Guatemala: Contrabando de gasolina
Por Estuardo Zapeta
Siglo XXI
El sábado (19 de julio) recién pasado Siglo Veintiuno publicó una noticia acerca de unas 15 gasolineras que han cerrado porque sus ventas han caído entre el 50 y 60%, debido a que el contrabando de gasolina desde México les ha ganado la posición de venta.
Esa nota es una excelente ilustración de cómo funciona el contrabando, sus causas y las soluciones realistas para combatirlo.
El contrabando es una reacción económica a una decisión política. Me explico: la decisión de poner impuestos tan altos en un país (Guatemala) abre una oportunidad para quienes entienden cómo se da el comercio real, no el imaginado por entes gubernamentales. La oportunidad se abre cuando la simple observación demuestra que en otro lado (México) la gasolina está mucho más barata que aquí.
Si aquí el galón de gasolina vale Q37 y en México vale Q20, la puerta de oportunidad se ha abierto de par en par para el contrabandista, quien entiende que su chance está en ese 46% de diferencia de precio entre “un lado y el otro” de la frontera.
En México, alguien podría argumentar, no sólo son productores, sino que el combustible también está siendo subsidiado. Eso al contrabandista “le pela” totalmente. Él, o ella —porque la actividad contrabandista incluye un fuerte componente de “género”— sólo tiene la información principal (precio) para hacer su cálculo económico.
Curioso: el cálculo económico del contrabandista incluye la corrupción . . . la “mordida”, pues, ya que el contrabandista (tonto, no es) incluye ese “costo escondido” en el precio, el cual sigue siendo más bajo que el de Guatemala.
En Guatemala, para responder la otra pregunta de causalidad, el problema está en los altos impuestos. De hecho, para combatir el contrabando la solución está en la eliminación de esos altos impuestos, los cuales son el verdadero “negocio” del contrabandista.
Los impuestos no son una decisión económica. Esas cargas son una decisión política, y no me sorprendería que sean los mismos políticos los que, desde, digamos, el Congreso, mantengan las altas cargas tributarias, porque eso les permite entonces entrar, o por lo menos compartir, las jugosas ganancias del contrabando.
La única forma de combatir el contrabando es con medidas económicas, ya que es un problema económico, no político. ¿Y cómo se combate? Pues eliminando los altos impuestos que el combustible paga del lado de Guatemala.
Siglo Veintiuno, en la noticia citada arriba, daba cuenta de por lo menos 15 gasolineras que han cerrado.
A medida que el precio del combustible siga subiendo en Guatemala, el contrabando también crecerá, ya que el incentivo será mayor. Eso significa que se acelerará el cierre de más gasolineras en todo el país (ya no sólo en el área fronteriza con México).
La tentación de las autoridades para controlar el contrabando será una cuasi militarización de la frontera. Eso sería una insensatez y una visión poco estratégica del cual es el verdadero problema.
Además, luchar contra el contrabando con fuerzas de seguridad es “vestir un santo desvistiendo a otro”, ya que dejarían áreas poblacionales abiertas totalmente a la delincuencia.
El contrabando se combate eliminando impuestos, así, sin tanta politiquería.
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