Tres es un exceso
Por Lucy Nieto De Samper
El Tiempo, Bogotá
Muchos problemas sufre Colombia: miles de familias, víctimas del temblor, las inundaciones, los derrumbes, están en la miseria. La caída del dólar se ha llevado de calle a los exportadores y a quienes recibían ayuda económica de familiares expatriados. En salud, educación, empleo, agricultura, seguridad, estamos en saldo en rojo.
Si ha sido un alivio que ‘Tirofijo’ y los cabecillas de las Farc dados de baja por el Ejército no puedan seguir destruyendo, asesinando, secuestrando, no por eso la violencia disminuye. Mientras, en la selva agonizan tres mil secuestrados, cuya liberación, esperada a veces desde hace 12 años, sigue en veremos. Porque las Farc no se apiadan, ni dialogan. Y cualquier intento de rescate terminaría en masacre, como ocurrió con los diputados del Valle.
En política no es exagerado decir que es el caos. El Congreso, diezmado a causa de los ‘parapolíticos’, está semiparalizado. Las mayorías uribistas no cumplen su obligación de estudiar los proyectos. Y por cuenta propia o por orden superior, no van a las sesiones. Frente a la reforma política, la posición uribista fue escandalosa. Como dijo ayer El Nuevo Siglo, para eludir el debate, a la manera de Teodolindo, hicieron mutis por el foro. Así, de manera cobarde, hundieron la posibilidad de reformar nefastas costumbres políticas y de blindar el Congreso de ‘parapolíticos’. El temor de que el Gobierno perdiera allí la mayoría si aprobaban la “silla vacía” motivó el ausentismo. Así, se hundió la reforma. El senador Juan Fernando Cristo invitó a las exequias.
El rifirrafe entre las cortes y con el Presidente se mantiene. Y dice el comisionado Restrepo que una decisión de la Fiscalía dejó en el limbo la suerte de 19.000 desmovilizados. Estas y otras complicaciones que afectan la vida de los colombianos surgen por todas partes. Y cuando más se necesita que políticos y dirigentes conozcan, estudien y resuelvan cantidades de problemas, las mayorías uribistas, que suenan y truenan, con honrosas excepciones como las senadoras Marta Lucía Ramírez y Gina Parody, no se preocupan por el país, sino por asegurar su situación personal.
De ahí el afán de reelegir al presidente Uribe. Por segunda vez. Y fue el ex embajador Luis Guillermo Giraldo quien, de regreso de envidiables actividades diplomáticas, se apresuró a recoger firmas.
Como político desgastado del Viejo Caldas, para no quedarse cruzado de brazos, encabezó la campaña. Porque a Uribe quieren reelegirlo como sea. Aunque se desorganice otra vez el ordenamiento institucional y se atropelle la aspiración de quienes quieren llegar a la Presidencia de la República.
Viéndolo bien, los uribistas desean prolongar la presidencia de Uribe, más que todo para seguir degustando las mieles del poder.
Más que la personalidad y las obras del jefe, les atrae la popularidad que él registra en las encuestas. Y aprovechando esa popularidad, los partidos uribistas permanecen en escena, a pesar de la nefasta actividad ‘parapolítica’ de buena parte de sus miembros. Y esa permanencia podría ser indefinida si Uribe, enamorado del poder, se presta a ser reelegido. De seguro volverá a sacrificarse. Se siente seguro de ser el único capaz de manejar a Colombia. Y con los logros con su Política de Seguridad Democrática se siente imprescindible. Por eso no dice nada. Deja que impulsen su reelección, pasando por alto el escándalo sobre su reelección en el 2006.
Pero no debería olvidar que Yidis Medina y Teodolindo Avendaño, quienes con la supuesta compraventa del voto hicieron posible la reelección, están en la cárcel. Y Yidis, tras destapar esas intimidades y reconocer su culpa para obtener rebaja de pena, recibió de la Corte una dura sentencia: “Traicionó la confianza y el interés colectivo a cambio de dádivas (…), halagos y promesas burocráticas”. La condena por cohecho puede costarle ocho años de cárcel. Todavía no se ha ocupado la Corte de quienes “con dádivas, halagos y promesas”, habrían comprado el voto de congresistas venales. Luego, se avecina otro escándalo. Sobran los argumentos para archivar una reelección que muchos colombianos rechazan por antidemocrática.
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