Paraguay: Los cambios vs. la “realidad” política
Por Marcos Cáceres Amarilla
Estamos en la etapa de la administración de Lugo en la que las lindas promesas de los ganadores durante la campaña electoral y las formuladas por los derrotados inmediatamente después de la elección dejan paso a la “realidad” política.
“¡Vamos a cambiar los vicios de la vieja práctica política!”, nos decían los nuevos oficialistas. “¡Vamos a apoyar las acciones positivas para el país y criticar lo malo”, nos decían los nuevos opositores.
Estamos descubriendo que el cambio que quieren hacer algunos liberales consiste en sacar a todos los colorados que puedan y poner a sus correligionarios. Y que la “ayuda” que quieren dar los colorados y oviedistas es a cambio de mantener todos los cargos que puedan y acceder a otros nuevos.
El presidente Fernando Lugo dijo, en una entrevista reciente, haber descubierto que los liberales son iguales a los colorados, revelación para la cual no le hacía falta, creo, tomarse la molestia de llegar a la Presidencia de la República. Habría que decir que algo los diferencia. Los colorados (al menos antes de la última interna) generalmente actuaban siempre en bloque una vez que tomaban una decisión política. En cambio, los liberales tienen la costumbre de no llegar nunca a un consenso, ni siquiera si esto fuera imprescindible para poder negociar con otros sectores. Es un rasgo que conservan desde que eran oposición y que suelen abandonar solamente por cortos periodos, que coinciden con alguna etapa electoral. Esta actitud les puede costar caro si es que los colorados logran en algún momento unirse y actuar nuevamente en bloque y aliados, por ejemplo, al oviedismo.
En las condiciones actuales es muy difícil que la promesa de cambio que hizo el nuevo gobierno pueda realizarse, al menos si depende de la voluntad de un sector importante de los partidos tradicionales. Es evidente que quienes deberían impulsar dichos cambios no tienen la intención de hacerlo o entienden el cambio de una manera particular que favorece sus intereses personales o de grupo.
Es paradójico que esos dirigentes denuncien la intención de Lugo de dejar de lado a los partidos políticos para gobernar y, al mismo tiempo, hagan todo lo posible para convencer a la ciudadanía de que lo único que quieren es seguir como antes, no cambiar nada y dedicarse a buscar poder, dinero y ventajas. Es decir, todo aquello contra lo que la ciudadanía votó el 20 de abril y que ahora parece tan lejano. ¿Lo habrán olvidado?
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