“Mi mamá me jodió”…afortunadamente
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Por Juan David Escobar Valencia “La inadaptación a lo imperfecto es lo que mejora al hombre”, Antonio Gala Las cafeterías, casi más que los laboratorios, son los lugares de las universidades en los que se desarrolla el conocimiento, pues es allí donde se ponen a prueba y se enriquecen las ideas al ampliarse los puntos de vista, así uno almuerce siempre con los mismos. Almorzar con los colegas en la cafetería, en donde profesores y estudiantes se vuelven iguales a causa del hambre, es la oportunidad para ofrecer, y especialmente recibir, en pocas palabras, pues con la boca llena no pueden extenderse los discursos, la esencia del trabajo de las neuronas de los compañeros de mesa y la forma de enterarse, por falta de tiempo y de plata, de los libros que uno no podrá leerse en varias vidas, en caso de que existiese la reencarnación. |
En uno de esos almuerzos, con uno de los profesores que más admiro y respeto por su trabajo sin igual y brillante, Pablo José Jaramillo Estrada, surgió el tema que en el hipotético caso que nos interesara ser “personajes importantes, exitosos y notables”, según los cánones establecidos por la sociedad actual, estábamos tan mal preparados que fracasaríamos rotundamente y sin posibilidades de revancha.
Dijo Pablo en ese momento: “Es que mi mamá me jodió. Me educó para el mundo que no era”. Pero esto que parece inicialmente cruel y desagradecido, no fue una queja sino todo lo contrario, un motivo de orgullo que él hacía público.
Algunos tuvimos la fortuna, a pesar del alto precio que pagamos diariamente, que la mamá nos enseñara que lo que no es de uno no es de uno, que los frutos del trabajo duro y legal son mejores y más duraderos que aquellos que se logran por dudosos e ilegales atajos, así se engorden rápidamente las cuentas bancarias, que hacer el mal a los demás se devuelve, así uno encanezca en la espera, que hay que respetar a los mayores, que uno no puede ascender pisando a nadie, que hay que cumplir lo prometido, que la puntualidad no es falta de oficio, que hay que ser caballeroso con las mujeres y ayudar a los ancianos, que ser desagradecido es para los malditos, que hacer las cosas lo mejor posible y que el esfuerzo adicional no son signos de estupidez, que tener dinero no te hace mejor que nadie y no tenerlo no significa que no se tenga dignidad, que si más nos da la vida más responsabilidad tenemos de darle a otros, porque es mejor dar que recibir, que aprender a obedecer no te hace menos sino mejor, que sacrificarse por otro, así no se entere, no es castigo sino deber, que juzgar a los demás por su apariencia es para aquellos que solo ven con los ojos, que los éxitos de los demás deben ser motivo de alegría para uno y que no importe lo que pase, es mejor intentar y fracasar que nunca haber intentado.
Aunque ninguno de los dos comió postre ese día, Pablo porque su médico se lo tiene prohibido y yo porque la báscula no me lo permite, nos levantamos de la mesa con un delicioso y duradero saborcito dulce en la boca a hacer nuestro oficio, que no es dictar clase como algunos piensan, sino formar gente, conscientes que aunque estamos lejos de haber cumplido con todas estas tareas, las mamás de los dos nos hicieron el mejor regalo de todos, “no nos prepararon para este mundo”.
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