Las reformas reguladoras en América Latina
Por Marcela Sánchez
El Salvador
El tema de las reformas reguladoras no es particularmente excitante. Pero cuando se tiene en cuenta que reglas y regulaciones en lugares como América Latina pueden ser tan engorrosas que hasta un 90 por ciento de los empresarios optan por permanecer en la informalidad –y eso a su turno significa no tener cobertura de salud, escaso acceso a crédito, pobre seguridad laboral y limitadas contribuciones al fisco– las reformas reguladoras resultan más atractivas.
La buena noticia en el informe anual del Banco Mundial Doing Business 2009, emitido esta semana, es que la mayoría de las regiones en desarrollo alrededor del mundo están tratando de facilitar que empresas se establezcan, paguen impuestos y obtengan crédito. La mala noticia es que América Latina continúa rezagada. Como región es una de las que ha reformado menos en el mundo.
Europa Oriental y Asia Central se destacan como principales reformadoras. Según el informe, 26 de sus 28 países implementaron más del 25 por ciento del total de reformas mundiales. Entre tanto, sólo la mitad de los países en América Latina y el Caribe adoptaron algún tipo de reforma pro-empresa entre junio de 2007 y junio de 2008.
Catorce países latinoamericanos no hicieron nada para facilitar la operación de empresas, mientras que Bolivia y Venezuela adoptaron reformas específicas que la dificultan. Un complejo proceso de insolvencia es ahora la única opción con que cuentan las empresas bolivianas en dificultades, mientras que Venezuela ha reestablecido un impuesto a las transacciones financieras.
Desde 2003, el informe Doing Business ha hecho seguimiento a reformas que afectan a pequeñas y medianas empresas, tales como la reducción en el capital requerido para empezar un negocio, procedimientos para registrarse en línea u obtener un permiso de construcción. Durante estos años, los países de América Latina han mostrado un rendimiento inferior a pesar de que muchas reformas pueden alcanzarse con una simple orden ejecutiva y sin necesidad del Congreso.
Hay algunas excepciones significativas. Este año Colombia figura como el principal reformador de América Latina y uno de los 10 mejores del mundo por segundo año consecutivo. República Dominicana también ingresó a la lista de los 10 mejores, un logro notable para una nación del Caribe, donde la falta de acción en esta área ha sido la norma.
Si bien es difícil decir por qué un porcentaje tan alto de países de la región se resiste a reformar, dos de las autoras del informe, Sylvia Solf y Svetlana Bagaudinova, destacan que en las regiones más dinámicas existe una competencia sana entre países que quieren lucir mejor que el vecino y un deseo por aprender de las mejores prácticas de otros.
Muchos países de Europa Oriental están motivados por la posibilidad de entrar a la Unión Europea –no existe nada remotamente comparable en las Américas–. Con la excepción de Colombia, que estudió el modelo irlandés, y El Salvador y Guatemala, que enviaron funcionarios a Colombia, pocos países de la región han incluido en su agenda económica la necesidad de aprender de otras reformas pro empresa.
La escasez de reformadores en América Latina se debe tal vez también a que muchos países en la región no creen que las reformas sean urgentes. En particular, entre países ricos en materias primas la preocupación por mejorar el clima empresarial para pequeños y medianos negocios no es algo que requiera atención inmediata.
Ese podría ser fácilmente el caso de Azerbaiján, cuya economía depende en un 80 por ciento del gas y el petróleo. Pero este año figura como el principal reformador de regulaciones a favor de empresas. Según Bagaudinova, la ex república soviética ha empezado a diversificar su economía facilitando que otros negocios se establezcan y ojalá prosperen.
Pero no esperen ver a Bolivia, Ecuador y Venezuela, los países latinoamericanos con peor desempeño en América Latina, siguiendo el ejemplo de Azerbaiján y otros grandes reformadores.
En efecto, mientras la idea de un líder que promete hacerlo todo distinto está de moda de este lado del continente, América Latina podría beneficiarse de líderes más dispuestos a seguir los pasos de otros que han descollado por sus reformas. Al fin de cuentas, la región parece haber ganado poco de aquellos tan decididos a hacer las cosas distintas que han olvidado hacer las cosas mejor.
(c) 2008, Washington Post Writers Group. [email protected]
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