America Latina: ¿Irrelevante?
Por Juan Larraín
La relevancia de nuestro continente en la política exterior estadounidense es un tema recurrente para los analistas políticos de todos los colores, especialmente cuando se inaugura una nueva administración. Así ocurrió también con el Presidente Obama, en quien se habían abrigado esperanzas de un nuevo trato y un renovado interés hacia la región, después que los anteriores mandatarios habían vuelto sus ojos hacia otras áreas del mundo y tenido otras prioridades.
Pero ¿qué esperan realmente nuestros países de Estados Unidos? En este aspecto no hay claridad. Algunos desean pura y simple “ayuda”, es decir dádivas de las agencias gubernativas que dan asistencia y créditos muy blandos de aquellos organismos financieros en los que Washington tiene una influencia decisiva. Otros, en cambio, en otro nivel de desarrollo y por ende con una visión más madura de la cooperación internacional, buscan ampliar mercados para sus productos e inversión para desarrollar la industria y explotar recursos naturales que requieren de capital y tecnología. Finalmente, hay también un conjunto de países que, con gran estridencia, quieren alejar al “imperio” de los asuntos hemisféricos, pues ven en el solo un afán de dominación y una nueva forma de colonialismo…
Por otra parte, Estados Unidos observa una región dividida, donde conviven visiones divergentes y proyectos políticos y económicos, como en el caso de los miembros del ALBA, reñidos con la democracia y el respeto a los derechos humanos, que son pilares de su política exterior. Ante esta situación, que impide una aproximación regional, como han sido las fallidas iniciativas de integración comercial, Estados Unidos ha optado por avanzar –a mi juicio acertadamente- profundizando sus relaciones con aquellos países con los que tiene una afinidad valórica y demuestran interés en estrecharlas. Es así, por ejemplo, que en la imposibilidad de materializar la zona de libre comercio de las Américas, ella ha sido reemplazada por acuerdos bilaterales con un numero de países, aun cuando la crisis económica y otras consideraciones internas, han obstaculizado la aprobación por el Congreso de aquellos suscritos con Panamá y Colombia.
Con la excepción de México, por razones que huelga explicar, en menor grado Brasil dado su tamano, poblacion e importancia economica y luego Colombia debido a la amenaza que representa el narco-terrorismo, el resto del continente no gravita en la política exterior de Estados Unidos. Ahora menos que nunca, al estar enzarzado en dos guerras y enfrentando serios problemas que afectan la seguridad y sus intereses vitales en zonas estratégicas del mundo.
En una medida no despreciable, esa falta de gravitación es de responsabilidad nuestra y debemos reconocerlo si queremos enmendar rumbos. En momentos que nos aprestamos muchos de nuestros países a celebrar el bicentenario de la independencia, seria muy conveniente hacer un alto en el camino y preguntarnos que hemos hecho de ellos en estos casi dos siglos. Me temo que si somos sinceros con nosotros mismos, el balance no será muy halagüeño. La culpa de nuestros males no hay que buscarla en los torcidos designios del imperio, las compañías transnacionales o la colonización española, como alguien de mente afiebrada señaló por ahí. En lugar de implementar sostenidamente en el tiempo políticas sensatas que promovieran el desarrollo social y económico, atrajeran la inversión y la transferencia tecnológica y fomentaran la iniciativa individual, con una majadería contumaz hemos ensayado
Una y otra vez esquemas socializantes y populistas, probadamente fracasados en todas las latitudes, incluyendo por cierto nuestra región. Para comprobar lo anterior solo basta echar una mirada a lo que ocurre en los países del ALBA y lo que proponen sus preclaros “lideres”, bajo la inspiración de los hermanos Castro y los petrodólares que prodiga el charlatán bolivariano.
Esto es lo que nos ha vuelto irrelevantes, pero no solo para la política exterior de Estados Unidos, sino también para un planeta globalizado que como un tren en marcha parece estar dejándonos en el anden, sumidos todavía en discusiones fútiles e inconducentes. Los economistas mencionan la década perdida de Latinoamérica; ¿cuantas hemos perdido en estos dos siglos de vida independiente?
El autor es profesor de la Universidad de Miami y ex Embajador de Chile en la Organización de las Naciones Unidas (ONU).
- 28 de septiembre, 2026
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- 1 de octubre, 2012
- 24 de septiembre, 2026
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