La lucha contra el absolutismo
Por Carlos Estarellas Velásquez
Desde Mi Trinchera
El rey Enrique IV de Francia, conocido con el sobrenombre del Galán de Verde Gabán, y famoso por su célebre frase “bien vale París una misa”, era un hombre de extraordinaria inteligencia y notable sensibilidad psicológica, lo que le permitió comprender la necesidad de reconocer la libertad de conciencia y que ninguna autoridad podía impedirla.
Esta idea que existían derechos propios del ser humano, si bien es cierto apareció entre muchos filósofos como Santo Tomás y otros toma un nuevo y extraordinario velo con los pensadores del iluminismo.
Para estos hombres era necesario anteponer frente a la omnipotencia del Estado Absoluto que se resumía en la frase de Luis XIV “El Estado soy yo”, una doctrina en la que se dejará perfectamente aclarado que en la esfera de los derechos del hombre existía una parte de ellos nacidos precisamente porque son hombres, derechos que ningún Monarca por absoluto que fuera estaba en capacidad de ignorar.
Dicho de otra manera, el iluminismo señala que ningún gobernante puede desconocer la existencia de derechos del hombre que no nacen de la organización estatal, sino de la condición humana.
Consecuencia del iluminismo, es la obra de Juan Jacobo Rosseau “el contrato social”, obra a la que se ha calificado de gigante y que popularizó el concepto iluminista. Es cierto que antes de Rosseau existieron escritores como Hobbes y Locke que ya hablaron de temas similares, pero se debe al talento de Rosseau él haber difundido exitosamente el mensaje.
Rosseau tiene el mérito de “haber comenzado desde el principio” y así, al momento de explicar el origen de la sociedad sostener que antes de existir está, los hombres eran libres y felices, y queriendo serlo más, se reunieron en asamblea, resignaron partes de sus derechos que se lo depositaron a la sociedad.
La teoría fue absolutamente revolucionaria para su época, y de ella se sacaron las siguientes consecuencias:
1 – Si el hombre era feliz y libre antes de existir la sociedad, y merced a un pacto, la formó, eso significa que la soberanía no radica en el Rey, al cual se lo llamaba soberano, sino en el pueblo. Si la soberanía radica en el pueblo, nadie se puede aprovechar de ella, y el pueblo puede pedir cuenta a los hombres administradores que han hecho mal uso del poder.
2 -Si los hombres formaron la sociedad con el fin de ser más felices, ello significa que todo gobierno o autoridad tiene la obligación de brindarle, por lo menos, una mínima dosis de felicidad. Los gobiernos no existen para perseguir, acosar, sino para ofrecer mejor calidad de vida.
La obra de Rosseau que puede tener inconsistencias históricas, ello no le resta la enorme influencia que generó. Para demostrar lo que decimos basta recordar que revolucionarios como Robespiere, Dantón, y Marat, prácticamente la tenían como libro de cabecera, y en ella encontraron el impulso que necesitaron para transformar la sociedad. La idea cruzó los mares y fue reconocida en las constituciones Estatales de Virginia, Maryland, y sobre todas las cosas en la Constitución Federal de los Estados Unidos, cuyo prólogo escrito por Tomás Jeffersón, señala que es verdad evidente, y que por lo mismo no necesita comprobación, que los hombres nacen y permanecen iguales ante la ley; que la soberanía radica en el pueblo y que en el pueblo y que el gobierno tenía que ser responsable de sus actos, y que existe una esfera de derechos que se deben a la condición humana.
Algunos estudiosos han criticado que en esta primera etapa los pensadores se detuvieran única y exclusivamente a hablar del Derecho a la Libertad, olvidándose de los Derechos Económicos, sin los cuales no existe una verdadera libertad política.
Tal crítica tiene razón, pero se olvidan alguno de estos críticos que la primera gran lucha era precisamente por conseguir la libertad política, que no existía por el simple hecho que de acuerdo al Absolutismo el rey era el soberano y poseía todos los poderes. Tan enormes eran estos, que para encarcelar a un francés solo se necesitaba una orden del Rey en la que se ponía “Es mi voluntad que X sea detenido en tal parte, y allí permanezca hasta que yo lo decida” Firmaba “Yo, El Rey”.
Por los motivos expuestos, no debemos de olvidar la lucha contra el absolutismo y el valor que tiene la libertad política. Asimismo impedir que cualquier persona no importando el cargo que posea se quiera convertir en rey o en un dictador en el Ecuador.
- 28 de septiembre, 2026
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