad de expresión, para poner un ejemplo, requiere una interpretación distinta en la era del Internet de la que era en el Siglo 18, y, además, escribe él, los Fundadores estuvieron en profundo desacuerdo en muchos temas. En efecto, pero sí estuvieron de acuerdo en el texto de la Constitución. Un editorial de The New York Times dijo que el Magistrado Stevens tenía la reputación de estar en el lado de la “equidad y la justicia”. La izquierda se reserva el derecho de interpretar estas nociones.
La Constitución no debe estar abierta a interpretación individual. Los que la redactaron realmente querían lo que escribieron. Sus palabras han servido bien al país, al menos hasta que los que las reinterpretan comenzaron a definir las palabras de acuerdo con sus prejuicios políticos. Los liberales ven la Constitución como un impedimento a su agenda política y social. Al igual que el agua que corre cuesta abajo, los juristas liberales pasan alrededor de, por encima, por debajo o a través de cualquier obstrucción que les impida imponer su opinión desde la Corte y sin la aprobación de la Constitución o del electorado.
Quienquiera que Obama nomine, al menos dos cosas están garantizadas. Primero, la persona será un liberal en la tradición de John Paul Stevens y del Presidente de la Corte, Magistrado Charles Evans Hughes (1862-1948), quien dijera “La Constitución es lo que los magistrados dicen que es”.
Segundo, no importa cuán a la izquierda esté esa persona, no oiremos a los grandes medios decir que el nominado está “fuera de la corriente principal” como hacen cuando un presidente Republicano nomina a un conservador a la Corte. Según algunos cálculos, esta nación es un 70-30 de centro derecha. Entonces, ¿Cómo es que un nominado liberal de la extrema izquierda es considerado de la corriente principal y un moderado-a-conservador no es de la corriente principal? Siempre hay una posibilidad de que un nominado de Obama se convierta a la moderación judicial, pero eso tiene tantas posibilidades de suceder como que haya una rebaja de impuestos por parte de este presidente.
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