La venta de casas en Cuba (I)
Por Jorge A. Sanguinetty
La noticia nos llega desde Londres por el Daily Mail y si usted tiene acceso a la Internet, puede verificarla en https://www.dailymail.co.uk/property/article-1194003/Cuba-throes-revolution–foreign-buyers-welcome.html. El autor del despacho es Graham Norwood y nos trae un anuncio sorprendente.
Traduzco del inglés: “casas privadas de vacaciones están en venta para compradores extranjeros por primera vez en 50 años”.
Lo extraordinario de la noticia es que, por regla general, los países que venden propiedades a los extranjeros no excluyen a sus ciudadanos ni de adquirir propiedades, ni de ganar suficientes ingresos para poder adquirirlas. De acuerdo con el reportaje, las propiedades que se venden tendrán un precio de unos 1,400 (mil cuatrocientos) dólares por metro cuadrado, de manera que una modesta casa de cien metros cuadrados costará unos 140,000 dólares por ahora, equivalente a lo que un cubano puede llegar a ganar en unos ¡686 (seiscientos ochenta y seis) años! Esta simple aritmética, estimando el equivalente de 17 (diecisiete) dólares al mes como salario promedio, mide la distancia que separa hoy al trabajador cubano de un nivel de vida decoroso.
Por otra parte hay que señalar que los arquitectos y los que diseñan estos conjuntos turísticos y urbanos también son extranjeros, lo cual no sería criticable si los profesionales cubanos en el giro de la arquitectura, el urbanismo y la construcción tuviesen las mismas oportunidades. ¿Para qué entonces el gobierno cubano alardea tanto de sus sistemas educativos universitarios si no emplea a sus graduados y profesionales? Seguramente los cubanos tendrán oportunidades de trabajar en la construcción de esas casas y clubs como peones y también podrán trabajar como sirvientes de los dueños extranjeros, pero éstas serían sus únicas oportunidades, más allá de las cuales no hay posibilidad de prosperar.
Y ¿de dónde vendrán los materiales de construcción necesarios y el resto del avituallamiento de las nuevas construcciones? Sin duda que algunos vendrán de la propia producción nacional, reduciendo la disponibilidad para las viviendas de los cubanos, mientras otras serán importadas, pagadas con la divisa que cobrará el gobierno de los compradores.
Todo esto muestra cómo Cuba se ha convertido en un país de compartimentos estancos, donde los cubanos que viven en ellos no tienen acceso ni al trabajo ni al consumo que se necesita en cualquier economía moderna, aún cuando sea pobre. Los cubanos han ido más allá de la pobreza, pues además de sus bajos niveles de producción y consumo, viven en la angustia sofocante de la incertidumbre, con el temor permanente de que cualquier cosa que hayan alcanzado hoy, por poco que sea, pueden perderla mañana. Ni siquiera la pobreza está garantizada en Cuba.
Mientras tanto el gobierno continúa tomando decisiones que van en detrimento de la ciudadanía, como si ésta no existiera. En alguna medida esto es cierto; la ciudadanía parece haber dejado de existir porque no ha sido capaz de protestar en gran escala, ni mostrar colectivamente su desacuerdo aunque sea pacíficamente con las políticas del gobierno. Como apunté en el artículo anterior, Cuba se ha ido degradando como nación y lo que ayer parecía una simple finca, hoy se asemeja más a una bodega, donde los once millones de seres que habitan la isla ni siquiera pueden operar como ciudadanos en el concepto moderno del término. Esto ha engendrado en muchos compatriotas una creencia generalizada de impotencia, lo que desemboca en una modorra colectiva, en una sensación de que todo está perdido, que el país no existe, que todo lo que queda por hacer es escapar al extranjero.
El problema es que aunque todos los cubanos quieran irse de la isla, tal éxodo no es posible y mientras mantengan la expectativa conjunta e irrealista de que podrán emigrar algún día, nadie hará nada por cambiar esta increíble situación. Algunos jóvenes parecen haberse dado cuenta de esto, pero no conocemos su proporción. En cualquier caso hay una cosa clara: Cuba cambiará cuando los cubanos decidan cambiarla, lo cual pudiera incluir a algunos que pertenecen hoy a la nomenclatura. Los cubanos deben comprender dos cosas: que la mayoría no podrá emigrar y que si no hacen algo colectivamente, los gobiernos de turno continuarán abusando de ellos.
Sabemos cuán difícil es para los cubanos en la isla organizarse ahora, después que el país cayó en la trampa del totalitarismo. Por eso es importante que ellos encuentren sus propios medios de lucha por su libertad. En el exilio debemos apoyar aquellas iniciativas en la isla que ayuden al país a evolucionar para que los cubanos ganen algún poder frente al gobierno actual.
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