Girón: Las causas de la derrota
Por Enrique Ros
Castro calificó a Girón como “La primera derrota del imperialismo”. Afirmación llamativa, a la que, en todos estos años el dictador cubano le ha sacado gran provecho, pero que, por supuesto, no se ajusta a la verdad histórica.
Girón no fue una derrota del “imperialismo”; fue el producto de la falta de visión y de coraje de un mandatario norteamericano que no supo prever el daño que, con sus fatídicas decisiones le infligía a Cuba, al continente y a su propia nación.
Una de las más severas críticas a la actuación del Presidente Kennedy durante la operación de Bahía de Cochinos fue expresada por el General Maxwell D. Taylor, antiguo jefe del Estado Mayor Conjunto del Ejército, que presidió la comisión que estudió las causas de aquel fracaso. La integridad del Gral. Taylor nadie la ha puesto en duda, pues todos coinciden en su honorabilidad como militar y funcionario público. De hecho, luego de su informe, el Presidente Kennedy lo nombró Jefe del Estado Mayor de todas las Fuerzas Armadas de la nación y, posteriormente, lo designó –en medio de aquel conflicto bélico- como embajador en Vietnam.
A varias conclusiones llegó la Comisión presidida por el General Taylor al analizar las causas de aquella derrota:
La inadecuada cobertura aérea del desembarco.
La ausencia de un plan alterno para convertir la Brigada en una fuerza guerrillera si era derrotada en las playas.
La falta de comprensión e incorrecta actitud de los altos funcionarios envueltos en la operación.
Inadecuada cobertura aérea
A la pequeña fuerza aérea de los brigadistas no se le permitió usar todo su poderío contra los aeropuertos de Castro en el ataque sorpresivo (de “político” lo calificó Taylor) de Abril 15, ni la utilización de los tres T-33 en los ataques previstos en la madrugada del desembarco. “Un ejemplo desafortunado de la impropia intervención civil en una operación militar sin una adecuada consulta con aquéllos responsabilizados con su éxito” manifestó el Gral. Taylor.
Ausencia de un plan alterno
De haberse considerado seriamente la posibilidad de convertir el desembarco anfibio en una lucha guerrillera esa alternativa tenía que haber sido eliminada cuando se desestimó Trinidad (cerca de la Sierra del Escambray) como sitio de desembarco. La comisión Taylor destaca estos errores:
“En ningún momento la Brigada, una vez que estuvo organizada, recibió entrenamiento para luchar como guerrilla. Sólo algunos de los primeros brigadistas recibieron entrenamiento de guerrilla”.
No se podía pre-planear la contingencia de operaciones guerrilleras debido a (palabras textuales del informe Taylor) “los problemas de seguridad que prohibían información previa (early briefing) a cualquier personal cubano sobre las circunstancias que podrían conducir a ese plan de contingencia”.
El General Taylor hace descansar en el Estado Mayor Conjunto parte de la responsabilidad en las deficiencias militares; pero, sobre todo, en las contradicciones, y la actitud, de muchos funcionarios superiores envueltos en la operación. El alto mando militar discutió el informe JCSM-44-61 que consideraba varios cursos de acción en grado ascendente de participación norteamericana. ¿Qué sucedió?. El Presidente deseaba que “ninguna pista o indicio de estas discusiones llegue a personal alguno ajeno a la Rama Ejecutiva” (Memorándum de McGeorge Bundy de enero 28, 1961).
Falta de comprensión
de los altos funcionarios
A unas horas del desembarco el Presidente Kennedy ha tomado una fatal decisión. McGeorge Bundy, Asistente Especial de Kennedy, le informa al General C.P. Cabell, y éste, horas después, al General Lyman Lemnitzer, Jefe del Estado Mayor Conjunto, que los ataques aéreos de D-Day (el día de la invasión) –que serían efectuados por los pilotos cubanos de la Brigada 2506- no se realizarían, “Supe de la cancelación de los ataques aéreos a las dos de la mañana del 17 de abril” (Gral. Lemnitzer, Reunión 17 de la Comisión Taylor, mayo 18, 1961). En aquella fatídica decisión, tomada por civiles sin asesoramiento militar alguno, también había participado Dean Rusk, el Secretario de Estado. En manos de estos débiles funcionarios carentes de visión, quedó sellado el destino de Cuba y, por extensión, de todo el continente.
Como vemos, por encima del heroísmo desplegado por la Brigada en Playa Larga, Playa Azul, Covadonga, San Blas y tantos sitios, la batalla de Girón se perdió en Washington, no en las playas cubanas.
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