¿Qué significa el “No” de Irlanda?
Por Carroll Ríos
Siglo XXI
El 53.8% de los ciudadanos irlandeses que participó en el referendo del 12 de junio rechazó el Tratado de Lisboa. Es un voto histórico por tres razones. Primero, la negativa viene de un pueblo pro-integración. Su admisión a la Unión Europea en 1973 tuvo un impacto simbólico y positivo en su gente, debido a su historia colonial: sentían que participaban con independencia en la región. Segundo, la campaña del SÍ gozaba de un presupuesto mayor y del apoyo de casi todas las élites. Tercero, únicamente Irlanda sometió la cuestión a consideración pública. Dado que los parlamentos están decidiendo en las demás naciones, los habitantes de dichos países veían a los irlandeses como portadores de su voz.
El NO debería constituir un significativo tropiezo para los intentos de reformar las reglas constitucionales de la Unión Europea. En el 2005, consultas en Francia y Holanda dieron al traste con la Constitución Europea, ya que se había establecido un requisito de unanimidad para su aprobación. Se transformó la constitución en tratado para allanar el camino; el Tratado de Lisboa está supuesto a entrar en vigencia en enero del 2009. Pero los políticos, incluyendo al Primer Ministro de Irlanda, quieren ignorar el mensaje irlandés. Tras conocer el resultado de la elección, se telefonearon unos a otros para reafirmar que el proceso de ratificación sigue adelante.
¿Por qué votaron NO los irlandeses? A Irlanda le tomó décadas salir de pobre. Atrevidas políticas a favor de la inversión extranjera, incluyendo drásticas reducciones a la tasa de varios impuestos, rindieron una asombrosa reactivación económica y aumentos a la recaudación fiscal. La homogeneización de tasas impositivas y más, propuesta por las autoridades de la UE, acabarían con esta ventaja. Además, muchos observadores ven al Tratado como un esfuerzo por el supra-gobierno de incrementar su cuota de poder en detrimento de los gobiernos nacionales.
En Europa se gesta un enfrentamiento novedoso: políticos versus ciudadanos. No es nueva la figura del político paternalista sabelotodo, cuya misión es salvarnos de nuestra banalidad. La novedad está en que los políticos de la Unión Europea (UE) operan en una estratósfera tan alejada de la opinión pública, que ésta los tiene sin cuidado.
En 1599, el sacerdote español Juan de Mariana escribió lo que debe ocurrir al rey vuelto tirano: “Si destruye al Estado…y desprecia las leyes de la tierra…si convierte en virtud la altanería, la audacia y la irreverencia contra el Cielo…si el Príncipe toma el Estado por la fuerza, sin derecho legal ni aprobación cívica y popular,…éste puede ser removido por cualquier medio y eliminado con cuanta violencia utilizó para asir el poder”. Las “Euro-élites” hacen contorsiones para guardar la apariencia de pacíficas y democráticas, pero sus excesos e intransigencia, ya alarmaron a los votantes. ¿Existe una solución aceptable?
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