Paraguay: ¿Quién echó al Partido Colorado?
Por Alcibiades González Delvalle
ABC Digital
Antes de que Fernando Lugo tumbara al Partido Colorado, el pasado 20 de abril, ya lo había hecho el general Alfredo Stroessner el 15 de agosto de 1954, cuando subió al poder como efecto del golpe del 4 de mayo.
En los primeros años de su gobierno, el dictador empleó su tiempo en descabezar, con rara crueldad, la Junta de Gobierno del Partido Colorado y sus organismos auxiliares. El Partido estaba dividido en “demócratas” y “guiones rojos”. En ambos movimientos militaban antiguos y prestigiosos políticos. Muy pronto el dictador implementó su proyecto de deshacerse de los colorados que pensaban por cuenta propia y además le habían ayudado a subir. El 30 de diciembre de 1955 destituyó a Epifanio Méndez Fleitas del Banco Central del Paraguay y luego, todo el año siguiente, haría lo mismo con los militares sospechosos de “epifanistas”. Se iniciaron los apresamientos, confinamientos y exilios. Esta situación continuaría, visiblemente acentuada, después de la “reunificación” del partido, el 10 de octubre de 1956.
En los años 1958 y 1959 se vigorizó la represión contra los colorados. El pretexto fue, primero, la huelga general decretada por la Confederación Paraguaya de Trabajadores (CPT), en agosto de 1958, como protesta por el salario que estaba congelado desde 1955. Pero había más: los obreros exigieron también la libertad sindical y el levantamiento del estado de sitio. Para la dictadura esto fue demasiado y arrasó la CPT junto con los colorados que la integraban. El organismo sindical pasó a depender del gobierno.
El segundo motivo fue, en mayo de 1959, la manifestación estudiantil contra la suba del pasaje. Previamente, un grupo de 17 dirigentes colorados pidió que la Junta de Gobierno solicitase a Stroessner el levantamiento del estado de sitio, una amnistía política amplia, libertad sindical, libertad de prensa. En su mensaje al Parlamento del 1 de abril de 1959, Stroessner anunció al país el levantamiento del estado de sitio.
Casi dos meses después, estalló la ira estudiantil, reprimida con ferocidad por la Policía de Ramón Duarte Vera. Los golpes llegaron al recinto parlamentario, donde muchos colorados hicieron escuchar su indignación por la nueva expresión de barbarie. Solicitaron la destitución de Duarte Vera. La respuesta de Stroessner fue el restablecimiento del estado de sitio –que nunca más abandonaría a su gobierno– y el desmantelamiento del Parlamento. Las mejores figuras del coloradismo fueron encarceladas, torturadas, exiliadas.
El Partido Colorado cayó del poder. Esta vez con dignidad, peleando contra un dictador que estaba dispuesto, como sea, a permanecer en el gobierno hasta morir.
A partir de aquí, Stroessner gobernó con la cáscara del coloradismo. Juntó a unos cuantos ambiciosos y obsecuentes a quienes vistió de rojo para seguir gobernando con el nombre del Partido Colorado al que había despojado de su doctrina dejándolo sin identidad.
No terminaría aquí la caída del coloradismo. La cáscara se partió en dos en agosto de 1987 cuando los “militantes stronistas hasta las últimas consecuencias” desalojaron a la fuerza de la Junta de Gobierno a quienes se hacían llamar “tradicionalistas”. Dos años después, el 3 de febrero de 1989, también los “militantes” fueron barridos. Por poco tiempo. Enseguida volverían a asomar el rostro con la boca llena de democracia.
No se tenga, entonces, a Fernando Lugo, ni a la Alianza Patriótica para el Cambio, como los responsables del descanso en la llanura del Partido Colorado. Definitivamente, el coloradismo cayó en 1959 de las manos tenebrosas de Alfredo Stroessner.
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