Hugo Chávez lanza primeras críticas a Piñera

"Es imposible que esté de acuerdo un empresario muy rico con una revolución socialista, pero yo le hago un llamado a que no se meta con nosotros". Esta advertencia de Hugo Chávez a Sebastián Piñera podría convertirse en el primer flanco del Presidente electo en materia de política exterior.
El lunes, Piñera había dicho que tiene "muchas diferencias con la forma en que se están manejando los temas públicos en Venezuela". Pero sería un error creer que los ataques son producto de un puro arrebato. Hay en ello mucho más: cálculo frío, intención preventiva, síntoma de nerviosismo.
Chávez quiere tomarle la medida al mandatario electo, al que no parece, por el sesgo de sus declaraciones, haber estudiado de cerca. Tomarle la medida a Piñera no sólo significa medir hasta dónde querrá llegar, sino hasta dónde cuenta con un piso sólido dentro de Chile para mantener un pulso permanente con Caracas. Chávez quiere averiguar si Piñera tiene estómago para hacerle frente, pero también, y esto acaso es lo más importante, si la oposición chilena de izquierda lo acompañará, guardará silencio o minará su posición cada vez que haya -y los habrá- rifirrafes bilaterales.
Anoche, en La Serena, Piñera reiteró sus dichos del lunes, pero evitando un tono confrontacional. "Respeto a todos los países y a todos los gobiernos, pero también tengo derecho a expresar mi opinión. Lo que yo he dicho es que la forma en que queremos la democracia en Chile y el modelo de desarrollo en Chile es muy distinto a la fórmula que está implementando el Presidente Chávez", dijo.
Cercanos al Presidente electo dijeron que evitarán responder a ese tipo de ataques, pero que seguirá fijando posición clara respecto de temas internacionales.
Piñera tiene muchas ventajas con las que no contaban Ricardo Lagos o Michelle Bachelet en sus conflictos con el venezolano. La situación en Venezuela es gravísima. La popularidad del autócrata ha caído por debajo del 40%, algo que sólo en muy contadas ocasiones ocurrió a lo largo de la década, y la situación económica se parece mucho a la típica antesala de la hiperinflación.
Otra ventaja de Piñera es el escenario latinoamericano. Cuando Chávez se metió con Lagos y, luego, con Bachelet, no había en America Latina un ambiente propicio para armar una coalición de democracias dispuestas a protegerse unas a otras, o al menos, a secundarse cuando hubiera una excesiva intromisión chavista. Hoy, esa situación empieza a cambiar. Alan García, Alvaro Uribe y Felipe Calderón han dado señas de querer intensificar la relación con Chile a raíz del triunfo de Piñera, y los gobiernos populistas que le hacían el juego a Caracas, como el argentino, están ellos mismos en situación tremendamente débil. El único que no lo está es el de Lula, en Brasil, pero habrá elecciones dentro de apenas nueve meses y todos los sondeos apuntan a la victoria de un amigo de Piñera, el gobernador José Serra.
Un último factor que refuerza al mandatario electo de Chile es la OEA. José Miguel Insulza, golpeado por lo de Honduras, sabe bien que el escenario latinoamericano está sufriendo un cambio importante y -por supuesto- que depende del visto bueno de Piñera para su reelección. Por allí Piñera también está blindado. Dicho esto, es bueno que Piñera juegue con inteligencia, no dejando que Chávez lo lleve a su terreno. En esto quizá hay dos lecciones interesantes que aprender. Una la dio, en todos estos años, Alvaro Uribe. La otra la dio Washington cuando Bush era presidente.
Uribe nunca respondió a Chávez directamente. En las contadas ocasiones en que su gobierno lo hizo, envió a un segundo a cumplir ese rol. Cuando se metió con Chávez fue por iniciativa de Bogotá, no en respuesta a Caracas. Y las más veces actuó sigilosa y silenciosamente contra Caracas, sorprendiendo a Chávez con golpes de mano que sólo después fueron puestos en evidencia como movidas de Bogotá.
En el caso de Washington, pueden reprochársele muchas cosas a la administración Bush, pero la línea que siguió Tom Shannon con Caracas en los últimos dos años fue hábil: consistió en ignorar sus bravatas mientras trataba de intensificar las relaciones con la centroizquierda y la centroderecha. Nada aislará más a Chávez que ver a Piñera, el flamante referente de la centroderecha latinoamericana, involucrado con los demás países sudamericanos y con la España de Zapatero.
Una última acotación: los ataques de Chávez ayudan a proyectar a Piñera internacionalmente. Ser criticado por Caracas apenas 72 horas después del triunfo es como recibir el certificado de demócrata liberal por parte de la comunidad latinoamericana. Hoy, Chávez tiene más enemigos que amigos dentro de su país y en el contexto continental, por lo que su declaración de guerra pone a Piñera en un papel que es en sí mismo un capital político importante.
Si Piñera mantiene la cabeza fría, fija sus propios tiempos y estrategia, sin permitir que sea Chávez quien se la fije y sin permitir que el calendario de su política internacional se lo ponga Caracas, tiene todas las de ganar.
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