Más vasectomías para menos subsidios a la pobreza
Por Juan David Escobar Valencia
El Colombiano, Medellín
“Es un hecho indiscutible que la asistencia y el bienestar de los pobres no pueden asegurarse de un modo permanente sin una cierta cooperación de su parte, o sin algún esfuerzo por parte de la legislatura, para regular el crecimiento numérico de los menesterosos” .
David Ricardo, 1817
“Si los alimentos no alcanzan para todos, un subsidio a los pobres, no puede aumentar su volumen, ya que lo único que puede traer consigo es el aumento de la cantidad de pobres, pero en ningún caso más riquezas”.
Thomas R. Malthus, 1798
En días anteriores fuimos testigos de las largas filas que se formaron para aspirar a los subsidios de nutrición y educación que ofrece el programa “Familias en Acción” para los niños de familias pertenecientes al nivel 1 del Sisbén, en condición de desplazamiento o de familias indígenas. No puedo negar que fueron múltiples y hasta encontrados los sentimientos que esas largas filas provocaron cada mañana al dirigirme al trabajo.
Por un lado no dejaba de ser un motivo de optimismo saber que existen instrumentos para asistir a los sectores de la población con menos oportunidades, especialmente si son niños. Que estemos en condiciones de prestar este tipo de auxilios, y sobre todo en momentos de crisis económica que afecta en mayor medida a los sectores de menores ingresos, es una muestra de que, a pesar de todo lo que nos falta por hacer, el país ha avanzado, como me lo recordaba en una charla de cafetería, lugar donde florece el conocimiento en las universidades, uno de los profesores más brillantes con quien tengo el privilegio de conversar y sobre todo aprender, Luis Guillermo Vélez Álvarez. Pero también me decía este lúcido economista, que él estaría más contento aún si por el contrario, tuvieran que darse cada vez menos subsidios, porque esa sería una señal indiscutible de que estamos progresando.
Y es que los subsidios a la pobreza son flores hermosas pero con espinas muy venenosas, como lo señalaban ya desde finales del siglo XVIII y comienzos del XIX en Inglaterra Malthus y Ricardo, cuando criticaban las “Leyes de Pobres”. Es difícil negar que en situaciones excepcionales, los subsidios a la pobreza sean necesarios siempre y cuando tengan la condición de temporales, no terminen agravando el problema que de buena fe pretendían resolver ni produzcan “pobres por ley”. Uno de esos efectos contraproducentes es el patrocinio a los irresponsables que deciden traer al mundo más hijos de los que pueden educar y que Colombia necesita.
Hace meses expresé en esta columna mi preocupación por los todavía altos niveles de natalidad en Colombia, especialmente entre las familias con menores recursos y oportunidades, y por la cobardía de la clase política de este país de asumir el tema del control demográfico, pues les resulta más fácil aliviar los síntomas que atacar las fuentes de los problemas. A pesar de los importantes avances en planificación familiar de las últimas décadas, lo que está pasando en las clases menos afortunadas es el reforzamiento, así sea con buenas intenciones, de un mecanismo de reproducción garantizada de la pobreza que terminará haciendo casi insignificantes los efectos positivos de esfuerzos que en otros campos hace la sociedad y el Estado en su conjunto.
Planteaba, y no soy original en nada de esto, que aunque nadie duda de los invaluables beneficios que por ejemplo han tenido las cajas de compensación familiar, el subsidio familiar debería ser solamente para los dos primeros hijos. Que el Estado se comprometa a garantizar educación y salud gratuita a los dos primeros hijos, pero que los que vengan después son responsabilidad de los insensatos que tienen el vicio de reproducirse más de lo que deben y aseguran la pobreza hereditaria.
Muchos seguidores de la producción hijícola sin restricciones dirán, ya sea por indolencia o porque nunca serán padres de familia, que no puede prohibírsele a nadie tener hijos. Pero quienes no creemos eso de que cada niño trae el pan debajo del brazo y que echarle más agua a la sopa no tiene efectos nefastos, tampoco tenemos por qué subsidiar a los irresponsables enemigos del bienestar colectivo que están sembrando pobreza con abono que pagamos todos.
¿Entonces por qué no pensar en favorecer a los responsables y desestimular a los inconscientes? ¿Por qué no privilegiar con la entrega de subsidios a quienes tengan hasta dos hijos? ¿Por qué no dar beneficios a las familias cuyos padres decidieron hacerse la vasectomía después de su segundo hijo, sabiendo que está incluida dentro del Plan Obligatorio de Salud? El programa de Familias en Acción condiciona el subsidio entregado “al cumplimiento de compromisos por parte de la familia. En educación, al garantizar la asistencia escolar de los menores y en salud, con la asistencia de los niños y niñas menores a las citas de control de crecimiento y desarrollo programadas”. Aplausos y muchos. ¿Pero si se exige la vasectomía a algunos sementales de la miseria no estaríamos más cerca al país que mi amigo Luis Guillermo y muchos soñamos?
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