El costo de la dependencia financiera de Venezuela se hace cada vez más evidente
Por Emilio J. Cárdenas
Fundación Futuro Argentino
Para sorpresa mayúscula del Presidente del Brasil, Luiz Inácio “Lula” da Silva, su reciente viaje a la Argentina resultó de pronto “trilateral”, desde que a último momento, por decisión argentina, las reuniones en Buenos Aires incluyeron también a su competidor por el liderazgo regional: Hugo Chávez.
De esta manera la alicaída Cristina creyó que el “espaldarazo” externo que recibiría sería visible. Fenomenal. Preocupada por la fuerte caída de su popularidad generada por su des-manejo de la crisis con el sector rural y por el rechazo generalizado que ello generara, intentó primero mejorar su imagen con una conferencia de prensa que dejó al desnudo su falta de vocación por el diálogo y la transparencia. De allí la necesidad de obtener el endoso de quienes, Cristina cree, son los dos líderes “indiscutidos” de la región.
Por la necesidad de vender a Chávez 1.000 millones de dólares más de deuda argentina, esta vez a tasas insólitamente caras (pagaremos por esa emisión algo más del 15%), Cristina no puede dejar de adularlo, lo que no le cuesta demasiado porque comulga con él, ideológicamente. Y comparte su atracción por el narcisismo. Lo cierto es que, en rigor, está “atrapada” por la imposibilidad argentina de recurrir al mercado internacional de capitales para pedir dinero prestado, fruto de una renegociación de deuda externa que -lejos de haber sido el publicitado éxito que se pretende- ha terminado siendo una fea trampa para el país, profundizada por el manejo desleal de los índices que tienen que ver con el rendimiento de los cupones de los títulos de deuda, episodio que puede bien terminar eventualmente en acciones penales por fraude, de consecuencias impredecibles.
Todo lo cual, lejos de mostrar al mundo un país normal y en crecimiento, evidencia un país sometido a y dependiente de Venezuela, quizás por las convicciones de algunos.
Pero pedirle dinero a Chávez tiene sus riesgos y exige contraprestaciones. Néstor Kirchner lo sabe bien, desde que no hace mucho debió “transitar” por la selva colombiana al costado de Chávez, en un pretendido canje de rehenes de las FARC (que, secuestrados, eran evidencia de la violación más grosera de las Convenciones de Ginebra de 1949 por esa fuerza subversiva, de lo que nadie habla, seguramente por temor a los “rebotes” locales) para terminar en el conocido papelón internacional con que desgraciadamente culminara el episodio.
Ahora también lo sabe Cristina, que -devolviendo amabilidades a quien tuvo la osadía de llamar “oligarcas” a nuestros productores rurales- se comprometió a acompañarlo en un claro viaje político a Tarija, Bolivia, para apoyar allí a Evo Morales con motivo del llamado al reciente referendo revocatorio que sólo confirmó el “empate catastrófico” en que está empantanada Bolivia. Sin pensar, naturalmente, que esto es una intromisión inaceptable en los “asuntos internos” del país del norte. Porque los líderes de la izquierda radical latinoamericana creen que ese es un principio que solo juega a favor de ellos; nunca en contra.
Pero las cosas se complicaron y la población de Tarija (ciudad mayoritariamente opositora a Evo Morales, emplazada a unos 800 kilómetros al sur de La Paz) acudiendo masivamente al aeropuerto de la ciudad impidió -enfurecida- la llegada de Evo Morales y sus dos endosantes.
Advirtió rápidamente que la “excusa” del viaje de los dos presidentes visitantes era realmente insólita. Suscribir un contrato para hacer un mero “estudio de factibilidad” respecto de una planta separadora de líquidos (etano y gasolina y otros) que la Argentina pareciera va a financiar a Bolivia, mientras este país incumple notoriamente sus compromisos contractuales de entrega de gas natural a la Argentina. Hablamos, quede claro, no de un contrato para construirla. Ni de un contrato para financiarla. Solo de un “estudio” para definir su viabilidad. Nada del otro mundo. Una consultoría, apenas. Pero para hacer “ruido”, sirve. Para generar “auto-bombo”, también. Los tres mandatarios lo necesitaban. Y esa era la idea y el “pedido” de nuestro cada vez mayor acreedor: Chávez.
Lo grave del fallido periplo es “prestarse” fácilmente a violar el principio de “no intervención”. Y haber logrado que la población local apuntara su ira también contra la avanzada de la delegación argentina que estaba ya en Tarija, identificando a nuestro país con las propuestas de reforma constitucional disparatadas de Morales, que la mitad de los bolivianos rechaza abiertamente.
Esto es hacer el juego a otros. Presumiblemente por dependencia. No es poca cosa.
“Lula”, seguramente fastidiado, prefirió no mezclarse en este extraño viaje. Después de todo, Brasil, hablando como siempre en serio, ha comprometido algo importante, unos 1.800 millones de dólares para construir las carreteras que pronto conformarán el primer corredor bi-oceánico de nuestra región. Así se escribe la historia.
El autor es ex Embajador de la República Argentina ante las Naciones Unidas
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