Inseguridad: ¿percepción o realidad?
Por Guillermo Lousteau Heguy
El crimen es un tema permanente de análisis en América Latina y de preocupación diaria en la vida de sus habitantes. La violencia criminal y el temor que provoca se expande en toda la región, a niveles superiores que en el resto del mundo.
En la percepción generalizada de la sociedad, la violencia en Méjico ha alcanzado niveles extraordinarios, sin precedentes y entre los más altos del planeta. Se ha llegado a sostener que el país es un caso de “Estado fallido”, en el cual el gobierno no puede alcanzar un mínimo de gobernabilidad. Pero, ¿es cierta esta percepción? Es decir, ¿se ajusta a la realidad?
De acuerdo con las cifras reales, esta percepción es equivocada. En un coloquio realizado en el Instituto Interamericano para la Democracia hace pocos días, Kevin Casas Zamora analizó con profusión de información el tema y llegó a conclusiones totalmente diferentes.
Casas Zamora ha sido vicepresidente de Costa Rica y actualmente es Senior Fellow de la Brookings Institution, posiblemente en número 1 de los “think-tanks” en los Estados Unidos. Casas-Zamora ofreció en su presentación una mirada a la violencia relacionada con la droga en Méjico y en la América Central, con datos que desmienten a esa percepción generalizada.
La primera de las conclusiones a que se arriba con los datos presentados por Casas-Zamora es que la tasa de muertes violentas en Méjico ha descendido desde 1997 al 2007 (de 17 muertes por 100,000 a 10) aunque repuntó levemente en el 2008 (12), lo mismo que el número de secuestros. El número de robos descendió fuertemente hasta el año 2005, a partir del cual ha vuelto a crecer, pero se mantiene de todas maneras en un nivel inferior al del año 1997. Otro parámetro, el de la victimización (cantidad de gente que uno conoce que ha sido víctima de un delito) alcanzó su pico máximo en el 2003, pero la tasa actual está por debajo a la de 1998.
Esta información, originada en el Instituto Ciudadano de Estudios sobre Seguridad (ICESI) y de Latinobarómetro, prueba claramente que -relacionada con su propia historia- la situación actual de Méjico es bastante menos grave que en el pasado, lo que va claramente contra la percepción popular y la que transmiten los medios de comunicación.
La comparación con otros países también desmiente la imagen apocalíptico sobre Méjico. La tasa de homicidios intencionales mejicanas ha sido desde hace mucho tiempo muy inferior a las de Colombia, El Salvador, Guatemala y Honduras. En el 2008, Honduras presentaba la tasa más alta (casi 60 por cada 100,000 habitantes), seguida de Guatemala (casi 50), Colombia (32, y que había llegado a 80 en 1991) y la más baja, Méjico (11).
Si bien el análisis por región y por ciudades muestra algunas diferencias, lo errado de la percepción generalizada sobre Méjico también se muestra sin problemas. Ciudad Juárez, el infierno terrenal, tiene una tasa de homicidios (133 por 100,000) inferior a Recife (381), Caracas (158 y segunda en la escala general) y algo superior a Ciudad de Guatemala (109) y Nueva Orleans (95).
Es en la correlación droga/crimen –objeto de la presentación de Casas-Zamora- donde el crimen ha aumentado: según la Comisión Nacional de los Derechos Humanos, en el 2008, las muertes relacionadas a las drogas (ejecuciones entre carteles) alcanzaron a 6033 (casi el 50% del total de homicidios), contra 2712 del 2007 y 1080 del 2001, mostrando una violencia más espectacular.
Vale la pena incluir en el análisis una consulta realizada entre los mejicanos sobre cuál consideran el más serio problema de su país. En una curva casi sin variaciones desde el 2001 hasta el 2009, la preocupación principal de los mejicanos son los problemas económicos (66.9%) contra el segundo –crimen y tráfico de drogas- 22.2%.
¿Qué conclusiones podrían extraerse de estos números?
Jorge Castañeda, en la presentación de su libro “El narco: la guerra fallida” compartió lo acertado de estas cifras. Pero su opinión difiere totalmente de la de Casas-Zamora en cuanto al resultado de la guerra contra la droga desatada por el presidente Calderón, a la que considera un error y un fracaso.
Las más importantes consideraciones que surgen de esta visión de la violencia y su conexión con el tráfico de drogas, es con respecto a los países centroamericanos, sobre los cuáles es imprescindible poner el foco en el futuro. Por los problemas de gobernabilidad, Guatemala puede ser el próximo país donde el narcotráfico se asiente con firmeza, y para algunos expertos, aún un país como Costa Rica se ve en peligro, cercano y parecido al de Colombia hace 20 años.
Esta distinción entre la percepción y la realidad sobre la violencia en Méjico es clave en la guerra contra el narcotráfico. No puede dejar de considerarse que son los propios carteles de la droga los más interesados en crear la imagen de que, en esta guerra, el gobierno no puede ganar, y que el dominio territorial y sicológico por parte de los violentos carteles de la droga es inevitable.
Guillermo Lousteau Heguy es argentino y director del “Interamerican Institute for Democracy” en Miami.
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