Lo dijo Prometeo
Por Xavier Serbia
Prometeo nos advirtió que Pandora traería pobreza, enfermedades y problemas. Pero, no lo escuchamos y así pagamos el precio, según la mitología griega. Pues no tenemos que ser unos expertos en la Grecia antigua para darnos cuenta que el exceso de endeudamiento abre la caja de Pandora trayendo serias consecuencias. El ejemplo más reciente es Grecia.
Actualmente un país que sólo representa menos del 5% de todo lo que produce la Unión Europea, tiene a Europa y al mundo en desvelo. ¿Por qué? Por abrir la caja de Pandora y emborracharse con exceso de deuda.
La causa del problema es relativamente fácil de entender: el gobierno ha estado viviendo con un déficit de cerca de 13%. O sea, de cada dólar que recibe el gobierno, gasta $1.13. Como los gastos no disminuyen, esos $ 0.13 centavos restantes se piden prestados. Bueno, cada año el mismo resultado: déficit, más deuda.
La deuda pública ha ido acumulándose hasta tal punto que la deuda nacional Griega sobrepasa la cantidad de dinero que produce el país. Por cada dólar producido en el país, se debe más de $1.20 centavos. A este ritmo, ¿puede el gobierno seguir gastando más de lo que le entra sin afectar su estabilidad económica? ¿Puede seguir pidiendo prestado sin controlar el gasto? ¿Qué pasaría cuando los prestamistas digan basta? Lo que nos había advertido Prometeo.
En los próximos meses el gobierno griego tiene que cumplir con cerca de $50 mil millones de dólares en préstamos que se vencen. Como no tienen dinero para pagar la deuda, tienen que pedir prestado emitiendo nuevos bonos para pagar la deuda que se vence. O sea, pagar las deudas viejas con deudas nuevas. Aunque es una práctica normal en las finanzas públicas (y también privada), al gobierno griego se le fue la mano y ahora los compradores de bonos no quieren prestar dinero porque ven que el país está muy endeudado.
¿Qué piden? Los inversionistas están pidiendo como condición bajar el déficit a cerca de un 3%. Eso implica bajar la nómina pública, congelar la contratación, extender la edad de retiro de los empleados públicos, subir impuestos y la lista sigue. Las quejas y culpas no se han hecho esperar. Aquel empleado pide que voten a otro. El retirado pide que paguen los que están trabajando. Estos piden que se recorten beneficios. Otros piden que pongan más impuestos a los “ricos” y las papas calientes vuelan por todos lados. ¿Y quién asume la responsabilidad? Bueno, esta se quedó huérfana.
Pero, a pesar del incremento en los gritos y muestras de enfado, aquellos que tienen el dinero para prestar exigen que Grecia se modere en sus gastos. Alemania y Francia, dijeron de forma clara que no financiarán hasta tanto los griegos vivan en presupuesto. El Fondo Monetario Internacional dice lo mismo. Los inversionistas también. Al gobierno griego no le quedo otra opción que ajustar el gasto público.
Cierto que la situación económica mundial agravó el problema. Pero, ante un exceso de endeudamiento, lo que hace la crisis es empujarnos al abismo, no subirnos y además ponernos frente al risco. El caso de Grecia es otro fresco óleo que nos pinta claramente el resultado que se tiene cuando vivimos excedidamente de puro préstamo.
El mismo principio se aplica a un país, a los gastos públicos, a las empresas y a la economía personal. Muchos se endeudaron durante el viagrazo hipotecario. Era muy normal ver personas y familias que compraron casas que valían más de cuatro, cinco y hasta seis veces su ingreso anual.
Lo mismo pasa con los endeudamientos en los préstamos de universidad donde jóvenes, y no tan jóvenes, tienen deudas que suman más de $40,000 dólares y se pasan años pagándola. Esto sin sumar las deudas en tarjetas de crédito. Si el ingreso fuera eterno y subiera todo el tiempo no habría problema. Pero, ante el primer temblor económico, nuestras finanzas personales se caen como una casa de naipes ante el primer suspiro.
¿Por qué? Porque tenemos nuestra economía personal construida sobre piso de fango. Lo de Grecia nos está pasando a muchos de nosotros y nos puede pasar en cualquier momento si no somos cuidadosos. Gastar, gastar y gastar hipotecando el futuro sin restricción es ignorar nuevamente las advertencias de Prometeo y condenarnos a la voluntad de Pandora. Al final tú decides.
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