Sudáfrica y Venezuela: El final y el comienzo de un Apartheid
Por Ana Julia Jatar
El pasado jueves 11 de febrero se cumplieron 20 años de la liberación de Nelson Mandela, luego de que sufrió 27 años de cárcel en su admirable lucha contra la inmoral política de separación (apartheid) entre blancos y negros impuesta por el entonces gobierno de Sudáfrica.
El pasado 4 de febrero se cumplieron 18 años del golpe de Estado que lideró nuestro actual Presidente contra un gobierno democráticamente electo.
Dos décadas después Venezuela y Sudáfrica han caminado senderos opuestos. Quién lo diría.
En 1994, cuatro años después de su liberación, Nelson Mandela fue electo presidente de Sudáfrica en las primeras elecciones libres y universales de su país para el júbilo de los negros y el terror de la minoría blanca.
El mundo democrático soltó un suspiro de alegría mientras se preguntaba si el júbilo de unos sería la desgracia de otros y si el país caería en una ola de venganza y revancha.
¿Sería Mandela capaz de unificar a su Sudáfrica? Era, obviamente, un reto nada fácil: décadas de confrontación y resentimiento en un país dividido por diferencias raciales y once idiomas oficiales. Pero Mandela estaba decidido a construir un país con base en la fortaleza de la cooperación entre los componentes de su diversidad y no en el odio entre ellos. Cuando llegó a su oficina en su primer día de gobierno, al ver a los funcionarios que habían servido para el Partido Nacionalista de los presidentes Botha y De Klerk preparar sus cajas para irse, les pidió que se quedaran porque el país los necesitaba.
Mandela se encontró un país dividido y tuvo que enfrentarse hasta a su familia más cercana para promover la unidad y descartar un apartheid al revés, que era lo que muchos temían.
La discriminación no iba a ser ahora de los negros contra los blancos sino que el país iba a progresar basado en las fortalezas de todos, el país arco iris que fundó.
Por contraste, la mejor forma de caracterizar lo que nos ha pasado en Venezuela en esta última década es la creación de odios y divisiones de clase y raza que no existían o la exacerbación de diferencias que palidecían en comparación con las sudafricanas, pero que bien podían haber sido superadas. Igualmente terrible ha sido la conformación desde el gobierno de un apartheid político como estrategia de Estado muy al estilo de todo lo que Mandela condenaba desde su prisión.
Este gobierno ha creado un apartheid, mientras Sudáfrica se liberó de otro. Mientras Mandela gobernó con inclusión, pues sabía que sin la reconciliación y sobre todo sin el apoyo y entusiasmo del país productivo, gran parte del cual estaba en manos de los blancos, no había futuro, en Venezuela se excluye a más de la mitad del país, se despiden empleados que no sean rojo-rojitos, se cierran medios de comunicación, se expropian fincas, bancos, centros comerciales y hasta edificios ¡que ya eran del Gobierno! por revancha contra una oligarquía que sólo está en la mente enferma de odio de quien nos gobierna.
Lo cierto es que la fuga de cerebros que se esperaba en Sudáfrica no llegó a producirse gracias a la sabiduría de un líder. Sin embargo, en América Latina las sociedades se dan con una piedra en los dientes por haber logrado atraer tantos jóvenes venezolanos talentosos que han huido de su país en búsqueda de futuro y oportunidades.
En junio de este año, el mundo se dará cita en Sudáfrica, donde se jugará la Copa Mundial de Fútbol y será una fiesta para todos los sudafricanos, quienes han recuperado el orgullo y el respeto por su país.
¡Qué lejos estamos de Mandela y de Suráfrica!
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