Chile: Hacia una redefinición del futuro
Por Fernando Ayala
El Mercurio
Chile perdió una oportunidad histórica a comienzos del siglo XX de haber dado un salto cualitativo al desarrollo si hubiese aprovechado las favorables condiciones que tuvo como resultado de la estabilidad política post independencia y de su victoria en la Guerra del Pacífico. Pasadas las celebraciones del primer centenario, el país se acercó a la anarquía entre los años 1920 y 1932, llegando a tener 20 jefes de Estado en 12 años.
Diferentes generaciones centraron sus esfuerzos en objetivos más allá de sus intereses inmediatos, permitiendo dar continuidad al desarrollo nacional. En la primera mitad del siglo XX se efectuó la primera modernización del Estado, que permitió la creación del Banco Central, de la Contraloría General de la República, la separación de la Iglesia del Estado, la ley de instrucción primaria obligatoria y la preocupación por la “cuestión social”, que darían origen a corrientes políticas de diversa inspiración.
El colapso económico mundial de 1929 y el agotamiento del ciclo del salitre provocaron una de las más serias crisis económicas y sociales de Chile. Esa fue la hora del Estado, que creó la Corfo, y a través de este organismo varias empresas públicas que traerían modernidad. Se adoptó como paradigma la sustitución de importaciones que cumplió una etapa en la historia nacional.
La última mitad del siglo XX tuvo una generación de políticos comprometidos en dar mayores oportunidades e igualdad. Se efectuó la reforma agraria, se nacionalizó el cobre, se modernizaron las políticas públicas en salud, educación y vivienda. En la región, el país fue líder de la integración a través del Pacto Andino. Se expandieron las relaciones diplomáticas y se abrió la embajada en la República Popular China, que sería el primer paso para la apertura hacia el Pacífico que vendría poco después.
No obstante, el sistema político basado en la Constitución de 1925, que había dado estabilidad política, no resistió el cruce de intereses ideológicos de todos los signos. Comenzaron a germinar las semillas de la guerra fría y el país se sumergió en una larga y cruel dictadura condenada urbi et orbi por el mundo civilizado. Sin embargo, produjo reformas económicas profundas que cambiaron el modelo de desarrollo orientándolo al exterior. Éste se consolidó con el retorno a las tradiciones democráticas y el ingreso de Chile al mundo global con una alta legitimidad, que le permite gozar del prestigio actual.
Hoy se requieren una vez más el talento y responsabilidad de mujeres y hombres de Estado que permitan redefinir los objetivos estratégicos de Chile para los próximos 50 años. Ello demanda la responsabilidad de los líderes y de los partidos políticos. El país debe definir su marco productivo y social. ¿Seremos una potencia agroalimentaria y turística? ¿Dejaremos que sean las “fuerzas del mercado” las que guíen nuestro destino?
¿Mantendremos las actuales diferencias en los niveles de ingreso? Es hora de redefinir el papel del Estado y avanzar hacia un nuevo concepto de sociedad de bienestar donde las empresas públicas tengan una mayor presencia en el desarrollo nacional.
En el plano externo es el momento de debatir respecto de las aspiraciones de la agenda de 13 puntos de Bolivia. Opiniones transversales señalan que está en nuestro interés que ese país vea cumplido sus deseos. Respecto a la integración regional, Chile debe actuar movido más por nuestros propios intereses que por posturas ideológicas desfasadas, que en nada ayudan a potenciar nuestra presencia en la región. Las cuantiosas inversiones de empresas chilenas en prácticamente todos los países de Sudamérica nos deben hacer ver desde otra perspectiva nuestra relaciones vecinales, lo que debiera movernos a usar el llamado “poder blando” de manera mucho más dinámica para compensar las aprensiones y suspicacias que a veces provoca en sectores de los países vecinos la presencia del capital chileno.
Chile requiere hoy de una verdadera reforma del Estado, que sea complementaria de las profundas transformaciones que ha vivido la sociedad chilena y de las cuales pareciera que no somos plenamente conscientes. Sin ella y sin la visión de los líderes y de los partidos políticos, las próximas generaciones lamentarán que hayamos fallado en proponer metas y objetivos que permitan dejar atrás el subdesarrollo.
El autor es Embajador Académico de la Universidad Diego Portales
- 28 de septiembre, 2026
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