¿UE apoya a los cubanos?
Editorial –
El Colombiano
Los observadores de las realidades sociales suelen decir, con gracia, que para comprender qué pasa en un lugar determinado no hay que mirar hacia allí sino hacia otro lado. Bien por aquello de que los contextos permiten comprender mejor los hechos o bien porque muchas de las cosas que ocurren en un sitio, son el reflejo de lo que está pasando en otro.
Este principio es perfectamente aplicable para comprender el momento e importancia de la decisión de la Unión Europea de poner fin a las sanciones diplomáticas a Cuba que se establecieron en 2003. El observador desprevenido lo primero que hará será fijar su atención en Cuba, bajo la presunción de que los europeos creen que en la Isla se están produciendo cambios importantes.
Salvo unos anuncios, más publicitarios que efectivos, en torno a mejorar la calidad de vida de los habitantes, como el hecho de permitir la venta de celulares y computadores o que los cubanos se puedan hospedar en hoteles antes reservados a turistas, no puede afirmarse que el presidente Raúl Castro, quien asumió en reemplazo de su hermano el pasado 24 de febrero, haya hecho algo significativo para fomentar la libertad y la democracia. La represión política continúa así haya cierta liberalidad en lo económico, como permitir el arriendo de tierras y la diferencia salarial.
Poco ha cambiado en cuanto a las principales características del régimen cubano, como por ejemplo, lo que tiene que ver con el respeto a los derechos humanos y la liberación de los prisioneros de conciencia, que fueron las causales de las sanciones que la UE impuso a Cuba hace cinco años, cuando se produjo la condena de 75 disidentes y la ejecución sumaria de tres personas que pretendían emigrar a Estados Unidos.
No parece entonces que la respuesta para el levantamiento de estas sanciones diplomáticas esté de este lado del mar y por eso la mirada se debe enfocar a lo que está pasando en la Unión Europea; ese conglomerado voluntario y pacífico de 27 naciones, con complejos y diversos intereses políticos y económicos.
Para empezar hay que señalar que las sanciones fueron levantadas por iniciativa de España, que se prepara para asumir la presidencia de la UE en 2010 con este problema resuelto en atención al gran número de empresarios españoles con intereses comerciales en Cuba. Es, pues, un espaldarazo a los inversionistas españoles.
Otro punto es que la UE siempre ha pregonado su interés en fomentar la democracia en antiguas colonias allende los mares, mientras en el seno de Europa hay radicalización en torno a un nuevo tratado de la Unión. Cuando los ciudadanos de Irlanda le han dicho No, los dirigentes europeos se niegan a reconocer su determinación. Es un No que pone a prueba el carácter abierto y democrático de la UE.
Y una tercera inquietud que surge de esta actitud de pregonar apertura en otros continentes, mientras Europa se manifiesta como una sociedad excluyente es: ¿qué tan dispuestos están los europeos a dar asilo en su territorio a los cubanos disidentes, o a cualquier cubano si lo tuvieran en la otra orilla, cuando precisamente se acaba de elevar a la categoría de delito la inmigración y se refuerzan los sentimientos xenofóbicos de los ciudadanos europeos? Por ello, dudamos que tal respaldo al régimen cubano implique realmente una disposición de apoyar a los cubanos.
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