Ricardo lagos: ¿Podrá reinventarse?
Por Juan Carlos Eichholz
El Mercurio
Treinta y dos por ciento: ésa es la cifra de rechazo que exhibe Ricardo Lagos en la última encuesta Mori, superando al resto de los posibles candidatos presidenciales, y en abierto contraste con el 70 por ciento de aprobación con que terminó su mandato.
La explicación más obvia está en el Transantiago, si asumimos que la gente ha entendido que el problema no estuvo sólo en su implementación, que se hizo en la actual administración, sino también en su etapa inicial. Sin embargo, esta aproximación podría quedarse corta, impidiéndonos ver fenómenos más profundos que están ocurriendo en el Chile de hoy.
Es interesante recordar a Winston Churchill, quien condujo muy exitosamente a Inglaterra durante la Segunda Guerra, siendo enaltecido por sus conciudadanos; los mismos que, sin embargo, le dieron la espalda cuando se presentó a la reelección en 1945. Es que los ingleses habían cambiado, porque los tiempos habían cambiado, y Churchill seguía siendo el mismo, en ese momento al menos.
Y Chile también ha cambiado, en aspectos más profundos que los visibles. Por de pronto, es finalmente un hecho que la transición se acabó, lo que marca el término de una larga etapa de nuestra historia marcada por las grandes gestas, por la épica. Como consecuencia, es esperable que los chilenos nos hayamos ido cansando de esos líderes carismáticos que marcaban el rumbo y encarnaban los ideales de una nación. Hoy la gente pareciera preocupada no de los grandes sueños, sino de otros más pequeños, los suyos propios, demandando del Estado algo más simple: que las cosas se hagan bien.
Pero, además, este “gobierno ciudadano” de Bachelet ha permitido que se exprese un fenómeno que venía incubándose en el último tiempo: los chilenos estamos dejando de creer que las autoridades son la fuente primaria de las soluciones. De hecho, estamos presenciando el fin de ese temor reverencial que en nuestra cultura se les tenía a las autoridades. Por el contrario, hoy queremos autoridades que nos escuchen, que dejen espacios de acción a los ciudadanos y que no se muestren infalibles, porque sabemos que no lo son. El proyecto “Educación 2020” es uno de muchos ejemplos notables de esta tendencia.
Lagos encarnó muy bien el ideal de gobernante de ese Chile de ayer: representó el heroísmo, en una época en que se requería de héroes, y dio las respuestas, en una época en que se exigía tenerlas. Pero, sin darnos mucha cuenta, estamos viviendo el lento emerger de un nuevo Chile. Y lo que antes eran las fortalezas de Lagos, hoy están pasando a ser sus debilidades. ¿Será capaz de reinventarse, como el propio Churchill hizo años después?
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